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¿Un prefecto ganadero?

Miles y miles de imágenes y videos se han difundido en las últimas semanas evidenciando el ecocidio en las islas del río Parana. El reclamo constante al gobierno entrerriano forma parte de la agenda diaria, tanto de medios de comunicación locales como de una gran cantidad de rosarinos que se van sumando a través de las redes sociales. Los dardos van dirigidos específicamente al gobernador Gustavo Bordet, aunque también la justicia federal radicada en la provincia vecina es apuntada por ser cómplice de la devastación del humedal. Tanto el gobierno provincial santafesino como el Ejecutivo municipal de Rosario se intentaron mostrar activos en la lucha por frenar las quemas, pero la infructuosa tarea los ha dejado en una posición más incómoda que competente. En este marco caótico, las frases descabelladas se suceden al ritmo del humo. Principalmente las provenientes de los sectores que intentaron quitar el eje de la real problemática ecológica y productiva: el evidente corrimiento de las fronteras agroganaderas de la región. Por un lado, la ministra de Gobierno y Justicia de Entre Ríos, la cual adjudicó responsabilidad a los que hacen "turismo náutico los fines de semana". Es decir, la culpa es de los rosarinos que cruzan a pasar el día en el río. Este delirio, lejos de ser desestimado de plano por los comunicadores locales, fue utilizado como argumento válido a la hora de enfrentar hipótesis sobre el origen de la dantesca situación.

Isleños y referentes ecologistas reaccionaron con indignación ante estas teorías que se fueron replicando en un sector de la sociedad. Es que una gran mayoría de los amantes del Paraná pretenden lograr la aprobación de la Ley de Humedales, la cual alejaría la práctica intensiva de la ganadería. Este tipo de actividad es la que denuncian como verdadera causante de la quema indiscriminada, y modificarla sería tocar intereses económicos que no van de la mano con la preservación de la naturaleza. Pero la bronca no quedó sólo con los funcionarios entrerrianos. Muchos se preguntan si el jefe de Prefectura Naval Rosario tiene también algún tipo de doble intención: su nombre es Walter Rosende y acusó a los visitantes recreativos del "99,9 por ciento" de los focos ígneos. No es la primera vez que el prefecto emite este tipo de mensaje, ya en el verano le endilgaba a los kayakistas ser los causantes de los problemas de navegación que tiene el acaudalado río marrón. Lo curioso, es que el grupo especializado Albatros contradijo las palabras del jefe local de la fuerza. Al parecer, lo primero que destacaron al reconocer el territorio fue la evidente logística utilizada para generar cientos de focos de incendios simultáneamente. Los profesionales no dudaron de la intencionalidad en la propagación.

Sin embargo, algunos seguían distrayendo con la fábula del chinchulín rabioso y el carbón mal apagado. Mientras las tierras fiscales y privadas del Delta de Entre Ríos siguen abarrotadas de ganado, se escuchan declaraciones rimbombantes corriendo responsabilidades a cada una de las orillas. Desde los funcionarios que gestionan por Twitter, hasta los periodistas influencers que machacan contra “asadores piromaníacos”. Y, como siempre, los que honestamente quieren tomar el toro por las astas, no pueden. Porque las vaquitas son ajenas.

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