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Tatúa a jugadores de Central y Newell's y hasta conoció a Maradona: la historia del artista Luca Blas

Con 28 años, el tatuador rosarino tiene más de 70 mil seguidores en las redes sociales. Sus trabajos son aclamados por el mundo del fútbol y sueña dibujar la piel de su ídolo: el Chacho Coudet.

Hay un refrán que dice que en la zona sur de Rosario está lo mejor. Tal vez, quien escribió esas palabras lo hizo desde un lugar de pasión y fanatismo hacia un sector de la ciudad que vio nacer a talentosísimos personajes. Leonel Messi y el Kily González son hombres que se criaron en las calles de una zona mítica para la historia de Rosario. Luca Blas es un joven de 28 años que pateó las mismas cuadras y que conoce de cerca las raíces de esa tierra sureña que tantas alegrías y desgracias causó en el paso del tiempo.

Blas es un artista rosarino que hace más de 11 años que se dedica a los tatuajes y que logró convivir con los dos amores futbolísticos de la ciudad: Newell's y Central. No es poca cosa que en estos tiempos alguien que está tan identificado con un club, tenga el respeto y el cariño de la otra parcialidad. Es que su arte habla por sí solo, no necesita mediar palabras cuando la obra está a la vista. Tan buenos son sus trabajos que le permitieron meterse en el corazón de muchos jugadores. A tal punto que llegó a conocer a Diego Maradona.

Luca brindó a Versión Rosario unos minutos de su ajetreada agenda laboral para contar cómo es ser querido por el mundo de Rosario Central y de Newell´s. A continuación, la historia de un muchacho que, a través de los tataujes, logró el reconocimiento de todo Rosario.

- ¿Cuándo arrancaste a tatuar?

-A los 16 años. Con un grupo de amigos surgió la idea de tatuar. En esos tiempos ya hacía algunos grafitis y dibujaba mucho. Me acuerdo que con la banda tratábamos de ir consiguiendo pieza por pieza para armar una maquinita casera para tatuar. Pero no logramos usarla porque un día llegué a casa y le dije a mi viejo que quería dejar la escuela para empezar a tatuar. De repente él solo me miró y no me dijo más nada, al final del día me regaló una máquina china y me dijo: si lo vas a hacer, hacelo bien. Luego me dio algunos contactos del mundo del tatuaje para que yo vaya a aprender. Mi papá siempre me apoyó con el dibujo, es más, me han pasado dos cosas de chico con el dibujo.

Una vez a los 8 años, estaba con mi papá en un bar y yo de repente dibujé de perfil al dueño del bar. Este se acercó, vio el dibujo y felicitó a mi viejo. Nos regaló una coca para mí y una cerveza a mi viejo. Ese fue mi primer trabajo pago

Primero arranqué a tatuar a amigos, padres, tíos de amigos y conocidos y después nunca paré. A tres meses de haber arrancado a tatuar, llegó la oportunidad de hacerle el tatuaje a Mauro “El Gato” Formica (jugador de Newell's). Yo encima era re fanático de Central, pero mi abuela me había dicho que, si quería llegar lejos en la profesión, debía dejar las pasiones de lado. Y fue así. En la charla con el Gato, él me dijo que él también entendía que había que dejar la pasión de lado en ciertos ámbitos. Luego de tatuar un Mickey Mouse a Formica pasé a ser el más reconocido en el barrio y se corrió la voz. Esto fue en el 2009, encima el Gato venía de hacerle un gol a Central en un clásico. Después vino Sperdutti, que también jugaba en Newell’s.

“En tercer grado también me pasó un hecho particular con el dibujo: en la clase de ciencias naturales nos pidieron un trabajo y cuando la maestra Marta Brown vio el mío, se fue a la dirección y lo mandaron a llamar a mi papá. Yo pensé que me había metido en un lío, pero era para felicitarlo a mi viejo y para recomendarle que me mandara a una escuela de dibujo, que, si no podía pagar, mi propio colegio se encargaba de pagarlo. Terminé yendo solo unos meses a ese instituto, pero dejé porque no me gustaba la técnica que enseñaban”.

-Sos hincha de Central y no lo ocultas, ¿tuviste problemas a la hora de publicar trabajos realizados a jugadores de Newell’s en una ciudad como Rosario?

-En su momento un tatuador reconocido me mandó a decir que no tatúe a la gente de Newell´s y que me quede con la de Central. Yo me sorprendí porque es algo que no tiene sentido. Yo soy profesional y además siempre recuerdo lo que me decía mi abuela sobre las pasiones. He tatuado al Gato Formica, al Gordo Sperdutti, al Chinito Torres, a Franco Escobar, a Gabi Hachen, a Fabián Muñoz y en estos días al Tano Vella, con quien generé una gran relación y cuando pase la pandemia nos vamos a juntar a comer un asado.

-Con los jugadores de Central tenés una relación especial, ¿cómo se generó ese vínculo?

-Yo soy un agradecido a Dios, porque amo a Central y siempre deseé poder tener algún vínculo con el club. El primero que vino a tatuarse fue el delantero Rodrigo Migone que, hasta ese momento, había jugado solo un partido en la primera. A los meses, llegó al local Cachete Acuña, él ya estaba afianzado en primera, me acuerdo que el primero que le hice fue un tatuaje en referencia a su hija. Después vino Jonás Aguirre, que fue algo que me emocionó mucho porque yo lo admiraba como jugador.

Un amigo me había vendido la remera de Aguirre y después cuando el jugador vino al local yo se la hice firmar y le conté la historia de esa camiseta. A los pocos días, Jonás me mandó otra camiseta. No lo podía creer

Y luego de tatuarlo en el pecho a Jonás, comenzaron a llegar otros jugadores del plantel de Central como Nery Domínguez, el Monito Lo Celso, entre otros. Lo más loco que me pasó en ese momento fue cuando el Flaco Donatti luego de tatuarse me dijo que me iba a llevar a ver una práctica del equipo en el Gigante. Yo pensé que por ahí eso iba a pasar más adelante, pero a la semana una camioneta se paró en el frente del negocio y era el Flaco que me estaba apurando porque llegábamos tarde al entrenamiento, encima esto fue en la mejor época del Chacho, ese equipo fue lo mejor de Central que vi en mi vida.

El Flaco me hizo pasar a la práctica y fue emocionante estar en el vestuario con todos los jugadores. Entré a la cancha por el túnel con Franco Cervi, era un sueño cumplido para mí. Al poco tiempo también comencé a ir a las concentraciones a visitar a los muchachos

-Además de Central y Newell’s, en tus redes publicaste trabajos a otros jugadores del fútbol local, ¿cómo llegaste a esos futbolistas?

-El fútbol es un ambiente cerrado. Por ejemplo, con Pablo Mouche me pasó algo muy lindo. Yo tatuaba al paraguayo Víctor Ayala, que era compañero de él en Lanús, y Víctor siempre me cargaba con que era el primo de Mouche, por mi parecido. Y un día el propio Mouche me mandó un mensaje y me dijo que éramos iguales. Luego lo terminé tatuando.

-Esta es una ciudad “chica” donde todos se conocen con todos ¿Alguna vez tu popularidad en las redes te trajo algún conflicto?

-Me pasó más cuando comencé a salir a lugares públicos donde la gente ya comenzaba a verme con otros ojos porque por ahí empezaba a hacerme más conocido en las redes. A veces la gente se hacía una idea mía distinta a la que verdaderamente soy. Algunos pensaban que estaba agrandado por subir fotos con jugadores pero la verdad es que no es así, yo voy caminando por la calle y no te vas a dar cuenta de que estoy ahí. Una vez, en un boliche un loco se me acercó y me dijo que no tenía que publicar cosas de Central porque a los clientes no le iba a gustar, a lo que le dije que yo solo posteaba cosas de amor al club y que respetaba mucho al hincha leproso. La medida que tomé últimamente es no publicar fotos con los usuarios, solo de sus tatuajes, para no dar lugar a los insultos. Me pasó con un futbolista de Newell’s y eso no está bueno, porque no me gusta que se le falte el respeto a una persona que confió en uno para un tatuaje.

-En tus posteos se ve que los jugadores te regalan indumentaria, ¿cuáles son tus prendas favoritas de la colección que fuiste armando en estos años?

-Yo le doy mucho valor a estas cosas, tengo en un cuadro la 14 titular de Giovanni Lo Celso de cuando disputó los Juegos Olímpicos con la selección en 2016. También le tengo mucho cariño a una camiseta de Argentina que me regaló Joaquín Pereyra, cuando pasó por la sub-17. Además, guardo con mucho aprecio las cosas que me regala Fatu Brown, que es un amigo.

“Cuando vino Fatu a sacar turno me trajo un short de él y luego cuando se vino a tatuar me regaló su camiseta. Quedé sorprendido porque son gestos que no esperás. Sin ir más lejos, la última vez que lo tatué, como estaba en Rosario por la pandemia, no tenía ropa deportiva de Gimnasia pero me regaló una camiseta de entrenamiento del Toro Acuña, eso para mí no tiene precio”.

-¿Cuál es el tatuaje que más te piden los jugadores?

-Desde hace unos cuatro años que la manga se puso de moda. Una manga es un tatuaje que se extiende por todo el brazo, también está la bota, que es un diseño que se hace por debajo de la rodilla hasta el tobillo. Por lo general, la manga consiste en tres dibujos o ideas de dibujos, y yo me encargo de darle forma y de ver cómo poder ensamblar esos dibujos en la manga.

En mi computadora debo tener más de 60 mil diseños de tatuajes

-Meses atrás pudiste conocerlo a Diego Maradona, ¿cómo fue esa experiencia?

-Todo comenzó un día que estaba tatuando a Brown un comic de Bengi Price (personaje icónico de la serie animada Supercampeones). De golpe con Fatu nos ponemos a hablar de Maradona porque es inevitable no hablar de él y más si te está dirigiendo. Fatu me dio su teléfono, me pidió que le saque una foto a un muñeco de Maradona con la copa del mundo que yo tenía en el antiguo local. Luego le envió la foto a Diego y a los 20 minutos, respondió Diego posando con la copa. Yo no lo podía creer, a Maradona lo admiro porque mi viejo siempre me hablaba de él, mi papá habla de Maradona se pone a llorar. En un momento Fatu lo llama al Diego y luego me lo pasa. Lo primero que me salió decirle a Maradona fue, hola Diego te quiero conocer. Y fue ahí donde Diego rompe con los estereotipos de la gente, porque se puso a hablar como si nada conmigo, cuando tranquilamente me pudo haber saludado y listo. Sin embargo, comenzó a preguntarme por los tatuajes. De hecho, le dijo a Fatu que me lleve al predio de Gimnasia cuando pase lo de la pandemia.

-Si tenés que elegir una figura del fútbol, ¿a quién te gustaría tatuar?

-Mi deseo es tatuar al Chacho, para mí es el ídolo de Central y es lo más grande que hay. Me acuerdo que tenía 12 años y me quería teñir la cabeza de blanco como el Chacho. Es más, de todo lo que vi en mi vida, el equipo de Coudet fue de lo mejor en cancha. Yo estoy agradecido al equipo del Patón por la Copa Argentina, pero para mí el equipo del Chacho fue superior.

Antes de tatuar a Messi o Maradona, prefiero tatuar al Chacho y poder compartir un asado con él, podría estar horas escuchándolo

-Tenés más de 70 mil seguidores en Instagram, sos reconocido y querido por el ambiente del fútbol de la ciudad, ¿tomás conciencia de la popularidad que lograste?

-Ponele que hace uno o dos años me di cuenta. Yo me la pasaba encerrado, pero cuando comencé a salir, la gente me reconocía en la calle y me pedía fotos. Yo siempre pienso que la esencia de la persona es lo más importante. Nunca renegué de la popularidad, por así decirlo. Yo siento gratitud por parte de las personas.

A veces me pasa que la gente quiere que le firme el tatuaje y a la mayoría le digo que no. ¿Para que te voy a arruinar el trabajo con mi firma? Si ya tenés mi tatuaje

-¿Cuál fue el tatuaje que más tiempo te llevó?

-Una vez estuve 12 horas seguidas tatuando una manga al exjugador de Central, Marcos Figueroa. Había terminado la temporada y se tenía que ir de vacaciones al otro día, y estuve toda una jornada con él, fue terrible. Llegó a las 10 de la mañana y se terminó yendo a las 2 de la madrugada. Me acuerdo que al otro día me mandó un mensaje diciéndome que no daba más del dolor y que tenía fiebre. Era algo normal lo que le pasaba, porque el cuerpo no resiste más de 4 o 5 horas de trabajo con la aguja en la piel, porque es un tratamiento invasivo.

-Realizar un tatuaje debe ser un trabajo estresante porque estás dibujando sobre un papel en el que no podés borrar, ¿cómo manejas esa tensión?

-Yo siento mucha responsabilidad, por eso es que ahora los domingos me relajo y no toco el celular y así puedo desconectarme de la profesión, para arrancar la semana con más energía. Porque llegué a un punto en el que estaba todos los días pensando en los tatuajes. Además, siempre trato de involucrarme en el significado de los tatuajes, porque a veces son historias que ocultan mucho dolor. Puede venir una persona queriendo hacerse el diseño de un infinito, y por más popular que sea ese dibujo, para esa persona puede representar el papá o la mamá.

"Con los años llegué a analizar que las personas se tatúan en picos de emociones, o vienen cuando están excedentes de felicidad o cuando están pasando por momentos muy tristes de su vida".

Hoy, los tatuajes que se realizan llevan varias horas y es ahí donde el cliente se abre y comienza a contar su historia. Con la mayoría se genera una relación, la cual me gusta seguir después con mensajes o bien cuando vuelven a tatuarse, poder preguntarles por su vida. Son personas que, como uno, la pelean día a día. Lo bueno y lo malo te marca, y es ahí cuando vienen a tatuarse.

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