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Solo 25 grupos de entrenamiento en espacios públicos están habilitados

Ese es el número que registra el sitio de internet del municipio de Rosario. Por qué los deportistas los eligen cada vez más y qué hay que tener en cuenta antes de inscribirse en uno.

Los grupos de entrenamiento en espacios públicos proliferan en Rosario, fundamentalmente en primavera y verano cuando las temperaturas permiten hacer ejercicios al aire libre y hasta se torna más agradable que hacerlos dentro de un gimnasio. En Rosario hay 25 formalmente registrados y algunos de ellos con base en distintos puntos de la ciudad. Parques céntricos como el de las Colectividades, Independencia y Urquiza congregan a los grupos más numerosos, pero también los hay en Fisherton, Alberdi, Puerto Norte, Plaza Las Heras -en zona sur- o las Cuatro Plazas de Mendoza y Provincias Unidas, en la zona oeste.

Conitos de colores en el césped y banners identificatorios ya forman parte del paisaje urbano de estos parques, pero nada es tan simple como colocar algunas colchonetas o correr por los circuitos. Los grupos de entrenamiento que hacen uso de los espacios públicos deben estar registrados ante la Secretaría de Deporte Municipal y cumplir con algunos requisitos como cobertura de emergencias médicas, seguro de responsabilidad civil y botiquín de primeros auxilios. Además, el responsable del grupo debe ser un profesor de Educación Física y exigir a los usuarios certificado médico. Cada responsable deberá contar obligatoriamente con cursos de primeros auxilios y Resucitación Cardio Pulmonar (R.C.P.).

Chequeá el listado en el sitio oficial del Municipio: Grupos de entrenamiento físico recreativo en espacios públicos

La ordenanza que estableció esos requisitos fue aprobada en 2014 (N° 9.290), y para 2017 había ocho inscriptos, "luego fuimos recorriendo los parques y registrando", sostuvo el responsable del proyecto Práctica responsable del deporte del Municipio, Darío Pérez a Versión Rosario. En la página web del municipio está publicado el registro oficial, que actualmente cuenta con 25 grupos habilitados. Pérez aseguró que hay otro tanto en trámite. "Es una actividad fluctuante, algunos grupos se registraron y no se sostuvieron. Hay otros que inician el trámite pero no lo completan", explicó el funcionario.

Para el Municipio es muy difícil fiscalizar si la congregación de un puñado de deportistas en un parque es efectivamente un grupo organizado por el que el docente a cargo percibe un pago como contraprestación de sus servicios, pero remarcan que la importancia del registro está dada en que si no tienen seguros o cobertura médica corren graves riesgos. "La ordenanza solo prevé la instancia de registro, y nosotros hacemos seguimiento y acompañamiento. Sugerimos que se registren pero no hay instancia de sanción por las características de la actividad", reconoció Pérez.

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“Comencé a correr solo pero llegó un momento en que necesité que alguien me guíe para no lesionarme y avanzar en mis objetivos. Ahí decidí sumarme a un grupo de runners que me cruzaba siempre en el parque. Recomiendo entrenar con un profesor porque así uno regula los esfuerzos”, señaló Ezequiel a Versión Rosario.

Así como este joven son cientos los rosarinos que prefieren este tipo modalidad a la hora de hacer actividad física. Los motivos de esa elección varía según las diferentes historias de cada uno: hartazgo de espacios cerrados, sensación de libertad, más accesibles desde el punto de vista económico y tantos otros.

La economía juega

Mientras que la cuota que se paga en un gimnasio del centro no baja de los 1500 pesos, lo que se abona mensualmente en un grupo de entrenamiento está cerca a los 800 pesos. La cuestión económica para muchos es determinante. Hasta para los mismos profes, que encuentran en este tipo de emprendimiento una salida laboral. “La inversión para instalar un gimnasio no está al alcance de todos, por eso esta opción cada vez es más tenida en cuenta y muy conveniente para quienes quieren entrenar y no están dispuestos a pagar abonos excesivos”, dice Pablo, profesor de Educación Física y coordinador desde hace 6 años de un grupo en el Parque Independencia.

La naturaleza, más cerca

Hacer ejercicios al aire libre para muchos es una cuestión de desconexión. “Entrenar al aire libre me da la sensación de libertad, de conectar con la naturaleza”, dice Carla, quien desde hace dos años es parte de un grupo que entrena dos veces por semana en la zona del Monumento a la Bandera. Reconoce que, además, lo social tiene mucha importancia en su experiencia. “Entreno en un grupo que es totalmente femenino, hacemos runnig y funcional. Se organizan viajes para escalar cerros y vamos todas juntas a correr maratones. Es muy buen grupo, no hay competencia”, remarca la joven.

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Se suman otras ventajas como el cambio de paisaje, mejores condiciones de oxigenación, adaptación a condiciones climáticas y geográficas como desafío.

Para todos los gustos

Carla reconoció que los días que llueve no puede entrenar, lo que considera un punto en contra. Ese es uno de los motivos por los que Daniela, otra joven que desde hace 8 años va a un gimnasio céntrico, elige hacer actividad a puertas cerradas. “No me pierdo ninguna clase y valoro esa posibilidad ya que tengo un trabajo sedentario y necesito moverme”. Además, destaca la comodidad con la que cuentan los gimnasios, como climatización y vestuarios.

La lista de beneficios que trae realizar entrenamientos es interminable, tanto al aire libre como dentro de un espacio cerrado. Que se regule la actividad para evitar incidentes y malas prácticas es tan necesario como moverse.

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