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Sole Otero: "siento una especie de compulsión por contar cosas"

La editorial rosarina Szama Ediciones, especializada en comics, historietas y novelas gráficas, tiene un nuevo título: "Pangea". Su autora, Sole Otero, actualmente vive en Francia, en una ciudad declarada por la UNESCO como capital mundial de la historieta.

Szama ediciones es una editorial creada por el rosarino Juan Ángel Szama, que publica obras de artistas contemporáneos argentinos vinculados al universo del dibujo, el cómic, la historieta y la novela gráfica independiente y autogestiva. El catálogo es variado y de extrema calidad. Entre la multiplicidad de autores y autoras que edita se encuentra Sole Otero: diseñadora textil, narradora, dibujante, ilustradora. Y como dice la mini biografía en uno de sus libros titulado “Siempre es la misma historia”, es humana, modelo 1985. Editó novelas gráficas (Poncho Fue, Intensa), libros de humor gráfico (La pelusa de los días, el mencionado Siempre es la misma historia). Con Szama ediciones también publicó “La de las botas rojas”, en el 2015.

En estos días Sole Otero está viviendo en Europa. Específicamente en Angoulême, Francia, ciudad que la UNESCO declaró capital mundial de la historieta. “Es el lugar donde se hace una vez al año el festival más importante de historieta de Europa. Y es el lugar donde estoy haciendo una residencia en este momento y donde ya hice dos”, cuenta. En 2019 ganó el premio Fnac-salamandra y por eso está terminando su próxima novela gráfica, “Naftalina”. “Tiene que salir publicado en noviembre en España y en todos los países de habla hispana, por random house”, explica. Se reconoce como una trabajadora compulsiva, a quien no paran de surgirle ideas. Y son muchas. Por ejemplo:

Sigo con proyectos de historietas, con encargos en Domestika -comunidad creativa online- y algunos trabajos por encargo de ilustración. En estos momentos no tanto porque estoy muy metida con el libro, pero volveré cuando termine. En paralelo tengo el redibujado del libro infantil “Truz”. Tengo ganas de hacer una especie de saga o continuidad de tomos con esos personajes. Y estoy haciendo un corto sobre “Salita roja” que fue la primera tira que publiqué en mi blog. Bueno, es una historia muy pequeña que entraba en una tira, pero que decidí complejizarla un poco más y transformarla en un libro de unas 100 páginas que está casi terminado, pero justo gané el premio y lo tuve que dejar en pausa y ahora estoy esperando para terminar eso y poder ponerme con los otros dos. La idea es quedarme acá –Europa- y seguir trabajando con otros proyectos que tengo en la cabeza, escribiendo en mi mente y en mi celular, mientras voy terminando este libro. Tengo siempre muchas ganas de hacer muchas cosas, también de hacer una historieta muy corta, bordada. Porque bordar es otras de las cosas que me gusta muchísimo hacer. Tengo ganas de armar una muestra de bordados, con lo que ya tengo bordado y lo vengo acumulando hace un par de años y armar algo narrativo con el bordado. Tengo ganas de hacer un montón de cosas.

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-¿Cuánto hace que te dedicas a dibujar y escribir?

-No es algo que pueda medir exactamente, porque es algo que empecé a hacer muy gradualmente. Si contesto muy a raja tabla, la verdad es que empecé cuando tenía cuatro o cinco años (ríe). Me gustaba mucho leer, cuando era chiquita quería ser escritora. Leía bastantes historietas, pero más que nada leía literatura. Después tuve un período en la preadolescencia que me alejé de ambas cosas y cuando tenía quince años me volví a acercar a las historietas. Me volví lectora de manga y empecé a estudiar historieta, pero no lo consideré para nada una actividad seria hasta bastante tiempo después. Cuando estaba más o menos por la mitad de mi carrera universitaria me empecé a dedicar a ilustrar. Fue aumentando la cantidad de historietas que hacía y el modo en el que las publicaba. Primero en mi blog se volvió algo semanal. Después empecé a trabajar en “La pelusa de los días”. Después trabajé en “Poncho fue”, que fue mi primer libro. Lo de escribir fue progresivamente algo más importante dentro de mi vida; y dibujar, que lo era desde bastante tiempo, fue pasando un poco de ser el oficio que hacía por trabajo, a volverse el acompañamiento de lo que estaba escribiendo.

-¿Qué te produce hacer tu trabajo?

-Una sensación de alivio. Porque siento una especie de compulsión por contar cosas. Y encuentro que las historietas son la forma más fácil de contar esas cosas que quiero contar. Siempre quise escribir. Me gusta mucho analizar situaciones, quizás desde el punto de vista psicológico. Me gusta analizar las estructuras de género. Me gusta mucho escribir, y siempre se me están ocurriendo ideas. No me suele pasar, o me parece que nunca me pasó, que no tenga ninguna idea. Sí me cuesta, por ejemplo, cuando me piden una historieta corta, encontrar una idea para el tamaño que justo tenía. Pero siempre tengo proyectos, lo que pasa que cada uno me demanda un largo distinto. Entonces a veces cuando me piden algo específico por encargo me lleva un poco más de trabajo encontrar qué, pero en general es muy compulsivo. Encuentro lo que quiero contar y necesito hacerlo. Mi trabajo me resulta catártico todo el tiempo. También lúdico. A veces siento que estoy jugando y me estoy divirtiendo.

-Cuando es un trabajo por el que no recibís dinero ¿lo disfrutas igual?

-La mayor parte de lo que hago y lo que hice, no lo hago por el dinero. Porque mis libros, si bien me pagaron por hacerlos, la verdad es que los tenía hechos antes de que me paguen. Los hice porque yo quería, con la esperanza de que alguien los publicara. Pero siempre sin pensar demasiado en lo que me iban a pagar. Y de hecho me pagaron cantidades que no retribuyen para nada la cantidad de horas que tuve dedicadas a eso. Son cosas que hice muy para mí y en mi tiempo libre. La diferencia quizás la marqué con este último libro que estoy terminando, que por primera vez me pagaron más o menos lo que correspondía, porque gané un premio. La verdad es que las historietas son cosas que necesito hacer y que hasta ahora no me reditúan económicamente nada. Sigo viviendo de dar clases, de ilustrar, que son otras cosas que me gustan, pero bueno, la historieta me gusta muchísimo más porque la siento más vital para mí.

-¿Qué es lo que querés contar?

-A veces son cosas que me molestan, o estoy reflexionando desde el punto de vista filosófico, o psicológico. Me gusta mucho analizar los vínculos humanos, cómo son las relaciones, los vínculos sociales. A veces me gusta simplemente jugar. Las historietas para chicos que hice tienen referencias a cosas que me gustaba leer de chica, como Astérix o Dragon Ball. O los jueguitos de Nintendo como el Chrono Trigger que me encanta. Mezclo todo el interés que tengo en lo relacional y lo vinculo con ciertos géneros. Bueno, de ahí nace “Intensa”. De distintos géneros que me interesan, como la ciencia ficción o la fantasía. A veces no, y hago cosas directamente más realistas. También trabajé mucho sobre cuentos de hadas, entonces terminé haciendo esta mezcla de cosas íntimas y sociales y los cuentos de hadas en “Siempre la misma historia”. Así que mezclo muchas cosas de todos lados.

-En Pangea contás al comienzo cómo se fue gestando. ¿Te gusta que quienes lean sepan bien qué quisiste hacer o preferís la libre interpretación de tu obra?

-En este caso particular me gustaba que sepan cómo había surgido la historia, porque me pareció que tenía algo que ver con el contenido, la manera en la que la había hecho. Pero no escribí sobre lo que creo que significa la historia para mí. Solamente conté el proceso. Me gusta hablar del proceso, tenía ganas de escribir un epílogo para la próxima edición de ‘Poncho Fue’, pero me parece que no lo voy a hacer. Justamente porque prefiero que la gente interprete lo que quiera. A veces pasa que hay personas que interpretan cosas que están muy alejadas de lo que yo quería decir, pero también son el precio a pagar porque haya muchas otras personas que sí entienden más o menos para que lado estaba apuntando. Aprender a vivir con eso también ha sido parte de la experiencia de aprender a publicar libros y acostumbrarse a estas cosas.

-¿Qué vínculo tiene el cine con tu obra?

-Me gusta mucho como espectadora. No soy extremadamente cinéfila. Me comparo con amigos míos y con personas que sigo y la verdad es que no sé tanto de cine. Pero en relación a la media, sí puedo decir que soy cinéfila. Me gusta mucho el cine, y lo usé mucho para aprender a narrar con color, porque siento que se hace mucho más en el cine que en la historieta. Y siento que soy una especie de directora de mis propias películas. En vez de filmarlas, las hago en papel. Además, las historietas tienen otros recursos que son intrasladables al cine y me encantan. Quizás me hubiera gustado ser cineasta. Pero no tengo paciencia para trabajar en equipo. No soy muy buena trabajando en equipo por plazos muy largos. Me gusta armar las estructuras del equipo, pero no me gusta quedarme ahí mirando como siguen. Sé que soy buena para algunas cosas del trabajo en equipo, pero no con la continuidad, digamos. Entonces no sé si soy buena para el trabajo de cine. Me gusta tener el control de todos los aspectos de lo que estoy haciendo y en las historietas me parece que me va muchísimo mejor. Aparte tiene la parte de escritura más presente, que también me gusta mucho.

-Si bien hay patrones, no te cerrás a una temática en lo que querés contar. Y tampoco lo haces con tu estilo de dibujo. ¿Por qué se da eso?

-Yo siempre consideré un defecto estar cambiando de estilo, porque siempre admiré mucho eso de la gente que tenía un estilo sólido y fijo. Pero me pasa que voy encontrando estilos y al tiempo me aburro, no me puedo quedar quieta mucho tiempo. La verdad que si me quedara quieta en un estilo porque siento que ya encontré lo mío, me empezaría a angustiar un poco. Entonces hago cambios muy radicales, que también tienen que ver con los cambios radicales que hago en mi vida real: mudarme, cambiar de situaciones, de carrera, de vida. Siempre estoy haciendo cambios, entonces creo que ese cambio de estilo va acompañando un poco lo que yo soy y esa manera de aburrirme un poco del status quo y de la estabilidad. No sé, quizás sea un rasgo medio esquizofrénico, pero es lo que hay. Es lo que me gusta hacer.

-Luego de escribir “Poncho Fue” sentiste que te sacaste algo de encima, una inseguridad, que antes tenías y luego no. ¿Qué fue lo que pasó?

-En realidad fue algo que se fue dando más gradualmente durante los años que siguieron. Yo no estaba muy segura de qué era lo que quería en la vida y lo fui encontrando a través de las historietas. Me fui sintiendo una persona un poco más segura, que puede tener un poco más de autoridad para hablar de algunos temas. Antes no sabía muy bien qué estaba haciendo, ni para qué. Y ahora le encontré un poco más de sentido a eso. Lo cual no significa que sea una persona segura. Para nada. Sigo siendo un poco ese mismo personaje de “Poncho fue”. Tengo cierta habilidad para hacer cosas que antes no podía hacer, pero sigo teniendo cosas para solucionar en otros aspectos, seguro.

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-¿De qué estás segura ahora?

-Respecto al trabajo, ahora tengo menos miedo. Antes tenía miedo y pensaba primero qué iban a ver los demás; después si era capaz de hacerlo o no. Si era demasiado ridículo, si realmente era interesante. Ahora todas las obras las encaro pensando “esto es lo que a mí me gustaría leer o ver”. Entonces siento que desde ese punto de vista sí estoy más segura que antes. Más tranquila. No sé si fue a través de “Poncho Fue”, creo que fue algo gradual. Creo que “Intensa” tuvo mucho que ver con eso. Fue un libro que me daba mucho miedo publicar. Estuve a punto de no hacerlo porque tenía miedo de que lo que yo decía en el libro, cayera muy mal, que se interpretara mal. De hecho, hubo interpretaciones del estilo que yo estaba esperando. Pero al final fue un proceso de tomar coraje y decir “bueno, esto es lo que yo pienso. No puedo estar de acuerdo con todo el mundo”. Y también eso me dio seguridad. No fue solamente “Poncho fue”, fueron muchas cosas que se fueron acumulando para que yo me sintiera más segura y menos asustada de decir “esto soy yo, y al que no le gusta, no le gusta. Y chau”.

-¿Por qué te fuiste a Europa?

-Porque, si bien publico, no tengo muchas esperanzas de vivir de las historietas en Argentina. No sé si decir que me prestan más atención en España, porque tampoco quiero ser mal agradecida con la mucha atención que me prestan en Argentina, que es bastante. Pero mi carrera se estaba haciendo en paralelo en los dos países, y decidí pegar el salto de continente, porque también tengo ganas de publicar en Francia que es un mercado inmenso. A Buenos Aires en un momento la amé, y seguro la voy a volver a amar, no sé. Pero me estaba resultando agobiante y tenía ganas de vivir en una ciudad que no me resultara así. Este lugar a donde me vine a vivir tiene el tamaño perfecto para tener una vida social y al mismo tiempo poder concentrarme en trabajar, que es lo que en Buenos Aires no podía hacer. Estoy en Francia, en una ciudad pequeña que se llama Angoulême. Fue declarada el año pasado capital mundial de la historieta por la UNESCO. Es el lugar donde una vez al año se hace el festival más importante de historieta de Europa. Y es el lugar donde estoy haciendo una residencia en este momento y donde ya hice dos. Me dan un estudio para trabajar, en su momento me dieron un departamento y gracias a eso llegué acá a conocer y decidí que me quería venir a vivir acá.

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