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Detrás del disparo: un soldadito y un búnker

Un recorrido fotográfico que narra el acercamiento a un joven encargado de comercializar drogas y cuidar de un búnker.

¿Quién está detrás de lo que se percibe? ¿Quién deja entrever un fragmento de su realidad frente al lente?

Juan José García se dedica a ilustrar las noticias de gran cantidad de medios, entre los que se incluye Versión Rosario. Con cámara en mano recorre la ciudad buscando narrar historias a través de imágenes. Esta secuencia corresponde a una noche con un "soldadito", quien trabaja en un búnker en el que se comercializa cocaína y marihuana. Juan José enfoca y dispara.

Soldadito búnker fotos
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Las condiciones para publicar las fotos: no mostrar la cara del joven, que no se identifique el lugar en el que se encuentra y mostrar las imágenes previo a ser publicadas para que éstas sean autorizadas.

Buscando al fotografiado

Juan José comienza definiendo: "el soldadito responde a una orden y cuida un lugar". Cuenta que para poder sacarle fotos a "Pablo" (cuyo verdadero nombre no aparece en esta nota) tuvo que conversar con varias personas.

"Fui por unos amigos que tengo en varios barrios de la ciudad, quienes me llevaron con otra persona, con quienes tuve que acercarme a hablar cara a cara. No querían saber nada de WhatsApp, ni de hablar por teléfono. Le expliqué lo que quería hacer y me dijo que lo iba a consultar con alguien más. Fue así que me encontré con otra nueva persona", relata el fotógrafo, quien menciona que la mayoría de los encuentron se desarrollaron en estaciones de servicio. Finalmente, entre idas y vueltas, logró concretar el ansiado encuentro.

Ahora sí: dos horas en la vida

La cita fue a las doce de la noche en la esquina del casino City Certer Rosario. "Tuve que ir en un auto hasta el lugar y de ahí me llevaron en un 128 con vidrios polarizados hasta el búnker", relata Juan José.

Pablo trabaja en el lugar desde la medianoche hasta el día siguiente a las doce del mediodía. El búnker está cubierto de chapas. La puerta, también de chapa, cuenta con algunos orificios para intercambiar dinero y mercadería con los clientes. En el interior hay un baño y una mesa. Sobre ella, aquello que se vende y una ametralladora. Además de la ametralladora sobre la mesa, el soldadito tiene otras armas. Un revólver en la cintura y una pistola que lo acompañan durante toda la jornada.

Pablo debe mantenerse dentro del inmueble y estar atento a todo lo que lo rodea. Es por eso que el espacio en el cual trabaja es totalmente silencioso. En cualquier momento podría aparecer un patrullero o percibirse algún sonido por fuera de lo habitual.

Para amenizar el tiempo compartido Juan José quiso ser un buen invitado. "Llevé una coca de 2 litros que tome con el loco dentro del bunker", dice.

Juan José estuvo allí dentro apenas dos horas de las doce en las que el búnker cuenta con Pablo. Según pudo contabilizar, entre la 1 y las 3 de la mañana se acercaron a comprar al lugar "entre 10 y 12 autos, 30 y 35 motos y gente de a pie, un montón".

De barrios y soldaditos

¿Cuántos soldaditos, de cuántos barrios de Rosario harán una interminable jornada armados ante la posibilidad de aquello que podría desatar el sonido? ¿A qué peligros se exponen los jóvenes que habitan los márgenes de una ciudad que copa los titulares y las primicias con sus cuerpos descartables e intercambiables?

Tanta es la impotencia y el miedo que incluso esta nota no está siendo firmada. Quien la escribe, parte de la redacción de este medio desea que dejemos de homogeneizar las balaceras. Detrás de cada disparo hay una historia. En este caso, los disparos de una cámara cuentan la de Pablo.

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