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Seguir viviendo sin tu gestión

Uno de los principales desaciertos en los que caen los gobernantes al finalizar sus mandatos está dado por la propia sensación de indispensabilidad en la gestión pública. No es nuevo el argumento oficialista de intentar persuadir al electorado amenazando con el vacío de derechos adquiridos en el caso de no continuar en el poder. Llama la atención que muchas de la voces que ofrecen este relato a la vez se autodenominan republicanos, demócratas y todo adjetivo calificativo que les proyecten un futuro de bronce (o aunque sea de hormigón para evitar el robo de la aleación). El problema está dado en que lejos de ser consecuentes con ese imaginario en escultura terminan actuando de manera maniquea, enturbiando la transición lógica y necesaria que permite la alternancia. La tentación de verse figura inmortalizada es grande y, aunque no se sueñen ecuestres, son pocos los que se bajan del caballo.

A nivel nacional, provincial y municipal sentimos este rigor al ser “advertidos” a la hora de votar y de principalmente “cuidar” lo que podemos “perder”. Realmente no es una estrategia nueva y quizás luego de magras experiencias hasta podemos dar cierta razón. Pero las sociedades que progresan, lejos están de optar por el miedo paralizador para poder llegar a ser avanzadas, en todo caso llevan a un contrato social las gestiones exitosas y buscan corregir las defectuosas. Claro que para eso primero hay que reconocer los defectos y luego hacer cumplir los contratos, y aquí está la importancia de ejercer ciudadanía no solamente a la hora de ir a votar.

En nuestra provincia y particularmente en Rosario, el clima electoral estuvo marcado por ese aire denso del aviso permanente ante lo que dejaríamos de ser y tener. Sin embargo, el vecino no lo ponderó y (aunque con cierta continuidad) ya no seguirá un socialismo que seguramente aportó mucho a la identidad local, pero que en los últimos tiempos no encontró las respuestas necesarias para problemáticas cada vez más complejas. Seguridad, transporte, convivencia y orden son los reclamos permanentes que se escuchan en las barriadas rosarinas; las mismas que hicieron sentir su voto adverso a un oficialismo municipal que fidelizó su voto en las zonas más privilegiadas de la ciudad. Paradoja para un partido que en otras partes del globo es referente de la izquierda, pero que por estos lares se robusteció en los distritos con más recursos.

La oportunidad está dada en la transición, tanto para los que dejan como para los que asuman el poder. Santa Fe y Rosario como ejemplo de un traspaso maduro, responsable y de avanzada. Hacer respetar el contrato social de la salud pública, de las vanguardias culturales, los espacios públicos y los derechos laborales. Revertir la deficiente seguridad ciudadana, respetar y hacer valer las normas de convivencia, hacer asequible el transporte público pueden ser también metas plausibles. Omar Perotti y Pablo Javkin enfrentan estos desafíos, pero quienes los preceden también tienen la obligación de armonizar las salidas con cuentas claras y sin sorpresas. Ante el hastío de la sociedad con las trilladas grietas, será oportuno dar el salto de calidad institucional y dejar de lado el ruido a chicana cada vez más obscena. Quizás el que entienda que podemos vivir sin su gestión sea el merecedor del bronce.

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