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Se publicó Amar y diferir, el disco donde Barfeye encontró su zona de confort

El músico rosarino Barfeye no para de producir. Amar y diferir es su tercer disco del año, tiene once canciones e invitados locales. A la vez, comparte otros proyectos con otros artistas y ya planea el próximo lanzamiento. Quién está detrás de este proyecto musical.

El miércoles 18 de octubre del 2017, apenas un día después de que encontraran el cuerpo de Santiago Maldonado, y a casi dos años de que Mauricio Macri comenzara su gobierno al frente del país en el cargo de la presidencia de La Nación, el cielo de Rosario lloraba. Una tormenta increíble hostigaba la ciudad, fortaleciendo el sentimiento de día de mierda que se respiraba.

A pesar de toda esa oscuridad, en un bar ubicado en Callao y Güemes, donde había menos de diez personas, tres músicos de Rosario recreaban Behaviour, una obra maravillosa de los Pet Shop Boys, e iluminaban un poco el día. Eran Pablo Jubany, Charlie Egg, y Ramiro Hernández. Este último, un chico de 19 años que la rompió. Fue la primera vez que lo sentí nombrar.

Un tiempo después supe que lo llaman, o se hace llamar, Barfeye. Algunas personas lo mencionan como Barfelle y otras como Barfai. Canta en inglés y hace una música que se clasifica dentro del rock. De todo el universo del rock. Y es una máquina musical. Para ser más justo, un corazón musical. Está lleno de vida, tracciona todo el tiempo y bombea melodías, armonías e ideas cada vez que abre la boca, o piensa.

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Tiene 23 años recién cumplidos y hasta el año anterior cinco discos y algunos singles. Después del celebrado Ataraxia (último del 2019), el 2020 lo comenzó con la idea de grabar y publicar cinco discos. Llegó a grabarlos, pero, sin embargo, no va a lanzar esa cantidad. En el medio, esta vez sí como justicia poética, pasaron cosas. Pop music for sad people fue el nombre del material que tuvo lugar a comienzos de año, y luego le siguió Cómo capitalizar la tristeza, su primer trabajo en español. Es aquí, donde el artista encontró su zona de confort.

Me encontré en una posición re diferente a la que estaba acostumbrado. El público estaba entendiendo la lengua en la que yo hablaba directamente. Fue un proceso de sincerarse con uno, porque uno nunca va a decir en otra lengua lo que piensa en la lengua materna, y yo pienso en castellano. Si estoy en la bici y me putea un auto, no digo fuck off. Entonces nunca iba a poder arrimarme tanto a lo que me pasa, como hablando en el idioma en el que me pasa”, dice.

Entonces hizo ese disco, y se encontró con buena recepción, lo que le sorprendió. “Otros discos han tenido más comentarios, pero acá me decían cosas lindas gente que admiro mucho. Como capitalizar la tristeza me dejó en un lugar de comodidad. Y dije, bueno, quiero seguir por acá”.

Así dejó de lado los cuatro discos que tenía terminados, porque ya no se sentía identificado con eso que había producido, y nace Amar y diferir, su segundo producto en español. Al contrario de una tendencia (a veces absurda) que indica que hay que salir de la zona de confort, como si fuera un acto épico y glorioso, Barfeye reconoce: “Estoy contento porque encontré mi zona de confort”.

¿Por qué crees que generalmente se toma como virtud salir de la zona de confort?

Capaz que hay algún fetiche con la incomodidad, pero a mí no me había pasado lo de sentirme cómodo con mi obra. Si lo pensás no tiene cuerpo, ¿Por qué te irías de un lugar donde la estás pasando bien?

¿Y vos estabas buscando sentirte cómodo?

No, yo no tenía expectativa de nada. Yo hice el disco como hice cualquier otro, era mi sexto disco. Y me encontré con eso.

En Amar y diferir “también es la primera vez en donde un disco mío no es una declaración de estado de ánimo”, dice. Sin embargo, en la narración –casi heroica- de Teddy Wilson, la canción que abre el disco, el narrador se desgarra en un relato de desamor precioso. Aunque más adelante confiesa que solo hay dos cosas que lo motivan, “el amor y el desamor”, el que habla en esa canción, no necesariamente es Ramiro Hernández, claro. Es más, tal vez sea ese personaje que construye cada vez que sube a un taxi.

Tengo la costumbre de mentirle a los taxistas. Cuando me subo a un taxi invento alguna profesión y la sostengo y hablamos de eso. Fui científico del Conicet y gendarme, por ejemplo. Me pasó una vez que en Buenos Aires me tomé uno en retiro y cuando estaba en el medio de la ficción, por la radio suena una canción mía. Y yo no podía decir que era mía, ni podía escuchar que decían sobre el show al que me estaba llevando ese mismo taxi”, cuenta. Ese día, era un martes. Y lo vieron 350 personas en capital.

Estudió psicología y se declara fanático de Lacan, Freud y Foucault. También de Flema, los Ramones y Dolina. Confiesa que, a partir de hacer terapia, encontró un montón de cosas que decía en sus canciones, que no fueron voluntarias. Incluso a partir de un texto de la psicoanalista Alex Kohan sobre su disco anterior, también descubrió cosas en sus letras, que no había tenido en cuenta.

Toca todos los instrumentos de sus grabaciones, compone todas las canciones que publica, y en los discos de 2020 también es el encargado de la mezcla y masterización. Pero en Amar y diferir tiene invitados, a priori, disímiles. Juan Manuel Robles de la banda Gay Gay Guys en Entran dos tipos a un bar, Gladyson Panther, en De nuevo, Dani Díaz, en ‘La Libertad’, la banda Bad en Pipit Coral y Coki Debernardi en un rock and roll clásico y furioso titulado Sacerdotes encubiertos.

Respecto al rock and roll, cosa curiosa de encontrar hoy en los jóvenes, dice: “Soy amante del rock and roll, y del rock barrial. Tienen una crudeza que tal vez la elite, o el clasismo que se instaló en la música, no te lo dejan ver. El sesgo con el rock barrial, es clasista. ¿Explicame por qué a la gente que escucha Joy Division no le gusta los Redondos? Es que les molesta que el tipo que admiran, sea el mismo que admira un albañil”.

¿Por qué estos invitados?

Lo que quería que haya en este disco, justamente es diferencia en los invitados. Y no lo iba a lograr invitando a mis amigos. Si bien toda la gente que participa es gente que yo amo, es gente que amo y tenemos admiración mutua. Quería que haya una diferencia marcada, y cierta violencia propia entre las mezclas de invitados. Quería que aparezcan y quienes escuchan se pregunten ¿Qué hace este acá?”

Todos los discos que publicó tuvieron edición física en todos los formatos: vinilo, cd y cassette. “Es un acto kamikaze, que me salió bien. También es una apuesta. Si mañana colapsa internet se perderán un montón de documentos, pero yo no entro ahí”, argumenta. Y luego dice que es solo eso, sino que también tiene que ver con cómo él escucha la música. “La música que a mí me gusta, la tengo en discos. Este último mes escuché El Firulete de Julio Sosa”.

Más allá de eso tiene una buena cantidad de oyentes en Spotify, al punto de que la empresa generó (y le pagó por eso) un perfil propio con su obra. Allí en This is barfeye, Spotify dispone sus mejores éxitos, todos en una playlist. Y también existe ahí mismo Barfeye Radio, una lista con lo que sitúan como artistas similares.

A pesar de todo, cierra la charla diciendo: “Yo tengo una suerte enorme. Soy un privilegiado. Comí con toda la gente que admiro. Tengo una suerte estúpidamente grande. Y yo soy consciente de que soy un ladri. No es modestia, yo soy un ladri”.

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