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¿Sabían que en Rosario existe una Cinemateca?

El Centro Audiovisual Rosario tiene un espacio público que cuenta con un inventario de once mil archivos y otro tanto en proceso de calificación. Cualquier persona puede acercarse para consultar material. Hace unos días, se publicaron algunos archivos significativos que dan muestra del interés y valor que tiene el espacio.

Una Cinemateca es una organización dedicada a la colección, gestión, preservación y acceso de documentos y de patrimonio audiovisual. ¿Para qué sirve eso? Para muchas cosas. Un ejemplo sencillo, cotidiano: al comienzo de la cuarentena algunas series fueron furor. Entre esas, sin duda se anota The last dance, la historia de Michael Jordan y los Chicago Bulls. Uno de los principales elogios que consiguió era la cantidad de material de archivo que incluía y que es uno de los elementos que hace posible lograr un guion que genere todo lo que generan las novelas: tensión, misterio y emoción, por ejemplo. Permanentemente se sintió el murmullo: “acá, en Argentina, no podemos hacer nunca algo así, porque no existen registros de casi nada”.

Y es cierto que, si se compara al país con otras culturas, entre la falta de interés (casi histórica) en registrar por parte de autoridades de medios y compañías, sumado a todo lo que arrasó la dictadura militar, se hace muy difícil reconstruir historia con archivos sonoros y visuales. Existen algunas excepciones, claro. Pero a la larga, se copia de las grandes industrias lo más aburrido, como pueden ser las entregas de premios, y no la responsabilidad del registro.

Rosario, sinfonía urbana

En esa línea, el Día del Patrimonio Audiovisual -27 de octubre-, a través de las plataformas del Centro Audiovisual Rosario (CAR) se comenzaron a publicar archivos de video que contenían registros de actividades culturales que se desarrollaron en Rosario durante la década del noventa. Allí se pudo conocer un recital de la banda Stradivarius en el Anfiteatro fichado en 1992, el cumpleaños de la maestra y pedagoga Leticia Cossettini en el Museo Castagnino en 1994; y el mismo año, la distinción al grupo Les Luthiers como Huéspedes distinguidos de la ciudad. Las imágenes iban acompañadas del siguiente texto:

¿Porqué conservar documentos audiovisuales? Son documentos vivos, son parte de nuestra memoria colectiva y una valiosa fuente de conocimiento. Nuestra misión como Cinemateca es custodiarlos, interrogarlos y resignificarlos en comunidad.

Tan simple e importante como eso. Y no se trata de mirar el pasado, una cinemateca incluye el presente, para que se reconstruya en el futuro. Un registro de época de la historia reciente, también resulta significativo y necesario.

Por el Centro Audiovisual Rosario pasó de todo y en el medio de ese todo, algunos cambios de conceptos y por correlación, de nombres. Lo que se llamaba Festival de Video, en el 2016 paso a llamarse Festival de Cine. Y casi en paralelo, lo que se llamaba Videoteca, pasó a llamarse Cinemateca. Todavía suenan algunas risas cuando recuerdan que llamaban a las oficinas para pedir alquilar alguna película, producto de la confusión por el nombre.

Básicamente, una Cinemateca tiene como principal función, la preservación de archivos audiovisuales.

“A diferencia de ser un enorme cementerio, la cinemateca es una continuidad de la conciencia humana”, eso dijo alguna vez un ex director de la UNESCO, que también era poeta. Y lo reproduce Gustavo Escalante, trabajador del Centro Audiovisual Rosario, y un apasionado de la cultura general. Junto con Luciano Redigonda, a través del CAR, llevan adelante este espacio entre otras funciones.

Redigonda dice: “nosotros tenemos un concepto muy amplio sobre lo que es una Cinemateca, y le damos igual importancia al fílmico, sin relativizar el video u otros soportes. Los materiales de 30 años atrás ya son archivos históricos y son tecnología obsoleta porque no existe una casa de electrodomésticos que venda una video casetera para reproducir ese material”.

Teniendo en cuenta que esos soportes no van a resistir el paso del tiempo, es donde entra una de esas funciones principales, la de preservar el patrimonio. Por ejemplo, con una simple digitalización, más allá del mantenimiento de las cintas, su cuidado y reestructuración, se puede lograr. Es una de las acciones de la Cinemateca.

En ese sentido, Redigonda apunta que otras de las funciones de la Cinemateca es garantizar el acceso al material. Y aquí juega la digitalización que haría de ese material algo mucho más accesible. “Si vienen varias personas que necesitan ver un material que está en un VHS muy frágil, muy viejo, se hace muy difícil que se lo podamos dar. En cambio, si está bajado en una computadora, o volcado en una plataforma, hay una forma más sencilla de acceso”, dice.

Dentro de este contexto, por ejemplo, tienen 600 archivos en un formato que se llama U-matic, de los que no pueden todavía conocer su contenido porque el aparato reproductor está roto hace diez años y no consiguen que se arregle. ¡Vaya alguien a saber qué material contienen! Por lo que se vislumbra, para seguir adelante con el proyecto seriamente, más allá del compromiso de algunas personas, se requiere de un acompañamiento que forme una mínima infraestructura necesaria para poder “investigar, rescatar, preservar, cuidar y digitalizar”.

La principal fuente para proveerse de material es el actual Festival del Cine, que se lanzó en 1993 y pasó por algunas transformaciones. También de los festivales de Cine Una mirada Mayor y Ojo al piojo. Algunas pocas cosas que se compraron, otro tanto de donaciones, “pero también recibimos material hasta de filmaciones de familias, que también forman parte de un patrimonio cultural”, sienta Escalante, y agrega que “hubo un tiempo en el que el INCAA proveía de material de forma frecuente, porque éramos el único espacio a nivel nacional que hacía este trabajo”.

“Nosotros como Cinemateca, si bien recibimos y tenemos material internacional, nos especializamos en cine latinoamericano, y también cada vez más nos abocamos al rescate de la memoria audiovisual de la ciudad”, cuenta Redigonda. A propósito de esto, hay dos colecciones que están en proceso y quieren digitalizar, para después inventariar y catalogar. Una tiene que ver con 800 archivos VHS municipales, que van del año 1992 al 2003. “La verdad que son archivos únicos, material en bruto, de cámara, de todas las actividades culturales municipales de esos años, desde que arranca la gestión de Cavallero, hasta que termina la gestión de Binner”, completan.

“También como archivistas y preservadores audiovisuales, nosotros vamos a la búsqueda de material”, dice Escalante. “Por ejemplo, estos registros no fueron concebidos para hacer un documento. Fueron hechos o para un spot, o para control de gestión. Tienen una naturaleza completamente distinta de la que le queremos dar nosotros como archivistas”, enfatiza.

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