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Radiografía de los barrios populares rosarinos: "muchos vecinos no tenían ni DNI"

Camilo Scaglia, director provincial de Desarrollo Territorial, aseguró que la pandemia desnudó los padecimientos de las zonas más vulnerables de la ciudad. Desocupación e informalidad, patrones clave.

Así como Capital Federal tiene los “cien barrios porteños”, la ciudad de Rosario puede acuñar una nueva frase que la describa con sus “ciento veinte barrios populares”. Claro que lejos está de ser una frase pegadiza dentro de un vals que canta el recordado Alberto Castillo, aquí los números son reales y están relevados por el RENABAP (Registro Nacional de Barrios Populares) y supervisados por la Dirección Provincial de Desarrollo Territorial. Su titular en la región metropolitana de Rosario es Camilo Scaglia, quien fue secretario general de la Juventud Universitaria Peronista y previo a la función pública ya recorría parte de los distritos que ahora debe asistir. Ahora, dentro del área que funciona bajo la órbita del Ministerio de Desarrollo Social, su tarea está focalizada principalmente en acercar al Estado con las familias más afectadas por la crisis económica, ahora agravada por la emergencia sanitaria. En Contacto con Versión Rosario, Scaglia afirmó que la pandemia los obligó a “asistir domicilio por domicilio, puerta a puerta, con alimentos a cada uno de los vecinos”.

-¿Qué cambió en la estrategia que tenían a nivel territorial a raíz de la irrupción de la pandemia?

-En un principio cuando el Ministro de Desarrollo Social de la Nación se acercó a la Provincia de Santa Fe, para firmar la entrega de las tarjetas Alimentar, la idea era comenzar con la implementación provincial del Plan Argentina contra el Hambre. Luego, a mediados del mes de marzo, fue cuando el presidente decreta el aislamiento obligatorio y esto nos llevó a nuevas demandas, nuevas estrategias para enfrentar desde el gobierno provincial. Desde el primer día convocamos a organizaciones sociales y religiosas para afrontar la nueva tarea que nos desafiaba la pandemia.

-¿Qué permitió conocer la pandemia de las necesidades que tenía la población?

-En el caso de Rosario nos encontramos con una ciudad que tenía los mayores índices de desocupación a nivel país y eso repercute en todas las instancias sociales que luego se encuentran. Hoy en día podemos hablar de 120 barrios populares que están relevados por el RENABAP ( Registro Nacional de Barrios Populares) en Rosario con distintas complicaciones. Se dividen entre barrios populares, villas de emergencia y asentamientos que en los últimos años se han acrecentado en toda la circunferencia de la ciudad. Las características que tienen son diferentes, cada uno de los barrios tiene particularidades y muchas dificultades. La pandemia fue frenando algunos elementos para ir modificando estas situaciones y llevó al desarrollo de nuevas estrategias. Nos encontramos en un contexto en donde la ciudad había perdido el circuito económico que se tenía en marzo, tratando de asistir domicilio por domicilio, puerta a puerta, con alimentos a cada uno de los vecinos.

-¿Qué dificultades surgieron ante las diferentes situaciones que enfrentaron en cada uno de los barrios?

-Todo lo que tenga que ver con equiparar socialmente y llevar justicia social a cada uno de los vecinos es parte de los que estaremos fuertemente trabajando. Obviamente alineados con las políticas nacionales para con el territorio en la ciudad de Rosario. Una gran dificultad que nos hemos encontrado es que muchos de los vecinos ni siquiera tenían DNI o algo que les permita estar identificados y fue la limitación que encontramos para, por ejemplo, tramitar el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia). Muchos de los barrios de la ciudad, si bien era una población destinataria del beneficio, al no tener documentación les imposibilitaba el cobro del IFE. Partimos de la base que hay un montón de complejidades que van más allá del diseño urbanístico sino de la misma calidad de vida de las personas, eso es parte de un todo. Es una mirada integral lo que va a revertir la situación a mediano y largo plazo.

Una gran dificultad que nos hemos encontrado es que muchos de los vecinos ni siquiera tenían DNI o algo que les permita estar identificados...

-¿Se puede pensar a largo plazo en este contexto?

-Seguramente. Uno tiene la convicción que desde el Estado, y más allá de cualquier signo político, esta ardua tarea nos tiene que encontrar a todos afrontándola en su conjunto. Esta pandemia nos desbordó a nivel mundial, nos encontramos en un momento en donde uno no pensaba dar una asistencia alimentaria y menos domiciliaria. Pero el objetivo y las distintas dinámicas de tareas que veníamos planteando para el inicio de la gestión, si bien se postergaron algunos meses, eso no quita que no se va a hacer. De hecho estamos pronto a salir con el programa Santa Fe Más, un programa de inclusión socioproductiva para los jóvenes de la provincia. Es una manera de conformación de unidades productivas pero que en este momento de pandemia no nos permiten juntar a los chicos y las chicas. Estamos buscando nuevas estrategias para poder salir adelante con el programa y generar mayor inclusión.

-¿El programa Egresar tiende a cumplir ese rol compensador por parte del Estado?

En el programa Egresar, de acuerdo a los dispositivos que se tienen para los chicos y chicas sin cuidados parentales, lo que nos encontramos es que una vez cumplidos los 18 años el Estado dejaba de tener una presencia para esos jóvenes. Son jóvenes que tienen un montón de problemáticas y dificultades en el tránsito de su vida ya en la etapa de la adultez. Muchas veces son adultos siendo muy jóvenes, incluso tienen hijos a cargo. El programa Egresar, en conjunto con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, es un derecho adquirido para estos jóvenes que vienen de estos dispositivos de niñez donde el Estado le hace un acompañamiento económico para poder tener un tránsito a la vida adulta un poco mejor.

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