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Por altísimos precios de Funes y Roldán, asoman otras plazas en temporada

Los alquileres llegan hasta 120 mil pesos por mes. Por este motivo, muchos rosarinos eligen otras opciones como Pueblo Esther, Ibarlucea o Granadero Baigorria para instalarse en vacaciones.

Para rentar una casa de forma temporal en una zona residencial de Funes, con parque de 800 metros cuadrados, piscina y tres dormitorios hay que disponer de 120 mil pesos. A lo que se suman gastos de traslado, comida (muchos asados para los amigos que seguramente llegan de visita), servicios y esparcimiento.

En Roldán los precios son similares. Una casa con todas las comodidades, parque de 1000 metros cuadrados y pileta chica, 90 mil pesos.

Aunque vacacionar en Funes o Roldán es una tradición, en los últimos tiempos se está revirtiendo. Para los empresarios del sector no hay un solo factor por el que se da este viraje, sino que son múltiples: los precios desorbitantes (algunos hasta pueden verse publicados en dólares), la falta de mantenimiento de las propiedades (que solo se usan para dar en alquiler) y la “moda” de las actividades náuticas.

“Si bien la oferta es variada y atractiva y la demanda creciente, también es analítica”, reflexionó Pablo Porta, agente inmobiliario consultado por Versión Rosario. La tendencia que se dio en las últimas temporadas estivales, según el empresario, apunta la mirada sobre la costa del Paraná. Ciudades como Pueblo Esther, Arroyo Seco o Granadero Baigorria se anotan en la lista de opciones para alquilar de modo temporario. Comparten con Funes y Roldán el entorno de naturaleza, la tranquilidad de pueblo y la tentadora cercanía a la gran urbe, pero cuentan con el plus del acceso a playas del Paraná y bajadas para embarcaciones. Además de ofrecerse a un precio mucho más accesible para una familia de clase media.

Una casa en Pueblo Esther, por ejemplo, ubicada a dos cuadras del río, con tres dormitorios, cuatro baños, tres cocheras, piscina grande y 1200 metros de parque puede encontrarse en el mercado a 80 mil pesos por mes. Sin pileta, puede conseguirse hasta por 30 mil pesos.

Ibarlucea, Alvear y Ricardone, si bien no tienen río, presentan un pujante desarrollo inmobiliario de calidad que las ubica cada vez más arriba en el ranking de las localidades alternativas para vacacionar cerca. Parques, piscinas, árboles, naturaleza y comodidades extras parecen tentar a quienes, por distintos motivos, no viajan a la costa, a las sierras o al exterior en verano.

Características de las ofertas

“Generalmente se trata de inmuebles utilizados por sus dueños durante todo el año. Suelen estar en estado de conservación aceptable o bueno. No poseen grandes lujos, ni decoraciones, pero son lo suficientemente confortables y prácticos para pasar unas vacaciones familiares cerca del hogar habitual o del trabajo”, detalló Porta. Esta oferta de casas disponibles para locaciones temporarias suele, en muchos casos, definirse recién en los primeros días de diciembre. “La cartera de propiedades disponibles se completa cuando las vacaciones familiares se resuelven”, reveló el empresario, aunque reconoció que desde septiembre ya hay algunas dispuestas para ser ofrecidas.

Características de las demandas

Los motivos por los que eligen quedarse en los alrededores de Rosario varían en relación a las familias, sus obligaciones, circunstancias y posibilidades económicas. “Por lo general buscan un cambio de aire, alejarse de los ruidos y del ritmo de la gran ciudad”, relata el agente inmobiliario. Según su experiencia en el rubro, quienes se quedan aquí lo hacen por trabajo (uno de los integrantes de la familia viaja a diario a Rosario a trabajar y el otro se queda junto a los hijos en un entorno más relajado), por salud (por encontrarse en medio de un tratamiento que les requiere estar en Rosario una vez por semana, por ejemplo), por tener niños pequeños o adultos mayores que atender.

“Llegar de trabajar y meter los pies en la pileta mientras planeo el asado de la noche es impagable”, comentó Gabriel, quien desde hace dos años elige rentar una casa en Ibarlucea durante enero y febrero. “Desde que nacieron mis hijos, ir al mar nos resulta estresante porque hay que dedicarse a correr detrás de ellos. Estar acá, con parque, pileta y la posibilidad de que nuestra familia pueda venir los fines de semana nos permite descansar más y mejor”, agregó su esposa Silvana. Otro caso similar es el de Cinthia, quien tiene la posibilidad de trabajar a distancia en verano: “La primera vez que decidí pasar enero en Funes fue hace tres años. Hacía pocos meses que había empezado a trabajar en la empresa donde estoy y no tenía vacaciones, pero sí la posibilidad de trabajar desde casa. Entonces pude tener mis momentos de relax y aire libre combinado con el trabajo”.

Agarrarle el gustito

Existe un porcentaje de demanda de alquileres temporarios en verano como “primera experiencia” de vida en las afueras de la ciudad. Se busca, a modo de prueba, un cambio de vida. Aprovechando la temporada de verano, aquellas familias que piensan mudarse a vivir a otro lugar toman inmuebles en alquiler para evaluar y experimentar los cambios de ritmo, hábitos, rutinas y ambiente para luego tomar la decisión definitiva.

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