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Patovicas: entre la exclusión y las golpizas

El relato de una joven trapera rosarina vuelve a poner en escena el comportamiento de los patovicas en los boliches.

¿Cuál es el rol de los patovicas? ¿Cuáles son las directivas que cumplen? ¿Custodiar el ingreso y las instalaciones de los boliches para prevenir actos de violencia? ¿O seleccionar a aquellas personas dignas de formar parte de la hegemonía de la noche y actuar cual matones, atacando desmedidamente a quiénes se les antoje?

Este lunes la trapera rosarina Chulimane compartió en sus historias de Instagram una situación poco agradable que vivió este fin de semana en el complejo La Misión del Marinero. Según indicó la joven, no la dejaron ingresar al lugar con la excusa de que estaba “marcada”, algo que no terminó de comprender dado que no le brindaron ninguna explicación al respecto y se limitaron a ignorarla. Es por eso que debió quedarse afuera de la fiesta que había sido organizada por sus propios amigos, quienes la habían invitado a asistir.

Este mismo fin de semana, precisamente el sábado, patovicas del boliche Mikha Summer Club, ubicado en Arroyo Seco, golpearon ferozmente a un joven de 25 años dejándolo con movilidad reducida. Actualmente, se encuentra internado en el Samco de dicha localidad y deberá ser sometido a una cirugía estética. Según el relato de su familia, los patovicas fueron a buscarlo al baño acusándolo de consumir drogas y lo lastimaron de tal manera que quedó inconsciente en el suelo y debió ser hospitalizado.

El verano pasado en el boliche Bruto de Mar del Plata discriminaron a una turista tucumana de 24 años por su aspecto físico. Mientras esperaba para entrar en la fila, dejaron ingresar al resto de su grupo de amigas y a ella la dejaron afuera. Se excusaron con una variedad de motivos poco coherentes, ocultando la verdadera causa por la cual no le permitieron ingresar: su sobrepeso.

La muerte de Carlos "Bocacha" Orellano fue un terrible ejemplo del accionar más extremo por parte de patovicas y policías en un boliche. Ocurrido en Ming River a principios del 2020, conmocionó a la ciudad. No solo que lo golpearon entre varias personas, haciéndolo caer al río, sino que contaron con la complicidad de otros trabajadores del lugar.

El listado de ejemplos podría multiplicarse hasta el infinito. Es probable que la gran mayoría de quienes asistieron a algún boliche alguna vez hayan vivido en carne propia o hayan presenciado alguna situación del estilo. Gente que queda afuera sin motivo aparente mientras otras personas ingresan rápidamente al lugar, malos tratos, golpes entre varios patovicas a algún joven, criterios incoherentes a la hora de cobrar la entrada, espacios "vip", fotógrafos que solo apuntan a determinadas personas y tarjeteros que piden previamente fotos de mujeres para confirmar si son lo sufientemente llamativas como para acceder al sitio son solo algunas de las cuestiones que se repiten hasta el hartazgo.

En un principio, la solución podría ser la de dejar de ir a esos espacios. Sin embargo, con eso no alcanza. Visibilizar, denunciar y exigir que se tomen las medidas pertinentes será el puntapié para demostrar que la discriminación, los atropellos y las golpizas poco tienen que ver con el derecho de adminisón.

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