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No todo pasa

Llegó octubre y lejos está de revoluciones y mucho menos de alegrías. Septiembre se despidió con números obscenos de pobreza para nuestro país, mostrando que el 35,4% de la población vive en esa condición y que el 7,7% de los argentinos no tiene lo mínimo para comer. Números fríos que no terminan de evidenciar la tragedia social que existe detrás de esa estadística.

Este ruinoso panorama es parte del resultado de la gestión de Cambiemos luego de cuatro años. Curiosamente, el presidente que pedía ser juzgado por los niveles de pobreza pretende ahora ser testigo de una remontada electoral: “Ahora viene el crecimiento, el trabajo y la mejora en el salario” dijo Mauricio Macri en una de las tantas recorridas de campaña. La pregunta es ¿qué pasó antes?.

Como buen almacenero, el primer mandatario recorrió su gestión con un cartel fijado: “Hoy no se fía, mañana sí”. Siempre el futuro prometedor como meta de un arco cada vez más lejano y, en el mientras tanto, familias que se fueron sumando a los bolsones de marginados sociales. Trabajadores formales e informales con caída del poder adquisitivo y persianas que se fueron cerrando al ritmo del crecimiento de la desocupación. Pero el mensaje era claro, había que esperar hasta mañana.

El problema para el oficialismo detonó en las elecciones primarias: los clientes notaron que el cartel decía siempre lo mismo, y que para comer no se podía esperar más.

Con una estabilidad monetaria frágil, pero consensuada, avanza el camino hacia las elecciones generales. Mientras Alberto Fernández intenta mostrarse conciliador con sectores antagónicos a las ideas kirchneristas, Macri busca fidelizar sus votantes históricos para creer posible una reelección improbable. Sin olvidar su condición de empresario, el presidente recurre a la estrategia de marear con la multiplicidad de anuncios filtrando decretos de necesidad y urgencia que lesionan los derechos laborales tal como la baja en las indemnizaciones. El doble mostrador constantemente fue parte de una gestión que jamás llevó a foja cero los conflictos de intereses.

Es cierto que la desfachatez no tiene dueño ni filiación política y en tiempos de crisis cualquier exabrupto inmoral debería de ser suficiente para que una sociedad en ebullición reaccione. Los recursos siempre serán escasos cuando más de un tercio de los habitantes la están pasando muy mal, es parte de lo que deberán asimilar también gobernantes y empresarios que siguen ostentando el despilfarro como forma de vida. La emergencia alimentaria no es una ley, es una realidad.

Igualmente algunos continúan tensando la cuerda, nada los conmueve y atropellan como si nada sucediera, evadiendo gestos, impuestos y compatriotas. Sin embargo deberán estar alertas, la memoria se ejerce como tantas veces en el inconsciente colectivo nacional. El envilecimiento deja huellas, a veces no todo pasa.

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