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No hay tiempo de paz (y orden)

Sin llegar todavía al mes de gestión de Omar Perotti los balances son imposibles de conciliar. El vértigo de la crisis nacional y provincial son propensos a justificar cualquier medida, pero, al mismo tiempo, ponderar a una de las provincias más ricas del país en situación de emergencia hace tanto ruido como el de un patrullero que solo busca llegar a la cena más rápido. No obstante, los números mostraron un rojo crudo y la economía llegó fría como una pizza de heladera.

Claramente la seguridad fue el talón de Aquiles del socialismo en casi la totalidad de sus sucesivos mandatos, y en donde se puede hablar de alarmas reales para romper el vidrio con el martillo. Hasta ahora esa ruptura no se reflejó en acciones concretas que pueda palpar la sociedad, por el contrario, en menos de diez días doce homicidios marcaron la realidad del departamento Rosario en el comienzo del 2020 y las protestas por inseguridad llegaron, inclusive, a las puertas del domicilio del gobernador en Rafaela.

Las respuestas oficiales del Ministerio de Seguridad hicieron hincapié en la herencia recibida y hasta su titular, Marcelo Saín, formuló acusaciones directas a ex funcionarios ante las manifestaciones que sobrepasaron la línea de la intimidad de la familia Perotti. Este antecedente es muy complejo, más cuando el vecino ya no brinda una luna de miel que permita acomodar a ningún gobierno. El tiempo perdido en la transición se refleja en el colapso de muchas áreas, pero cuando hablamos de violencia y criminalidad estamos hablando de vidas que se van.

Los argumentos de ambos bandos están lanzados, y como diría Roberto Galán en estos tiempos de posverdad “se ha formado una grieta”. Socialismo y peronismo son las parejas más fuertes y parece que ninguno es propietario de la verdad, ambos alquilan su relato de acuerdo a las circunstancias. Si bien hay hechos concretos como el egoísmo legislativo que no permitió tener al Ejecutivo provincial su propio presupuesto, como también el letargo incomprensible del actual oficialismo para el traspaso de los diferentes ministerios. Miserias que se definen por puntos, y que terminan pagando los santafesinos.

Claro que todavía hay espacio para elegir una cita bíblica o una declaración de guerra. Hasta ahora las reacciones estuvieron más cercanas al Medio Oriente de las últimas horas que al del contado en las sagradas escrituras. Los misiles ya apuntaron y dispararon, las ráfagas fueron de misivas oprobiosas que lejos estuvieron de legitimar la palabra consenso. La pregunta es si alguien va a ofrecer la otra mejilla en algún momento. Quizás allí comience el tiempo de la paz y el orden que votaron la mayoría de los ciudadanos.

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