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¿Messi fracasado?: una paparruchada

La inminente salida de Messi del club que lo formó y educó como el gran deportista que es despertó todo tipo de opiniones. Algunas, las adversas, cuestionan su posición ante la desdicha de perder.

Cuestionar a Messi porque se quiere ir del Barcelona es injusto y desenfocado. Se emitieron todo tipo de opiniones enmarcadas en el fervor apasionado que provocó el contenido del mensaje de su fax hacia la dirigencia del club catalán, y desde allí surgieron algunas líneas polémicas. No es necesario aclarar que Messi es el mejor jugador de la etapa moderna del fútbol, como se expone en el texto titulado “Messi y la intolerancia al fracaso” publicado en este mismo medio. De hecho, esta innecesaria aclaración en la primera línea, tiene como método la funcionalidad propia de alguien que ataja, y no de alguien que gambetea. Porque la cosa funciona así: primero, una serie de dudosos elogios. Luego, un pero. ¿Messi no tiene peros? Claro que sí, de hecho, es humano, aunque no parezca. Pero, si hay algo que este humano de apellido Messi no gambetea, son los desafíos.

Luego de los “elogios”, como se advertía, llega la sentencia: “el actual 10 de la Selección Argentina ha demostrado en el último tiempo ser una persona que le ha escapado al fracaso de la peor manera, renunciandoescribió. Desde la base, es un planteo erróneo. Una persona que a los once años haya enfrentado el inconveniente físico que, supuestamente, le impedía desarrollar una carrera deportiva de elite a base de inyecciones que él mismo se aplicaba, y se mudó a otro país, arrastrando a parte de su familia y dejando atrás su barrio, sus amigos, su infancia, su abuela, apostando a un futuro en el que él creía –a pesar de tener una edad de desarrollo de gustos y opiniones- y que posteriormente logró, ¿es un fracasado?: no, todo lo contrario. Nadie que enfrenta desafíos, escapa al fracaso. Sin embargo, la opinión se ampara en la renuncia de Messi a la selección luego de haber quedado afuera del Mundial de Fútbol 2018.

El artículo de opinión continúa, empeñado, en demostrar su “fracaso”: “en ese ese año donde su renuncia a la albiceleste fue la noticia deportiva a nivel mundial, Messi mostraba su más humana reacción ante un tamaño suceso negativo por el que transitaba: perder, otra vez, un partido decisivo con los colores de su nación”. Precisamente, si es humano existen las posibilidades de perder. Una, y como aclara entre sugestivas comas, otra vez.

En cuanto a "la renuncia", el texto pretende demostrar que la historia se vuelve a repetir: “el astro del equipo Culé mandó una carta en la que dice querer irse del club. En otras palabras (ahora, prepárense, Messi necesita traductor), abandonar nuevamente el barco en un momento trágico, porque recordemos que el Barcelona viene de su peor eliminación en la historia, de la que Messi fue testigo presencial –acá, por fin, una crítica deportiva. Bienvenida sea-. Y luego, directamente, a los huesos: “Una vez más, la reacción parece mimetizarse con la tomada en su momento, escapar de la situación y no hacerse cargo del problema”. Es un despropósito monumental manifestar que Messi no se hace cargo de los problemas. En todo caso, se lo podría tildar de mal perdedor o cuestionarle que no sabe perder, o que no reacciona de la mejor manera cuando pierde. Cosa que, a la luz de los hechos, tampoco es real, porque no es la segunda vez que pierde, sino, la segunda vez que renuncia a algo que tiene que ver con el deporte que practica.

Pero más allá de todo esto, antes de que el jugador expresara la posibilidad de irse del Barcelona, ocurrieron algunos hechos que invitan a pensar que las cosas no son como parecen, como la manifiesta depuración del plantel actual, cosa con la que el capitán puede no estar de acuerdo, y marcharse si así lo desea y es posible. A saber, echan a Luis Suárez –además de ser la segunda estrella del plantel, es uno de sus mejores amigos- por teléfono. No solo eso, sino que también sacarían del club a Vidal y Rakitic. Para colmo, el DT que llega deja algunas dudas sobre cómo y que quiere de Messi. O sea, tampoco es como parece exponerse. De ninguna manera terminó el partido y salió Messi del vestuario y dijo “me voy”.

Todo parece estar sumido de definiciones previas sobre Messi y su relación con el fútbol. Las reacciones sin empatía no son novedosas, sino que están teñidas de premeditación, y juicios previos sobre el accionar del jugador. Definiciones que además están revestidas de un carácter agobiante de catolicismo explícito, cuando le reclaman a Messi que le debe al club algo, porque el Barcelona lo formó, y blah, blah, blah. Messi le dio todo al Barcelona. Antes de Messi, Barcelona tenía la mitad de los títulos que hoy ostenta. Messi no le debe nada a Barcelona, en todo caso, el club catalán debe agradecerle a Messi ser, hoy, uno de los tres clubes más grandes del mundo.

Messi no es un personaje salido de una película. Aunque parezca guionada, la vida que tiene, tuvo y tendrá, es de humano. Y los humanos y humanas toman decisiones que tiene que ver con la vida real. El resto, es ficción.

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