Judiciales / Policiales | Ataque a balazos | Marcos Guenchul

Marcos, el fútbol y una amistad que sana entre tanto dolor

El equipo de fútbol de Marcos Guenchul, el personal trainer asesinado en Mendoza y Sucre, juntó a los actuales y viejos integrantes para homenajear al amigo que falta. Su camiseta será enmarcada y entregada a su mamá.

Por Andrés Actis

Sólo quienes forjan amistades alrededor de una pelota de fútbol entienden el poder que esconde el ritual de juntarse todos los fines de semana, llueve, truene, hago frío o mil grados de calor, para salir a una cancha a fruncir los dientes y patear todos juntos par el mismo lado. Marcos Guenchul, el Mono como se lo conocía en el predio de la liga Afar, hacía un culto de esta costumbre. Con los botines puestos era un delantero picante, rápido, habilidoso y algo atorrante. "Le gustaba tirar caños cuando no había que tirarlo", cuentan con nostalgia sus compañeros de equipo. Sin los botines era un pibe imprescindible, de los que todo grupo de amigos necesita.

A Marcos lo asesinaron a sangre fría en Mendoza y Sucre. Pasaron diez días de un crimen tan absurdo como inexplicable. Desde Fiscalía dicen que "hay medidas en curso" y que la investigación es "compleja" por la falta de pistas. En el medio, en el mientras tanto, sus familiares y sus seres queridos intentan hacer un duelo que jamás imaginaron.

Sus amigos de La Fusión, el equipo de fútbol que integraba desde hace once años, decidieron recordarlo y homenajearlo con la misma alegría que él transmitía en cada partido. Se juntaron las tres generaciones del plantel. Los nuevos, los veinteañeros, y los más viejos, los que ya rozan los cuarenta, los que allá por el 2008 "fusionaron" dos equipos en uno. "Eramos dos grupos de pibes que veníamos jugando al fútbol 5 todos los miércoles. Surgió la idea de armar un equipo de siete y luego de once para competir en Afar, una de las principales ligas amateur de la ciudad. El Mono fue clave en este armado", recuerda Tomás De la Mata, otro de los históricos del equipo.

Después de despedirlo, de abrazarse todos en la sala velatoria, algunos de los integrantes del equipo propusieron una juntada entre todos los que que alguna vez se pusieron la camiseta de "LaFu".

"Todos se prendieron y la convocatoria terminó en un encuentro muy emotivo. Juntamos a 36 jugadores. Jugamos un partido y luego comimos un pollo al disco hasta las dos de la mañana. Recordamos todas las anécdotas que compartimos juntos y brindamos en su memoria", cuenta De la Mata. La camiseta del Mono quedará guardada en un cuadro. Su mamá pidió tenerla. Quiere atesorar ese pedazo de tela que tan feliz hizo a su hijo. Sus amigos cumplirán con el deseo. Saben que Marcos deja otro legado, el más importante, el que no se puede palpar: el culto a una amistad inquebrantable.

Dejá tu comentario