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Le dijo "miau" a Macri, lo echaron y su caso va la Corte Suprema

El caso ocurrió en julio de 2017 en La Rural. El diseñador gráfico Ariel Horton decidió maullarlo cuando el presidente Macri pasó por el stand de su empresa. La Cámara Laboral ratificó el despido. El expediente llegará al máximo tribunal de la Nación. 

Ariel Horton es diseñador gráfico y fue despedido por Interpublic, subcontratista de General Motors, el 21 de julio de 2017. Ese día, Maurico Macri visitó el pabellón principal de la Sociedad Rural Argentina en el marco del evento denominado Salón del Automóvil. Cuando el presidente pasó por el stand, Horton decidió maullarlo. “No lo quería agredir, pero tampoco iba a estar tranquilo conmigo mismo si dejaba que caminara como si nada pasara el responsable de un gobierno negacionista que habló del curro de los derecho humanos”, le dijo al diario Página/12. Su caso volvió a tomar estado público por la Cámara Laboral le dio la razón a la empresa que lo echó mediante la figura “pérdida de confianza” hacia el empleado.

En la sentencia se prioriza el respeto hacia la investidura presidencial por sobre la libertad de expresión y se considera el maullido un "hecho agraviante". A través de su abogado, Horton decidió presentarse ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación y si no obtiene el resultado que espera, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Horton es hijo de un desaparecido. La visita del presidente al lugar donde estaba trabajando ocurrió en el momento en que la Casa Rosada hablaba del "curro de los Derechos Humanos".

-¿Cómo estabas psicológicamente cuando te enteraste de que ibas a estar en un evento en el que te ibas a cruzar a Macri?, le preguntó Página 12

-Yo estaba movilizado por el hecho de tener que cruzarme con un tipo que discutía el número de desaparecidos, que hablaba del curro de los Derechos Humanos. Recordemos también que Elisa Carrió, miembro del gobierno, pedía prisión domiciliaria para los pobres viejitos genocidas. Era un combo. Y yo hacía relativamente poco tiempo había recibido el legajo “reparado” del laburo de mi viejo, que era ferroviario. En el legajo de su empresa hasta ese momento figuraba “abandono del puesto de trabajo” y en realidad lo secuestraron y hoy sigue desaparecido. Hay un papel que dice que le tendrían que haber mandado el telegrama de despido, pero no había plata en la caja chica. El papel anterior era la denuncia de mi mamá en la CONADEP. Leer cómo se trató la desaparición de mi viejo desde el punto de vista burocrático fue muy fuerte. Eso me pasó un par de meses antes de la visita de Macri al Salón del automóvil, de la que la que me enteré un par de días antes.

-¿Cómo fue que tomaste la decisión de decirle algo cuando pasara?

-En el momento, me pregunté si yo podía seguir viviendo tranquilo conmigo mismo quedándome callado mientras este tipo caminaba por ahí como si no pasara nada después de las cosas que dijo, después de las cosas que estaba haciendo, con una ministra de Seguridad como Patricia Bullrich. Si yo no decía aunque sea “Miau” no iba a vivir tranquilo.

-¿Y por qué te inclinaste por el “Miau”?

-Veo los casos posteriores: un tipo que se saca una foto con Macri mientras hace la ve, otro que le pide que haga algo porque se está muriendo de hambre, un intendente que le dijo “domador de reposeras”, una conductora de televisión que lo llamó “fracasado”. A mí me salió el Miau. Me pareció algo inocente. Sabía que iba a resonar en él sin la necesidad de insultarlo. Porque no lo insulté, no lo amenacé, pero quería marcar una línea. A Cristina le decían “yegua, puta, negra, montonera” y no pasaba nada. Esto es ridículo. Pero el significado del “miau” tiene mucho peso porque “gato” se llama en la cárcel al entregador, al facilitador, al dependiente del poder ajeno. En ese momento me salió eso y es lo que sigo pensando de él.

-¿Qué sentiste cuando ese día te invitaron a renunciar?

-Primero, sorpresa. No lo podía creer. En el momento me echaron del stand y a los 15 minutos ya me estaban llamando para increparme e invitarme a renunciar. Por suerte lo pensé y no lo hice. Y después me puse a pensar en la persona que hace que alguien pierda su trabajo por algo así. Y eso que en la empresa sabían que yo era hijo de desaparecidos.

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