Actualidad | Día de la Solidaridad | meritocracia

La solidaridad en tiempos de meritocracia.

En Argentina, se celebra cada 26 de agosto el "Día de la Solidaridad" en coincidencia con el natalicio de la Madre Teresa de Calcuta. En el resto del mundo, es el 31 de agosto el día elegido según convino la Asamblea General de Naciones Unidas del año 2005, fecha que se ajusta a la fundación del movimiento Solidarnosc, promovido por Lech Walesa, premio Nobel de la paz en el año 1983.

Ambas fecha intentan recordar que éste es uno de los valores fundamentales y universales en que deberían basarse las relaciones entre personas y pueblos. Sin embargo, como tantas otras proclamas internacionales realizadas por este organismo, sabemos que no tienen demasiada injerencia en la vida de las personas, sobre todo aquí en la periferia.

De alguna forma la modernidad, o lo que convencionalmente llamamos así, contaba con la idea de grandes relatos, aquellos proyectos universales en los que la condición humana era tenida en cuenta en modos solidarios, en los que se incluía a todos. Como ejemplos podemos pensar en los grandes proyectos emancipatorios de tinte comunista, con sus experiencias concretas en la Unión Soviética, Cuba, China, etc. y los discursos religiosos (antes de la fragmentación religiosa actual) que también tenían mucho peso e injerencia en las políticas y proyectos colectivos vigentes durante gran parte del siglo XX. En este contexto se pueden agregar también las políticas tendientes al Estado de bienestar, englobadas en un capitalismo de sesgo productivo.

El estado de situación en la actualidad es radicalmente diferente. Desde la década del 70 cuando las corporaciones toman a su cargo de modo directo las decisiones políticas y luego profundizándose con la caída del muro de Berlín en el año 89 (quedando el discurso capitalista sin una alternativa evidente que funcione como contraejemplo), actualmente los proyectos colectivos son dispersos, segregados entre sí. Esta es una de las victorias del capitalismo financiero, lograr que la grupalidad y las luchas sean cada vez más difíciles de organizar.

En este contexto, el triunfo siempre es individual. Al igual que el fracaso. Se bloquean los intentos de simbolizar los proyectos colectivos por un lado, y las consecuencias particulares de las decisiones macro políticas y macro económicas. ¿Qué quiere decir que esto se bloquea? Que hay una gran producción de material simbólico (películas, programas de radio y televisión, periódicos, libros de todos los estilos, escritos pseudo científicos, apps, etc.) que tienden insistentemente a hacernos creer que la respuesta está adentro nuestro: meditación, alimentación, pensamientos positivos, soltar, dejar el pasado atrás, hacer lo que nos hace realmente bien, no preocuparnos por lo que piensen los demás, etc. En ninguno de dichos discursos se piensa a la solidaridad como marco y límite del bienestar individual. Prácticamente te venden un manual para ganar al póker en el Titanic.

De ahí la llamada meritocracia: todo lo que tenés en tu vida (porque en definitiva somos lo que tenemos en el estado actual de cosas) es por mérito propio. Da lo mismo si naciste en San Isidro o en Puente Gallego, si tus padres se enriquecieron estatizando una deuda privada o salen a cartonear de lunes a lunes para parar la olla.

En este sentido, lo que llamamos producción de subjetividad (aquello que quieren hacer de nosotros) hoy en día está al servicio del individualismo, y comandada por las grandes corporaciones financieras, mediáticas, narcos, etc. La tarea de subjetivación que en siglos anteriores era sostenida principalmente por el Estado (vía escuela, familia, salud, etc.) hoy en día es tercerizada: quienes nos dicen permanentemente cómo tenemos que pensar, como nos tenemos que vestir, cuáles deben ser nuestros ideales, nuestros temores, en fin, nuestra ética, son los medios de comunicación, y las redes sociales.

El gran problema de todos estos discursos es que sostienen un grotesco intento, no sin consecuencias, de ensuciar a la política, de hacer que podamos pensar que la política no nos incumbe, que somos apolíticos, que los dirigentes son todos iguales, etc. Y con esta clase de pensamientos que circulan y construyen el sentido común, terminan ganando siempre los mismos.

¡All in!

Dejá tu comentario