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"La pandemia puso sobre la mesa los problemas estructurales de nuestra sociedad"

El politólogo Sebastián Artola reclamó a la dirigencia ser más sensible y comprometida para enfrentar las desigualdades.

Desde que en el 2003 se formó el Movimiento Martín Fierro, Sebastián Artola fue uno de los máximos referentes y principal articulador entre la militancia universitaria y las organizaciones barriales. En búsqueda de la tan pregonada, pero pocas veces lograda, unión y participación entre la academia con la cruda realidad social. Quizás por esos laboriosos comienzos, 10 años después logró encabezar la lista de concejales de Rosario para la Victoria, una de las primeras experiencias de kirchnerismo puro pero de diferentes cepas. Hoy desde su rol de docente de la UNR, y liderando la autogestiva Defensoría del Inquilino, su participación como dirigente se encuentra lejos de los cargos.

En diálogo con Versión Rosario Artola aseguró que la militancia política no tiene que estar motivada por la comodidad o el bolsillo sino por la convicción: “No sé cuántos pueden decir que hicieron política por tanto tiempo como nosotros sin ser funcionarios o vivir de la política".

-¿Cómo observaste la articulación política de los niveles del Estado para enfrentar a la pandemia?

Lo primero a decir es que la pandemia dejó en claro que los problemas de una sociedad se resuelven con más y mejor Estado, y no a través del mercado. En las malas o en las crisis, los mercados siempre se borran y buscan salvar sus propios intereses, o peor aún, como también vimos, especulan y tratan de hacer negocios con los padecimientos de la gente. Con esto quiero decir que con Macri como presidente esto hubiese sido una catástrofe sanitaria y social, recordemos que no teníamos ni Ministerio de Salud para enfrentar la pandemia. Esto nos debería dejar una enseñanza como sociedad en función de los desafíos que tenemos hacia futuro como país y como humanidad, diría. Lo segundo que quedó expuesto con la pandemia es la fragilidad de los Estados para dar respuesta a la sociedad, como resultado de décadas de políticas neoliberales de vaciamiento y privatización pero también como muestra de los límites en las transformaciones que se llevaron adelante durante los años de gobiernos populares. Algo de esto escribí en su momento: la pandemia hizo visible como pocas veces la realidad estructural de desigualdad de la sociedad argentina, realidad de la que el Estado no tenía ni idea. Fue obvio cuando se anunció que el IFE tendría una población estimada de beneficiarios de 3,5 millones de personas y terminaron siendo casi tres veces más. A esto se lo que se suma un funcionamiento demasiado anquilosado del Estado y la falta de herramientas para llegar a quienes lo necesitan. Algunas de las buenas decisiones o intenciones del presidente (que, todo bien, podemos discutir si eran las mejores, si fueron suficientes o no) terminaban llegando tarde, llegando mal o ni siquiera llegando. Por supuesto que acá juega también los “funcionarios que no funcionan” y los ministerios ausentes (que los vimos en todos los niveles del Estado). Sobre todo en las áreas más sensibles, las que tiene que ver con la realidad y las necesidades más urgentes de la gente. En un gobierno popular es inaceptable que pase esto. En este sentido, algo que también dejó en evidencia la pandemia es una dirigencia política promedio que no está a la altura de lo que exigen estos tiempos. Volviendo más urgente el desafío de una dirigencia política más sensible, comprometida, que haga política por convicción y no por el bolsillo o la comodidad que le da una oficina y un chofer.

-¿Fue mejor a nivel local y provincial que a nivel nacional?

En líneas generales hubo una voluntad de coordinación, más allá de las diferencias que pudo haber en función de quien gobierna cada nivel de Estado, pero me parece que la cuestión principal que nos deja todo esto es el desafío de transformar y replantear de manera estructural el funcionamiento del Estado, desde un punto de vista democrático, con otro vínculo con la sociedad y otra presencia en el territorio. Los problemas y las dificultades que hubo tienen que ver con esto. Insisto en que veo una lógica estatal, por momentos, demasiado distante o pasiva frente a la realidad y demasiado impotente o complaciente frente al mercado. Pero claramente en esta idea de la construcción de un nuevo Estado, es imprescindible una mejor articulación entre los tres niveles del Estado como también un mejor diálogo y articulación interinstitucional. Me parece que por ahí pasa la posibilidad de desarrollar una capacidad de respuesta muchísima más efectiva que dé cuenta de los cada vez más complejos problemas que atraviesan nuestras sociedades.

-¿Crees que la emergencia posibilitó domar la grieta política o le hizo tomar mayor impulso?

Hubo un primero momento de sensatez diría pero duró poco. Lo que pasa es que la pandemia puso sobre la mesa los problemas estructurales de nuestra sociedad (la desigualdad, la informalidad laboral, la debilidad de los Estados, la falta de acceso a la vivienda y a la tierra, la crisis medioambiental, etc.). Y esto interpela y pone en el ojo de la tormenta al paradigma neoliberal que es, en definitiva, él que explica esta realidad social. En consecuencia, hay una reacción violenta de la derecha política, social, económica y mediática, que se siente cuestionada. Por eso, las exageradas reacciones en defensa de la propiedad privada o las libertades en la marchas anticuarentena frente a cualquier medida del gobierno. Son síntomas de un sector que teme perder sus privilegios. Esto pasa acá y en todo el mundo. La radicalización de las derechas. Lo que sí creo es que después de esta pandemia las cosas no van a ser como antes. Con lo bueno y lo malo que esto puede significar. Nunca nada está dicho de antemano. Nuestro desafío es salir a disputar ese futuro con todo nuestro compromiso, sensibilidad e inteligencia. Pero a los problemas estructurales evidentes no les cabe otra salida que una respuesta estructural, de fondo. Y hay que ver bien quien está a la altura de esto. Por eso digo que este momento histórico pone en crisis la dirigencia y la representación promedio (te diría no solo política, sino también social, económica, gremial). Hay una manera de pensar la realidad y actuar que no va más. El presente exige mucha audacia, coraje, sensibilidad e imaginación colectiva. Porque la derecha está agazapada y a la vuelta de la esquina, y cada error nuestro es una mano que les damos.

-¿En qué estuvo enfocado tu espacio político en este año tan particular?

Nuestra agrupación integra el Frente de Todos desde la militancia. Seguimos construyendo un proyecto político para la ciudad de Rosario y aportando desde acá al espacio político nacional. Por un lado, desde nuestra militancia territorial y trabajo en los barrios. Por el otro, desde una realidad que entendemos hace al modelo de ciudad excluyente y desigual que viene gobernando Rosario hace décadas, que es el desarrollo urbano y el acceso a la vivienda. Rosario vivió un boom inmobiliario, fue la ciudad que más metros cuadrados construyó de Sudamérica en las últimas décadas pero tiene la mitad de su población con problemas habitacionales. Por supuesto que acá hay cuestiones macro, pero también un proyecto de ciudad y un Estado que está más al servicio de los negocios inmobiliarios y la especulación que de los ciudadanos. En particular, venimos trabajando mucho la defensa de los derechos de los inquilinos, con proyectos que ingresamos al Concejo Municipal en el año 2015 (para crear una Tasa al Inmueble Ocioso y una Defensoría del Inquilino) y a principio de septiembre de este año presentamos en la legislatura provincial dos proyectos para que la comisión inmobiliaria la paguen los propietarios y para los inquilinos queden exceptuados del pago al impuesto al sello. Un ejemplo de lo que hablábamos antes es la tarea que venimos haciendo desde nuestra autogestiva Defensoría del Inquilino. Durante buena parte de la pandemia, las instituciones del Estado que debían estar abiertas para dar una respuesta a la dramática realidad que padecen los inquilinos, estuvieron cerradas o atendiendo a medio tiempo. No puede ser que desde nuestra agrupación, donde hacemos todo de manera militante y a pulmón, tengamos más capacidad de respuesta y atendamos más consultas que las distintas instituciones del Estado juntas.

-¿La idea es coordinar con otras fuerzas para participar electoralmente en el 2021?

El desafío electoral siempre está presente, aunque no es algo que ya tengamos definido. Lo mismo que la articulación electoral con distintos sectores, sean del peronismo o de sectores que entendemos que es necesario unir para hacer posible un proyecto de ciudad alternativo en Rosario. Nuestra participación en las elecciones siempre tuvo que ver con aportar a un tipo de representación que entendemos que falta. Es decir, una representación política surgida desde la militancia, desde abajo, desde la coherencia, las convicciones y una concepción colectiva de la política. Por supuesto que es un camino difícil, el sistema político siempre reacciona contra quienes hacemos política por convicción. Tiene mecanismos de autodefensa contra quienes no entran en la lógica dominante. Lo sabemos y lo vivimos. Pero hoy más que nunca tiene vigencia este desafío. No sé cuántos pueden decir que hicieron política por tanto tiempo como nosotros sin ser funcionarios o vivir de la política. Lo pienso y no se me ocurren muchos, todo lo contrario. Eso explica nuestra coherencia pero también la molestia de algunos.

-¿Cuáles serían los límites dentro de la continuidad del Frente de Todos? ¿Se puede mantener el esquema de unidad en la diversidad?

La unidad amplia, diversa y plural fue lo que hizo posible la victoria en las presidenciales del año pasado y la derrota electoral del neoliberalismo. Hay que fortalecerla y profundizarla. Sin unidad le dejamos en bandeja el terreno para que la derecha avance y sin diversidad perdemos la potencia, el dinamismo y la apertura imprescindible en todo proyecto popular de transformación. La experiencia reciente nos muestra que cuando nos dividimos o cerramos los debates internos el resultado es el debilitamiento del proyecto popular y la derrota electoral. De esto tenemos que haber hecho un aprendizaje. Por eso, no comparto cierto llamado que algunos hacen a no debatir en nombre del contexto. Me parece un error. Siempre hay que darle lugar a la crítica constructiva y propositiva. No hay mejor aporte al proyecto y a nuestro presidente, que dirigentes, funcionarios y militantes activos, propositivos, con ideas, tomando la palabra, frente a un tiempo histórico que nos necesita a todos, poniendo el cuerpo, el corazón y la cabeza.

-¿Creés que se deben suspender las PASO el año próximo?. ¿Puede reducir la participación política en los grandes partidos?

-En este tema, como en otros, hay que ser muy responsables, evaluando todos los aspectos. Me parece que lo peor es dejarse llevar por lo que dice, piensa o, supuestamente, le puede caer bien a “la gente”, cuando en realidad por detrás es un tema que fogonean determinados sectores ideológicos con una clara intencionalidad política. Desde hace algunos años la derecha viene agitando esta cuestión. Suspenderlas sería un mal antecedente hacia futuro, más en un tiempo donde precisamente sobre lo que más vamos a tener que batallar es contra la apatía, el desinterés, el individualismo, el encierro sobre las vidas privadas de cada uno y la antipolítica. Frente a este panorama, nuestra respuesta tiene que ser siempre profundizar la participación política de la sociedad y la democratización del sistema político en su conjunto.

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