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La metáfora de la caña de pescar

Cada vez que aparece una frase hecha, de esas tan remanidas, que nos hacen el favor de evitarnos reflexionar (léase con ironía) es conveniente hacer un ejercicio de pensamiento: allí donde una frase de sabiduría popular gana la partida de nuestra argumentación es un buen momento para construir inteligencia, para producir pensamiento crítico.

Algunos ejemplos:

  • Estos negros viven de arriba, te piden monedas, cobran los planes, se cuelgan de la luz… y nosotros nos matamos laburando.
  • Viven de mis impuestos.
  • Hay que enseñar a pescar, no hay que darles pescado. Esto es todo culpa del peronismo, arruinó el país.
  • Los derechos humanos piensan en defender a los chorros, y no a las pobres víctimas.
  • A mí no me gusta la política, no me interesa. Yo lo único que sé es que siempre laburé, nadie me regaló nada.

¿Escuchaste alguna de estas frases alguna vez? Yo creo que sí. ¿Dijiste alguna de estas frases alguna vez? Probablemente. La idea es desarmar algunos prejuicios, poder someterlos a ciertas preguntas y ver cómo responden.

Por ejemplo, cuando uno ve a un tipo con guita (empresario importante, funcionario, profesional, etc.) automáticamente piensa siguiendo la lógica de la pesca, que el tipo sabe pescar. No solo sabe, sino que probablemente hace que los demás pesquen para él.

Tomemos el ejemplo de algunos de los empresarios grandes, importantes. No caben dudas: gran parte de sus fortunas provienen del Estado, de las subvenciones impositivas, de las condonaciones de deuda. Inclusive de la estatización de la deuda privada, como sucedió en el año 1982.

Durante la presidencia de facto de Bignone, el presidente del Banco Central de la República Argentina, Domingo Cavallo, estatizó una deuda privada de U$S 15000 millones de dólares. O sea, un grupo de empresarios, de esos que uno supone que saben pescar, contrajo deudas particulares y luego se las transfirieron al Estado.

Los Macri, maestros del Riel y la Carnada, le transfirieron al Estado cerca de 250 millones de dólares (Sevel, Sideco Americana, Fiat). Les dieron el pescado.

Por supuesto que esto además fue una estafa desde el principio: muchos de los préstamos eran ficticios, maniobras fraudulentas con el único fin de quedarse con esa millonada y que la pague el pueblo.

Hagamos una cuenta rápida, al estilo Paenza: actualmente una Asignación Universal por Hijo, epicentro de muchas de las críticas y odios, es de $2650, algo así como U$S 45, tomando un valor de referencia del dólar de $58. La deuda estatizada correspondería a la friolera de 330 millones dólares de asignaciones.

En julio de 2017, el presidente Macri ordena una baja en el impuesto a la riqueza del 1,25 al 0,25. Ese 1% hizo que, para nombrar ejemplos rimbombantes, Susana Giménez le pague al fisco 15 millones de pesos menos por año, Mirtha Legrand, 10. En asignaciones, 5660 y 3773, respectivamente.

En agosto de 2018 se le perdona una deuda a Pérez Companc (Molinos Rio de La Plata) de 70 millones de dólares, algo así como un millón y medio de asignaciones por hijo.

Los ejemplos son incontables: el grupo Clarín recibió solo en el año 2018, 388 millones de pesos del gobierno nacional y 220 millones de pesos del gobierno de la ciudad autónoma de la ciudad de Buenos Aires. ¿Magnetto sabe pescar?

Demos un paso más, necesario para clarificar algunas ideas, ¿Es la erogación estatal lo que verdaderamente nos incomoda? Porque cuando vemos un Audi último modelo nos da un poquito de envidia, y cuando vemos un cartonero con un caballo nos da miedo, más allá del origen de sus respectivas fortunas.

Todo esto sin contar, además, que la circulación del dinero necesariamente es de abajo hacia arriba, y no al revés, como nos quieren hacer creer los cultores de la teoría del derrame. La plata de las asignaciones y de los subsidios que configuran salario indirecto se inyectan directamente al mercado interno. Los millonarios, los que ganan de más, lo transfieren al exterior a paraísos fiscales. No hay mucho más misterio.

no nos molesta que el Estado reparta sus ingresos, nos molesta que lo haga con los pobres

Algunos eruditos del lenguaje y de la psicología llaman Aporofobia al miedo a los pobres. También se puede usar dicho concepto como odio o rechazo hacia los pobres. Seamos sinceros con nosotros mismos: no nos molesta que el Estado reparta sus ingresos, nos molesta que lo haga con los pobres. Porque además sospechamos en ellos un goce que para nosotros estaría prohibido, sus costumbres relajadas, la vida muelle, sus excesos, su falta de apego a la moral y las buenas costumbres.

Para utilizar un término menos académico, nosotros podríamos llamarle LMTDSDCMQTLA: la moral típica del s*rete de clase media que todos llevamos adentro.

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