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La imagen nuestra de cada día

La incorporación de imágenes en la comunicación cotidiana en entornos digitales se ha instalado al punto de no utilizar palabras para comunicarnos. Basta con un simple emoji o gif para dar a entender lo que se quiere decir. ¿Una imagen vale más que mil palabras?

La imagen parece ser todo. Contradiciendo a lo que una conocida marca de gaseosa instaló hace algunos años como sello marketinero, donde se aseguraba que la imagen no es nada, hoy la realidad de las comunicaciones cotidianas indica lo contrario: la imagen es todo. O casi todo. La incorporación de imágenes en la comunicación cotidiana con entornos digitales se ha instalado de tal manera que muchas veces llegamos al punto de no utilizar palabras para comunicarnos. Basta con un “simpleemoji o gif para dar a entender lo que queremos decir.

Memes, emojis, fotos, gifs o stickers conforman el universo discursivo actual y una de las principales formas de comunicarse y comunicar algo. Claro que todo tiene que ver con el marco, con quién se habla, o el sentido de la comunicación. La lógica indica que esto no es una sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que mucho antes de la palabra escrita, la forma de comunicación fue a través de imágenes (por ejemplo, jeroglíficos). Hoy la comunicación con imágenes es moneda corriente, en parte por la velocidad de la tecnología actual y lo rápido que se vive.

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Entre dedos para abajo o arriba, besos, caritas con lágrimas o corazones, la pregunta es ¿puede la imagen reemplazar la palabra escrita? Vanesa Mazzeo es licenciada en Comunicación Social y maestranda en Comunicación Digital Interactiva. Docente en cátedras vinculadas con la comunicación digital y tecnologías y miembro en el dictado de cursos y seminarios sobre comunicación digital. Entiende que las imágenes forman parte desde siempre de nuestra manera de comunicarnos y que en ese sentido hay que pensar en las pinturas rupestres o en los jeroglíficos, por ejemplo. Más allá de esos antecedentes, hoy hay que analizar los contextos. En ese sentido, las imágenes complementan a las palabras. Entonces se repregunta “¿qué imagen?”. “Un meme, no es lo mismo que un emoji, un emoji no es lo mismo que un sticker. Descontracturan un mensaje, encierran mucho más de lo que dicen, pero la palabra tal vez sigue teniendo otro peso”.

Sebastián Castro Rojas, doctor en Comunicación Social, docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y en la carrera de periodismo de Iset N 18, cree necesaria la incorporación de las imágenes al lenguaje, “ya que hoy cumplen un rol central en los intercambios simbólicos”. En sintonía con Mazzeo, descarta la posibilidad de que la imagen desestabilice definitivamente la utilización de la palabra escrita y destaca la importancia de los contextos.

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Para Castro Rojas, “las situaciones son diversas, y tienen que ver con el consumo mismo de los dispositivos y las redes. Qué hacemos, cómo lo hacemos y con quién lo hacemos. Esto es importante. Muchas veces es más sintético y más fácil mandar una imagen con un ok, o mandar un dedito, que escribir ‘estoy en el colectivo y ahora no puedo hablar’. La situación comunicativa depende mucho del cómo la establezco y en el lugar que lo hago y también con quién lo hago. Las prácticas culturales, los códigos lingüísticos, pueden cambiar el sentido para lo que fueron creados. Que otro interprete lo mismo que interpreté yo a la hora de poner una carita o un auto, es fundamental. Lo importante es manejar el mismo código lingüístico, para que no haya una comunicación errónea”.

Teniendo en cuenta que la palabra, ni escrita ni hablada, va a dejar de existir y que la utilización de imágenes en las comunicaciones actuales viene a reforzar y/o complementar la comunicación, todo indica que la imagen es una adaptación a la forma de comunicar tradicional y una incorporación a las diferentes formas de comunicación que existen. “Son nuevas formas, ni mejores ni peores, que incorporan recursos y que también dependen de cuestiones generacionales”, indicó Mazzeo. “En una casa se puede festejar el primer sticker que la abuela manda al chat, o el primer gif que el nono manda para rematar un chiste. Sin embargo, ellos no se comunicaban así. Pedirles que lo incorporen a una conversación es diametralmente opuesto a un chico de 13 años, que lo hace desde que tiene celular o se acostumbró a mandar mensajes”, agrega.

El meme llegó para quedarse

Sebastián Castro Rojas es determinante a la hora de calificar el rol del meme en la actualidad y la posibilidad de instalarse en el tiempo: “Con el correr del tiempo, los mismos actores, navegantes, usuarios, van incorporando nuevas formas de sintetizar o producir significado. Y el meme llegó para instalarse como práctica, porque conjuga muchas situaciones que hacen a las relaciones humanas: la ironía, el decir algo pero no decirlo o el decirlo, pero a una audiencia especializada. Otra de las cuestiones que tiene el meme, es que no es para todos. Porque el otro tiene que saber de quién estoy hablando y qué es lo que estoy diciendo. También, a veces, necesita de la palabra escrita. Un meme, sin el refuerzo escrito, es como que le falta algo. Me parece que llegó para quedarse en el sentido de que conjuga varias aristas”.

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En la misma línea, Vanesa Mazzeo escribe MEME, con mayúsculas. También le agrega signos de admiración. Y le antepone artículo, también en mayúscula. Es ¡EL MEME!

“La idea del meme es reconocer la imagen que lo compone: tiene que formar parte del inconsciente colectivo o mínimo del grupo donde ese meme va a circular, para que se entienda y tenga efecto”, explica. Algunas imágenes se convierten en meme por el peso, por lo que transmite la simple imagen. Y muchos la resignifican, la remixan y la hacen circular. Según ejemplifica la docente, “Success kid o Brian no nacieron como memes, se convirtieron en base remixable para un meme. El meme encierra en una simple imagen un mensaje mucho más fuerte. Un buen párrafo puede ser atrapante e informativo, un buen meme te lo resume en un abrir y cerrar de ojos.

¿El emoji es el hijo directo del emoticon?

"No hay emoticon que describa lo que siento", cita Mazzeo al hombre de las historietas en Los Simpsons que selló esa frase, pero, “de golpe todos los años se actualiza nuestra base de datos para poder transmitir ideas con una sola imagen”.

Como afirma luego, son evoluciones, también vinculadas a la tecnología y el usuario.

“El emoticon nació en 1982, pero existen registros anteriores, como una revista MAD de los sesenta o un diario en los cuarenta. El smiley es de los setenta. Los emojis llegan a finales de la década del noventa y ya no es plano, tiene forma, color y emociones. En el 2010 los estandarizan para que todos veamos los mismo”, detalla Mazzeo. Independientemente del sistema operativo -android, ios, etc.- o se vea desde la computadora o del celular, todas las personas deberían ver lo mismo. “Hubo líos antes de esto, porque se veían cosas diferentes”, recuerda. “Hoy con el código Unicode se estandarizan, se diversifican (el color, los géneros, la diversidad). Se agregan para todas las regiones (acá nos llegó el mate). Los usamos como nos dicen y otros los dotamos de nuestra propia significación (rezar o chocar los cinco, beso o silbar tienen sus variantes)”, finaliza.

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