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La culpa es toda tuya: el ABC del canalla...

Luego de tres años y medio de gestionar para los amigos ricos, dolarizando las tarifas de las empresas familiares, fomentando la bicicleta financiera, destruyendo el empleo, etc., MM se encuentra sorprendido por el resultado de las PASO, y nos deja en su conferencia de prensa algunos puntos interesantes para pensar.

Ofendido con nosotros, cual niño caprichoso, nos endilga la responsabilidad del mal momento de la economía

Casi por primera vez en estos últimos años, da una rueda de prensa en la que contesta preguntas, por lo cual se ve forzado a improvisar, saliéndose del libreto que sus consultores intentan inculcarle día a día. Es de esperar que MM no sea un gran alumno para las lides lingüísticas… en fin.

Ofendido con nosotros, cual niño caprichoso, nos endilga la responsabilidad del mal momento de la economía: la pesada herencia, la gente que votó con bronca por no poder esperar algún segundo semestre que estaría por llegar, la desconfianza de los mercados hacia el futuro gobierno, etcétera.

En esto se muestra al desnudo el ABC del canalla: la culpa siempre es de la víctima. Como sistema de pensamiento, es de una indignidad rayana con la más pura maldad y estupidez.

En "La interpretación de los sueños" (1900), Sigmund Freud realiza un autoanálisis basándose en su propio material onírico. El gran aporte de Segismundo fue producir un saber sobre aquello que la ciencia generalmente desecha como resto inútil: los sueños, los chistes, los lapsus, etc. Uno de los sueños más famosos es el sueño de "La inyección de Irma", en el cual Freud, luego de un exhaustivo análisis, llega a la conclusión de que el motivo de aquel sueño era exculparlo del empeoramiento en la salud de una paciente: la culpa era de ella, de su médico anterior, etc. Y a raíz de esto cuenta un chiste: alguien le presta una olla a otra persona, quien se la devuelve agujereada. Ante el reclamo, el susodicho destructor del utensilio manifiesta: primero, nunca me prestaste ninguna olla; segundo, cuando me la prestaste estaba agujereada; y tercero, cuando te la devolví estaba sana. Cualquiera de estas opciones podría ser válida, pero juntas demuestran la maniobra: lo único importante es exculparse, al precio de quedar como un idiota.

Por suerte, los enemigos de la política sufrieron un duro golpe de realidad: sin pan, el circo no es suficiente.

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