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La cuarentena y el impacto que genera en los niños

Educación a distancia, tecnología, encierro y libertad recuperada son algunas de las aristas que el psiquiatra y psicoterapeuta Lucas Raspall analizó en esta charla con Versión Rosario.

Niños y niñas pueden salir acompañados un corto tiempo a la calle y, con esa medida, se actualizaron las incertidumbres. Son muchas las aristas que atraviesan la cuarentena, el encierro y la fluctuación respecto al coronavirus y la niñez. Lucas Raspall, médico psiquiatra y psicoterapeuta, vocero en Argentina de la Fundación América por la Infancia y actual subsecretario de Desarrollo Humano de la municipalidad de Rosario, razonó acerca de cómo llevar adelante esta convivencia y cómo, el nuevo orden, repercute en la cotidianeidad.

-¿Por qué cuando se dictaminó la cuarentena lo primero que pensaron las familias con hijos fue qué hacer con los chicos?

-No tendría que ser una pregunta científica. ¿Qué es lo que habitualmente se hace o se hizo con los chicos en la casa? Se juega. En este caso, como se pasa un tiempo prolongado porque son 24, se recomienda establecer una rutina para que el día tenga un cierto orden. Eso tranquiliza mucho a los chicos. O sea, la posibilidad de anticipar lo que sigue -a eso se le llama “ordenar la experiencia”-, genera una sensación de orden interno que habilita a que primero venga el desayuno, y saben que después del desayuno hay un poco de tele, y que esa tele dura un rato porque después viene la tarea. Entonces así va ordenando la experiencia durante el día y no pide la tele a cualquier hora, porque sabe a qué hora se mira la tele. Cuando se logra una rutina, siendo que se tienen que compartir 24 horas que antes estaban ordenadas por las propias estructuras que tiene la vida cotidiana, esta rutina genera un nuevo orden.

Lo que es recomendable es tener un nuevo orden frente a la disolución del viejo orden establecido. Cuando no hay una rutina, no es bueno. Eso pasó sobre todo al principio de la cuarentena, donde las personas comían a las tres de la tarde o cenaban a las doce de la noche, porque estaba todo desordenado. ¿Qué es lo que hay que buscar con los pibes todo el día dentro de casa? Primero, una rutina, y allí incluir todo: momentos de juego, momentos libres, de tareas.

-Contrariamente a lo que a priori se puede pensar porque son nativos digitales, en una temprana edad generalmente no se enganchan con la comunicación online. Charlas por zoom por ejemplo. ¿Cuál es la explicación?

-Para nada se engancha, o muy poquito. Hay que darle una vuelta de rosca y eso es lo que nos lo propone este contexto. El nativo digital, lo que tiene de nativo, es que maneja lo digital. Nace con lo digital en la mano. Pero lo sabe usar y lo hace naturalmente para aquellas cuestiones para las que lo viene usando. Y la comunicación con una amiga vía pantalla, nunca fue natural. Sí lo saben hacer para jugar en red. Sí lo saben hacer para mirar YouTube. Pero cuando se ponen frente a la pantalla para conversar, no saben hacerlo. En general, se miran a sí mismos en la pantalla, no están mirando al otro. Y dejan el teléfono y empiezan a caminar o caminan con el teléfono apuntando a cualquier lado. Evidentemente no encuentra ese contacto, esa conexión. Y sí la encuentran, en lo que le es natural, que es el contacto cuerpo a cuerpo. En la infancia es clarísimo, eso es natural.

El nativo digital es otra historia. Fijate que el adolescente, que sí ya tiene otro modo de comunicación vía redes, vía videollamada, o teléfono, sí sabe conectarse, sí enganchan. Ellos hacen todo por zoom, pero porque manejan otra lógica de comunicación distinta a niños o niñas. El hecho de que sean nativos digitales no implica que les guste o que conozcan naturalmente esa forma de comunicación. Lo saben usar, lo que no significa que les guste o que lo elijan.

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-¿Cuánta importancia tiene en la salud mental del niño o niña que puedan salir un tiempo?

-Como todas las cosas, la respuesta va bastante sujeta a la manera en que el adulto acompaña el proceso. Porque yo he visto salidas supuestamente de esparcimiento -lo pongo recontra entre comillas-, con un adulto que lo va tironeando como si tuviese una correa corta, o que no le permite balancearse por miedo a que se caiga o que no puede tocarse la punta de esto, o que le van poniendo alcohol cada metro y medio. Eso a mí no me suena como una actividad de esparcimiento. Ni creo que realmente lo afloje en ningún sentido, es una salida altamente estresante para niños. Si vas a salir para eso, quédate en casa. Ahora, si la vinculación del niño con el adulto funciona con cuidados necesarios, pero relajados, la salida suma.

También depende de dónde pueda salir cada uno. Si tenés un espacio abierto, y ves el cielo, ves verde, eso seguro que suma. Ahora si salís y ves cuatrocientos edificios para arriba y lo único que ves es cemento, bueno, suma menos. También depende de las viviendas. Pero bueno, en esto también juega un poco que no nos gusta haber perdido la libertad. La necesidad de salir, o de que salgan los niños, es más quizás el gesto de recuperar esa libertad. En algunos casos incluso llegan a transgredir la norma para salir a la vereda. Y es simplemente eso: recuperar la libertad que teníamos, que la perdimos, y que no sabemos muy bien cuándo la vamos a recuperar.

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-Desde la Secretaría ¿cuánto participan como profesionales para determinar si empiezan a salir cada vez más?

-Hay una mirada que es central que, de alguna manera, es la que va bajando las posibilidades o los abanicos: la mirada de la epidemiología, porque tienen una lectura que el resto no podemos tener. En el abanico de oportunidades que abre la bajada de epidemiología, nosotros sí vamos pensando distintas propuestas. Queremos ver cómo adecuarla a cada territorio, porque no es lo mismo planificar una salida de esparcimiento en una manzana donde hay cuarenta edificios de diez pisos, que en un barrio bien horizontal donde son todas casitas. Hay que ajustarlo mucho, pretender una salida unificada no ajusta demasiado a las diferencias evidentes que hay en los distintos territorios.

-¿Se teme que determinada franja de la niñez naturalice este modo de vida?

-No sabemos cómo va a ser el mundo ni cómo vamos a estar nosotros de acá a un mes. Entonces, más que si se teme, me preguntaría cuál es el impacto que pueda llegar a tener en la cabecita de los chicos, con lo ya sucedido y los meses que nos quedan por delante. Creo que hay que pensar que esto algún impacto va a tener. Sin que suene catastrófico, ni que sea le fin del mundo, algo va a generar. Porque nosotros no tuvimos esta experiencia de habernos tenido que quedar encerrados con miedos de los padres.

Acá venimos muy bien, pero otros países han fallecido muchas personas. Es muy difícil pensar que eso no vaya a tener impacto, no solo en los niños, también en nosotros. Y en esto también hay una recomendación para los que somos papás o mamás, o quienes están a cargo de chicos: tenemos que ser sensibles a las experiencias que los chicos van teniendo. No cerrarlas, no taparlas, no quitarlas del paso porque nos incomoda. Hay que intentar estar muy atentos a lo que ellos manifiestan. Y cuando no manifiestan, intentar habilitar para que se expresen como lo viven. En un contexto nuevo como este, es una recomendación importante.

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-Claro, en principio, intuyo que se notarán cambios en la higiene y el contacto. Así como quienes nacieron en los últimos diez años no naturalizan que se fume en lugares cerrados, es probable que no se naturalice el contacto corporal tal cual lo conocemos (abrazos, apretones de manos, besos).

-Eso va a pasar. Y en esto también va a haber diferencias en los estilos de padres y madres. Los nenes van a regular sus conductas de acuerdo a lo que las madres o padres le digan que está bien hacer o no. Sobre todo, quienes vienen más golpeados psicológicamente, siempre quedan más cerca de fracturarse, porque esta es una situación de estrés muy alta. Lo pienso en los adultos que crían niños y niñas, estar en el medio de este temporal no es joda, no es para cualquiera.

-¿Qué planean en cuanto a educación y cómo avanzar?

-No es lo mismo ir o no a la escuela, y eso es uno de los puntos que están poco claros, porque incluso en los países que nos llevan dos meses en la curva y ya empiezan a instalar nuevamente las escuelas, lo van haciendo todo de manera experimental. El zoom no reemplaza la clase presencial, de eso no hay ninguna duda. Aparece como un recurso válido para este momento, pero no reemplaza. Y pensar una vida sin escuela, o con una escuela muy modificada, nos obliga a nosotros modificarnos, o a pensar las cosas de una manera distinta. Porque el home schooling es para el que puede hacer eso.

Hay que pensar una educación pública a la que puedan acceder todas las personas. Igual que la tecnología, no todos tienen zoom. A veces quedan presentadas estrategias de apariencia universal que no son tales. Puede ser para los chicos que van a un colegio privado y los docentes siguen cobrando su sueldo sin ninguna restricción, ahí puede funcionar, pero no es para todos igual. Por otro lado, no es lo mismo que Alemania. Nosotros vemos videos sobre cómo vuelven las clases, con un nivel de disciplina casi militarizada, que ni siquiera estoy seguro de que sea bueno proponerlo, porque no es lo que debiera hacer un niño: estar sentado, quieto, con barbijo, a un metro de distancia, sin tocar a otras personas. No hay receta para esto. Me parece que lo más prudente en todo esto es admitir que no sabemos, no creer que alguien la tiene clara, o definida, porque no sabemos bien cómo va a ser, hacia a donde va. Estamos pensando mientras caminamos. No hay tanto tiempo para hacerlo de otro modo.

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