Actualidad | ¿Da para leerlo?

Juan Rulfo, Pedro Páramo (1955)

Fue un escritor, guionista y fotógrafo mexicano, perteneciente a la generación del 52.

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, más conocido como Juan Rulfo, nació en México en el año 1917. Fue escritor, guionista, empleado público y fotógrafo. Ah, y decidió revolucionar las letras mexicanas (en particular) y latinoamericanas (en general) con dos libros gloriosos, impecables, densos. Luego decidió no escribir más, pasar a otra cosa.

Para los que aman el psicologismo, el sociologismo y todos los ismos que intentan descubrir LA causa: Juan Rulfo quedó tempranamente huérfano de padre y de madre, viviendo sus años de pubertad y adolescencia en un orfanato de Guadalajara. Le tocó padecer la exclusión de la exclusión. Años más tarde le llamaría a tal lugar El correccional. Todo eso se le habrá metido en la mollera para darle herramientas de construcción literaria, quien sabe.

A partir de los 18 años comenzó a participar en algunas revistas literarias de la época, en la producción, escribiendo reseñas, traduciendo poetas y autores vanguardistas.

Dedicó sus primeros años a perfeccionar su estilo y a escribir incansablemente, tachando y corrigiendo durante meses los mismos borradores, las mismas frases. A menudo tal grado de perfeccionismo le traía algunos padecimientos.

A partir del año 1938, esporádicamente, comienza a publicar algunos cuentos de su autoría en distintos medios literarios de prestigio, lo que le va dando cierto renombre y un lugar importante en la llamada generación de mediados de siglo en México.

Era taciturno, sombrío, no afecto a los encuentros sociales. Vivía con cara de culo, a eso me refiero. Se mortificaba.

En el año 1953 edita un compendio de algunos de los cuentos que habían sido publicados desordenadamente en distintos medios. El llano en llamas, que consta de 17 cuentos, tuvo un éxito y repercusión instantáneos. Los cuentos relatan algunas situaciones del campesinado mexicano, las consecuencias de los latifundios, el zapatismo, la revolución de los cristeros, el oprobio, la esperanza, la muerte.

Dos años después, en el año 1955, logra darle un final a una novela que lo venía manteniendo ocupado hacía muchos años: Pedro Páramo. Para todos aquellos que se quejan de los planes, los subsidios, y les gustaría que las científicas del Conicet vuelvan a lavar los platos, les tengo una información que les resultará insoportable, y seguramente optarán por arrancarse los ojos como Edipo: este libro, que es una verdadera obra maestra, fue posible por una beca que le fue otorgada a Juan Rulfo, que le permitió dedicarse a tiempo completo a la escritura y corrección de la novela, durante dos años. Agarrá la birome kuka!

Ambos libros son considerados magistrales, imperdibles. Marcan una ruptura en la literatura latinoamericana, en el modo de narrar y en la construcción de los personajes. Le valieron importantes premios, fueron traducidos a varios idiomas, y sus ediciones se fueron agotando una tras otra.

Luego, el silencio.

Entre los años 1956 y 1958 escribe otra novela, El gallo de oro, que fue publicada recién en el año 1980. Dicen que la edición, además de un tanto lenta, fue desprolija, con muchos errores. A toda velocidad, corrigieron lo que había que corregir, y para el año 2010 editaron (póstumamente, ya que Juan Rulfo falleció en el año 1980) una versión más acorde, casi diríamos decente.

Es como si Juan Rulfo hubiera dejado todo en esos dos primeros libros, como si todo lo que hubiera tenido para decir y transmitir lo hubiera dejado exhausto, con una obra escueta pero contundente.

Durante los años siguientes dio diferentes versiones a las preguntas sobre los motivos por los que había dejado de escribir. A veces decía que se debía a la muerte de su tío Celerino, que era quien le contaba las historias que él luego plasmaba en el papel. En otras ocasiones, decía que la literatura conllevaba mucho sufrimiento.

A partir de ahí se dedicó a escribir y colaborar con algunos guiones cinematográficos, y sobre todo a la fotografía, dejando cajas y cajas llenas de negativos. No, estimado y millenial lector, no tenía un Iphone.

Para comenzar a reseñar al mango y casi sin spoilear, les podría decir que los psicoanalistas tienen en este libro insumos para hacer dulce. Dulce de función paterna. El tema de la muerte del padre es omnipresente a lo largo de toda la novela. El libro comienza tal que así: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. No dejes de visitarlo – me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte. Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas”.

Comala es un pueblo difuso, alucinante. En sus confines, en sus esquinas y en sus personajes, las barreras entre la vida y la muerte se desdibujan. Esto le da a la novela un tono profundo, aunque sin golpes bajos. Por momentos muy gracioso, con un modo de abordar la temática de la muerte muy contundente. No es Walking Dead, no es No te mueras sin decirme adónde vas, mucho menos es Ghost, la sombra del amor.

Quizás en Comala murió la muerte. Solo un mexicano puede contar esa historia como se merece.

Una frase: “Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras. Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos. Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes. Pienso que llegará el día en que estos sonidos se apaguen”.

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Para meter en una charla: Todos sabemos que los mexicanos inventaron la muerte, y por eso les estaremos agradecidos mientras vivamos. El libro reseñado hoy solo pudo ser escrito por uno de ellos. ¿Qué libro, canción o película creés que solo podría haber sido escrita por un rosarino? Casos típicos como El auto rojo de Vilma Palma e Vampiros, o Bombacha Veloz de Macaferri y asociados están descartados, no sea obvio y facilón estimado lector.

Dato curioso: Luego de su concisa experiencia literaria, casi perentoria, descubre su pasión por la fotografía, a la que convertirá en una vocación y un medio de vida. Es más que llamativo el paso del relato escrito a la experiencia silenciosa de la fotografía: es como si sus personajes y sus historias se hubieran ido callando de a poco, pasando a susurros, a fantasmas. Aquí le dejo un link a una página con 100 fotografías de Juan Rulfo. Ay! Pero son en blanco y negro dirá usted. Sí, diré yo.

Texto original: Pedro Páramo

+1: El gallo de oro

Wikipedia: Juan Rulfo

Música: Viene la muerte cantando, El corrido de la muerte. Ándale! No le temo a la muerte / más le temo a la vida / cómo cuesta morirse / cuando el alma anda herida. Si usted tiene sed de lugares comunes y referencias conocidas, podemos escuchar juntos Peces de ciudad, un tema de la época en la que Sabina aun… (complete la frase usted mismo). Allí decía “En Comala comprendí / que al lugar donde has sido feliz / no debieras tratar de volver.

Cine: Coco es una muy buena opción para llorar un rato con la particular visión que tienen los mexicanos en relación a la muerte. Estamos a años luz de procesar de modo similar aquello a lo que todos estamos destinados. Hasta los huesos es un cortometraje sobre la misma temática, maravilloso. Quizás algunos encuentren algunas ideas parecidas a las que brillantemente años después tuvo Tim Burton.

Documental: Juan Rulfo, Palabras que saben a vida.

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