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José Palazzo:"Cosquín Rock se transformó en un festival familiar"

Comienzos, presente y futuro del festival de rock más importante del país, según la palabra autorizada de su creador.

Cuando Argentina atravesaba una de las crisis sociales más significativas desde la vuelta a la democracia y el rock –una vez más- era un espacio de refugio para lxs pibxs sin calma, las sierras cordobesas fueron testigo de la primera edición del Cosquín Rock. Desde la década del ochenta que el país no tenía festivales de rock significativos y automáticamente la comunidad se sintió identificada y lo tomó como propio. Rápidamente Cosquín Rock generó un sentido de pertenencia inédito. La plaza Própesro Molina fue un espacio de contención para miles de almas en un ritual sin calma. Las bandas que participaron así lo entendían. Ricardo Mollo tocó con la remera del festival. Medios del todo el país estaban juntos comiendo, bebiendo y haciendo entrevistas a los músicos que no estaban escondidos en camarines, sino mezclados entre periodistas que intentaban reflejar lo que se vivía. Las primeras cuatro ediciones fueron así. Todavía se recuerda a Fernando Ruiz Díaz sirviendo fernet, a Tete de La Renga –que había ido a ver el festival- haciendo la cola para comer un pancho, a Spinetta de la mano de una muy pequeña Vera. A Charly arreglando con Fito que suba al escenario, a Pappo calmando a policías y vecinos ante desmanes de la monada y cientos de cosas más. Durante los dos primeros años la plaza no tenía fenólicos que tapacen lo que sucedía en el escenario, así que desde afuera se podían ver y escuchar los shows. Las casas recibían a pibas y pibes que les llevaban paquetes de fideos para que se los cocinen. Los parques era hoteles improvisados, y los campings all inclusive. Los monstruos se crean por identificación. Si te sentís parte, acción garantizada. Y eso fue lo que sucedió.

El gigante creció cuando la filiación estaba afianzada para siempre. En el 2005 la estabilidad se vio amenazada. Había que cambiar de sede, la Próspero Molina ya no soportaba el ascenso del público. La logística debía cambiar, y el mayúsculo movimiento de personas que demandaban asistir a Cosquín, hizo perder intimidad, pero ganó en mística. La marca se trasladó a la Comuna de San Roque donde Cosquín Rock vivió hasta la edición del 2010. Luego, el aeródromo de Santa María de Punilla sería su residencia hasta hoy, donde el próximo 8 y 9 de febrero se llevará a cabo la edición número veinte.

Cosquín Rock

Cuando esto comenzó, Duki tenía cuatro años. La palabra trap no aparecía en el manual de la cultura popular argentina. El 9 de febrero esa misma persona cierra uno de los dos escenarios principales, ratificando que es una de las figuras de la escena actual. Antes habrán pasado Sara Hebe, Ca7riel y Paco, Cazzu, Wos, Nathy Peluso o Neo Pistea. Y Charly García, Los Decadentes, Divididos, Ciro y Los Persas, Skay, Babasónicos, Ratones Paranoicos y Las Pelotas. Y María Ezquiaga, Dante, y Emmanuel. Militantes del clímax, Indios, Zero Kill, Conociendo a Rusia y Barco. Todos eso no llega ni a un 15% de todo lo que se puede disfrutar. Falta mencionar los espacios de blues, de música electrónica, de bandas independientes, de deportes. Las montañas trasforman la escenografía lindante en mágica. Las instalaciones son cómodas, la gastronomía variada. Cosquín Rock realmente es un fenómeno único en nuestra cultura, y que últimamente tuvo ediciones fuera de Argentina.

Detrás de todo eso, está la figura de su creador. José Palazzo, un nombre que con los años fue ganando exposición en los medios. Muchas veces tan polémico como accesible para el diálogo, responde mientras no deja sus tareas diarias, antes de cumplir veinte años al frente del festival de música pop más longevo de argentina.

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¿Cuándo arrancaste que sueños y objetivos tenías para el festival?

Empezó de una forma azarosa y nunca en mi vida me imaginé que iba a suceder esto. Jamás imaginé que el festival iba a tener trece ediciones en diez sedes distintas de Latinoamérica, Estados Unidos y España. Y por supuesto nunca imaginé que iba a tener veinte años de vigencia. Y que en la edición número veinte probablemente llegará el record de convocatoria. Si bien ha sido mucho el esfuerzo, el sacrificio, la constancia y la dedicación que le pusimos –que mucho tiene que ver eso- también tiene mucho que ver el apoyo del público, de las bandas y de los sponsors.

¿Cuántas personas forman parte del equipo fijo de Cosquín Rock?

Se dan tres mil altas tempranas. Pero somos más o menos unas setenta personas directamente en cada una de las áreas. Y cada una de estas setenta personas, dependiendo de qué área, tiene desde tres a doscientas personas a cargo. Somos un equipo muy grande.

¿Trabajan los 360 días del año en el festival?

Trabajamos todos los días del año en el Cosquín Rock. Cuando termina la edición, al otro día a las doce del mediodía nos juntamos con todos nuestros socios de Latinoamérica que vienen a trabajar al Cosquín y a verlo y hacemos un análisis, un balance de lo que vamos a hacer en la edición 2021, no solo en Argentina, sino también en el resto de América. Así que al otro día del Cosquín empezamos a trabajar, de hecho generamos reuniones para cosas que van a suceder en ediciones posteriores. Por ejemplo, este año vamos a dar una gran noticia referente a Cosquín Rock durante el festival.

¿Por qué Las Pelotas tocó en todas las ediciones?

Se fue dando, van en todas las ediciones. Y terminó siendo una especie de cábala mutua. Ellos tocando por primera vez en el año en Cosquín, y nosotros tenerlos en todas las ediciones. El primer Cosquín Rock fuera de Argentina fue en México, y también fueron Las Pelotas.

¿Qué banda o solista te hubiera gustado que toque y siempre dijeron que no?

La Renga sería el artista que me hubiera gustado que toque en Cosquín y siempre me dijo que no. Otro artista que me hubiera encantado que toque y también me dijo que no fue Gustavo Cerati. Y me costó mucho convencerlo a Spinetta.

¿Alguna vez estuvo en peligro de no hacerse?

Siempre tuvimos el peligro de no hacerlo. Hubo varias ediciones en las que estuvimos a punto de no hacerlo. De hecho la edición del 2018, cuando la crisis económica empezó a incrementarse, estuvimos a punto de no hacerlo. Pero siempre utilizamos el ingenio, y lo venimos haciendo.

¿Hasta cuándo pensas que va a seguir Cosquín Rock?

Creo que va a seguir mucho tiempo. Va a ser uno de esos festivales clásicos que hay en las sierras de Córdoba como Jesús María o el Cosquín Folcklore o el de la Chaya. Imagino que va a durar muchos años, porque tiene un crossover generacional muy importante. Cada vez van más chicos a Cosquín, y con sus padres. Se está transformando en un festival familiar, lo cual asegura que estará mucho tiempo vigente. Pero también lo decide la gente. Cuando el público deja de ir, no se puede seguir manteniendo. Hoy el festival es muy convocante

¿Pensás cuáles fueron los momentos más destacados del festival hasta hoy?

Es muy difícil elegir…creo que uno de los hitos fue cuando Charly García reunió a Serú Girán en el 2013. Eso fue un pico muy importante del festival, cuando Charly, David y Pedro tocaron algunas canciones de Serú de manera espontánea. El último concierto que dio Luis Alberto Spinetta en Santa María de Punilla en el Cosquín Rock 2011 también fue un hito muy importante. Y otro cuando Los Piojos subieron con Las Pelotas a tocar ‘Shine’.

¿Cambio tu opinión respecto al cupo femenino?

Mi opinión con respecto a la participación de la mujer en la música sigue siendo la misma. Yo siempre estuve de acuerdo en eso. Me parece bárbaro todo lo que sucedió a raíz de mis dichos. Porque a partir de ahí se generaron actos concretos que se vieron reflejados en que los festivales tienen hoy más de un 30% de participación de mujeres. Me parece muy bueno todo lo que sucedió, y si fue por ese malentendido, bienvenido sea. Me pone muy contento que eso haya sucedido. En el caso puntual de Cosquín Rock, estamos muy contentos con la gran cantidad de artistas mujeres que nos acompañan en la grilla este año. Y orgullosos de eso.

¿Este año es la mejor grilla?

Es una de las mejores grillas que hemos hecho en mucho tiempo. Sin lugar a dudas la posibilidad de tener a Charly García, la vuelta de Divididos, a Skay y la gran variedad musical de todos los estilos son muy importantes. La participación de Los Caballeros de la Quema que no tocaron nunca en su historia, muchas perlas dentro de la casita del Blues y de la música electrónica, la gran variedad que hay en las carpas ha hecho que sea un festival muy heterogéneo y muy grande. Estamos muy contentos.

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