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John Watson, La psicología tal como la ve el conductista (1913)

John Watson (1878-1958), psicólogo creador de la corriente conductista, proponía técnicas de adiestramiento similares en animales y humanos.

“El conductista, en sus esfuerzos por lograr un esquema unitario de la respuesta animal, no reconoce ninguna línea divisoria entre el ser humano y el animal”.

Nacido en Carolina del Sur en el año 1878, John Watson es socio fundador de una rama del pensamiento que tuvo y tendrá mucha vigencia, aquella que intenta aplicar lineamientos, métodos y conocimientos científicos a la experiencia mental y humana. Claramente, estos discursos deliran sobre la posibilidad de entender por qué somos como somos, pero tienen mucha pregnancia en la sociedad y en los medios de comunicación. A dicha disciplina la llamó behaviorismo, lo que en castellano básico podría traducirse como conductismo.

Esta teoría plantea que todo aquello que somos y hacemos, se moldea y construye en respuesta a los estímulos del ambiente. Así, los niños no traerían ningún bagaje heredado, ni biológico ni simbólico, y toda su conducta se iría armando en relación a lo que reciben del exterior.

Watson pensaba que nacemos como una tabula rasa, como una hoja en blanco, en la que se inscriben todas las experiencias y condicionamientos de nuestro ambiente más cercano. Si bien es un tanto exagerado suponer que todo es aprendido, algo para destacar en esta teoría es que, contra todo lo que representan en términos de poder y moldeamiento de las conductas las empresas de tecnología genética y farmacéutica, que intentan decirnos que todo lo que somos y hacemos está escrito en nuestros genes, y que se puede borrar y reescribir mediante procedimientos quirúrgicos y químicos que justamente ellos tienen a la venta, Watson pone sobre la mesa que en realidad somos moldeados por nuestra experiencia, que respondemos a estímulos del ambiente, y que, modificando nuestro entorno, modificaremos las conductas de nuestros niños. En aquel momento era innovador y colisionaba con los intereses de las grandes empresas de enfermedades y curas. Hoy en día, esta es la psicología del establishment psiquiátrico.

Además, con esto ponía sobre el tapete una discusión en relación a la crianza, y la responsabilidad que los padres debían asumir en la educación de sus hijos. Porque en definitiva, si bien los pibes no son adiestrables, bastante daño les podemos hacer con nuestras cositas. Y son un poco obra de los entornos en que los recibimos.

Fue un gurú mediático (radial) en su época: todos querían saber lo que la ciencia tenía para decir en relación a los gurises, de qué modo había que educarlos para que sean exitosos y ganadores. El discurso del behaviorismo tenía un gran impacto en la filosofía del “american way of life”: cualquiera podía triunfar y ser el próximo number one si se daban algunas condiciones de crianza. No importaba la herencia simbólica, aun más importante que la genética. Proponía, en esas emisiones radiales en las que participaba con gran éxito, que cada hogar se transforme en un laboratorio conductista. Era loco, si.

En el año 1935, luego de 10 años de conductismo y 15 de publicidad, fallece su mujer, lo que redunda en un dolor insoportable para nuestro amigo Watson. Decide alejarse de todo, dejando de lado las mieles de la fama y la fortuna que había cosechado hasta el momento, retirándose a vivir sus últimos años en una granja en Connecticut. Superando la tristeza con el paso del tiempo, cabe suponerse que en dicho bucólico ambiente adiestró hasta a las vacas.

Para contextualizar un poco la importancia de este tipo de autores, es necesario saber que las tendencias psicológicas avaladas por los círculos psiquiátricos de prestigio (léanse así, las asociaciones de profesionales médicos bancados por los grandes laboratorios y las farmacéuticas) solo dejan ingresar en sus filas, aunque por supuesto en lugares subalternos, a psicólogos de ramas que distan muy poco de los pensamientos de Watson. Hoy en día no le llaman conductismo sino Terapia Cognitivo Conductual.

Una frase: Sin dudas, la más legendaria, la más temeraria, la más nociva. Quizás también la más inocente de alguna forma… ahí les va:

“Dame una centena de niños sanos, bien formados, para que los eduque, y yo me comprometo a elegir uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convierta en un especialista de cualquier tipo que yo pueda escoger –médico, abogado, artista, hombre de negocios e incluso mendigo o ladrón- prescindiendo de su talento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, vocaciones y raza de sus antepasados.

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Para meter en una charla: Muchas veces nos manejamos como si fuéramos adiestrables, o como si nuestros hijos lo fueran. Buscamos tipcitos para dejar de fumar, para bajar de peso, para triunfar en el escolazo. Pero, pensándolo bien ¿Te gustaría que seamos así, ciento por ciento programables, sin misterio y sin poesía?

Dato curioso: Luego de haber desatado algunas controversias durante sus años de experimentación pseudo científica con bebés y niños (el caso más paradigmático es el del pequeño Albert,) y habiendo tenido además el descaro de mantener relaciones extramatrimoniales con su secretaria, lo invitan amablemente, en el año 1920, a retirarse del mundo académico. El sueño conductista duró escasos 10 años. Habiendo dejado el ámbito científico, tuvo la brillante idea de llevar todos sus conocimientos y talentos a una empresa de publicidad, Thompson, una de las más prestigiosas del mundo. Allí, buscó utilizar sus herramientas para condicionarnos en masa, y estimularnos para la compra de los objetos que ellos publicitaban. Nunca más explícita la relación entre la investigación científica y el intento por manipular nuestras atrofiadas mentes.

Texto original: La psicología tal como la ve el conductista, 1913. Nuestro aclamado psicoloco en su máximo esplendor.

+1: ¿Qué es el conductismo?

Música: Dame cinco niños cualquiera y yo, prescindiendo de su talento, formaré súper grupos de música Pop que serán éxitos de taquilla. NSYNC, Backstreet Boys, Spice Girls, Mambrú, Bandana, etc. Pasando al K-Pop, BTS, ITZY, y la mejor y más enfermiza de todas, una combinación de Heavy Metal agresivo muy bien tocado, con unas niñas cantando K-Pop. Babymetal, con su hit Gimme chocolate! Imperdible.

Cine: Shine. Una historia real hollywoodizada sobre un señor que con todas sus buenas intenciones se esforzó mucho porque su hijo fuera un buen pianista. Y lo logró, por supuesto. ¿A qué precio? Bueno, estimado y perezoso lector, tendrá que ver la película.

Wikipedia: John Broadus Watson

Documental: El experimento con el pequeño Albert.

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