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Hay, otra vez, un circo

La Academia del Humor cumple 20 años en Rosario. El espacio de producción y formación teatral que coordina Adrián Giampani hoy adapta su oferta académica, inaugurando talleres online.

Adrián Giampani es un actor nacido en Capitán Bermúdez pero desde su adolescencia vivió permanentemente entre esa localidad y Rosario. Estudió con Miguel Franchi a finales de la década del ochenta y, cuando Franchi propuso ejercicios de clown, algo lo atravesó y cambió su forma de ver el arte para siempre. Fue una experiencia existencial. A partir de ahí nunca dejó de poner al humor en un lugar central.

Entre fines de la década del noventa y el principio del nuevo milenio se instaló en la calle una frase que repercutía día a día en las cabezas de ciudadanos y ciudadanas y reflejaba el espíritu general de fastidio hacía la clase política: que se vayan todos. Durante el mismo tiempo era común que se califique a funcionarios con el término “payaso” de manera peyorativa.

No se sabe bien el porqué, pero también fue una época en donde había payasos por las calles, todo el tiempo. Payasos en las plazas haciendo espectáculos públicos; payasos en las peatonales promocionando globología y regalando chistes, besos y abrazos; payasos en los colectivos interpretando alguna canción del imaginario popular, o vendiendo alguna lapicera y si no se la comprabas, te “amenazaban” con estamparte un beso en el cachete.

Tamaña contradicción popular. Por un lado, medios de comunicación calificando despectivamente a quienes el pueblo quería afuera de sus vidas como payasos. Y por el otro, la cotidianidad invadida por los verdaderos payasos, que intentaban hacer un poco más agradables momentos del día si los encontrabas por ahí.

En este contexto, en Rosario fue habitual cruzarse con el ejército de payasos. Un cúmulo de personas que desde el arte seguían manifestando reclamos sociales, y en el mismo momento hacían justicia con la utilización del término “payaso”. Llegaban a un espacio público y tomaban el lugar proclamando un manifiesto que tenía oraciones como esta:

“Los payasos estamos hartos, hartos, absolutamente hartos de que nos comparen con quienes no tienen la más mínima capacidad de inventiva, de ocurrencia y, lo que es peor, de alegría para pensar la vida. Un verdadero payaso, señores, es quién puede reírse de sí mismo y nada está más lejos de nuestros dirigentes que no son graciosos, son lamentables, patéticos”. Luego fundaban en ejército popular de payasos, y decretaban un estado de circo permanente.

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Quien estaba detrás de ese ejército era Adrián Giampani. Hoy tiene cincuenta y cinco años y está celebrando 20 años al frente de la Academia del Humor. Claro, en época de crisis floreció la creatividad. Cuando salían a la calle con el ejército de payasos, coincidió con que empezó a dar clases como docente en Rosario y fundó la academia. Sigue pensando que las crisis dan material para crear. “El humor desarticula el poder, lo ridiculiza. Uno de los beneficios del humor es la posibilidad de reírnos de lo que nos duele, lo que nos molesta. Entonces en ese sentido las crisis son como una fuente de inspiración”, dice.

Desde el humor, en esto días tiene su energía puesta en la docencia, trabajo del que se confiesa enamorado. Y como muchos rubros, la pandemia obliga a que los cursos presenciales muten en virtuales. Entonces, ¿cómo plantear el desafío de enseñar y que aprendan de forma virtual rubros como el clown, en donde hay tanto contacto físico?

Es un desafío. Sucedió que, en el modo virtual, si bien no tiene las mismas características, aparecen otras cosas sobre las que trabajar. Aparece el trabajo con la cámara, por ejemplo. La cámara es un ojo muy particular, y el clown trabaja a partir de la mirada propia y de la que recibe. En este caso, donde la cámara está puesta muy en primer plano, podemos trabajar con esa mirada. Cómo procesamos ser observados por esa cámara”.

Dentro de este marco de clases virtuales, Adrián propone dos tópicos. Uno es “Iniciación al clown” y lo hace con “una invitación a descubrir el payaso interior, el que nunca dejaste salir, el que te rescata”

-¿Por qué pensás que toda persona lleva un payaso adentro?

-Todas las personas hemos tenido en algún momento de nuestra vida esas situaciones en las que resultamos graciosos sin querer. Eso es el payaso interior, cuando uno resulta gracioso sin querer. Lo que sucede es que muchas personas lo bloquean para no quedar en ridículo. Y algunas otras lo habitan, lo aceptan, lo desarrollan y lo dejan ser a ese ridículo. Pero yo creo que todos tenemos eso. En algún momento han quedado expuestos y resultaron graciosos a los que te rodeaban. El payaso de cada uno empieza ahí. En ese sentido siento que todas las personas tenemos un payaso, la cuestión es dejar expresarlo.

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El otro tópico, es un concepto que confiesa en desarrollo, y del que no duda: “si me agarra un estudioso de la literatura y la lengua capaz me dice ‘qué estás diciendo’, pero lo defiendo a muerte”. Se trata del “Héroe cómico”. “Es algo que vengo abordando hace tiempo, y fue tomando cuerpo”, dice y completa: “es algo personal. Es una búsqueda personal la de héroes cómicos”.

-¿Qué es un héroe cómico?

-Es otra manera de abordar el humor escénico. Es algo que vengo abordando hace tiempo y fue tomando cuerpo. Es algo personal. Es una búsqueda personal la de héroes cómicos. Y no es casual ese término. Para mi hay personajes cómicos que son heroicos. Lo que proponen los grandes cómicos de la historia es heroico. Porque nunca pierden el optimismo. El héroe cómico siempre intenta lograr su objetivo y fracasa, pero nunca deja de intentarlo. Entonces ese continuo intento frente al fracaso, lo transforma en héroe. En un héroe cercano, con el que podemos rápidamente empatizar.

El Chavo es un héroe cómico. Tiene un montón de dificultades, sin embargo, sigue intentando lograr lo que quiere: ser querido, ser reconocido por parte de esa vecindad. Y siempre es excluido de alguna manera. Otra característica del héroe cómico es que, en ese tránsito, va desnudando las miserias humanas. La discriminación, por ejemplo. Chaplin es otro caso, con su personaje de El vagabundo. Tipos fuera de la ley, sin laburo, desocupados. Y sin embargo en ese recorrido nunca dejan de intentarlo y nunca logran lo que quieren. Y denuncian su alrededor. Es un término que no encontré en otro lado. Algunos los llaman anti héroes a esos personajes, pero para mí no es un anti héroe. Menos si lo enfrentas con el héroe trágico, el aceptado por la literatura.

Aquel ejército de payasos cuando declaraban el estado de circo permanente pedían a la gente que se amontonaba en la calle –una realidad por obligación casi opuesta a la de hoy- y acordaba con su propuesta que se calcen la nariz roja que arrojaban mientras sonaban los acordes de “como me pica la nariz” versión de Gaby, Fofó y Miliki. Hoy, desde la Academia del Humor, Adrián propone articular actuación, clown y humor escénico, consolidándose como una escuela de formación de gran parte de la generación actual de docentes y artistas de la escena rosarina y nacional.

Datos: para formar parte de la oferta académica adaptándose a los tiempos de cuarentena pueden comunicarse al (0341) 15-5922750.

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