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"Happy Hour de Escritura": cuando la pluma se aleja de la academia y se acerca a lo cotidiano

La periodista Fernanda Blasco es la creadora de un espacio mágico e íntimo para compartir el placer de la escritura y superar la traba que genera la hoja en blanco. ¿Cómo se adaptó a la pandemia?

Fernanda Blasco es una periodista de reconocida trayectoria en la ciudad, trabajó como redactora en el diario El Ciudadano, fue subeditora de Rosario 3, editora de Rosarioplus. Actualmente trabaja como editora de contenido en el diario La Capital y es la creadora de los Happy Hour de Escritura, también conocidos como "Meteoritos y Huevos Fritos".

Todos los profesionales que tienen una marcada impronta académica, pero que trabajan en forma cotidiana en medios de comunicación, necesitan a veces esos pasos más relajados para poder relacionarse con la profesión, pero desde un lugar lejano al vértigo de las coyunturas informativas. En ese rinconcito que queda disponible entre las noticias y el mundo académico de las letras, nace el Happy Hour de Escritura, que busca ser un espacio de encuentro cultural, con todo el romanticismo y la magia que solamente un bar puede regalarle a los escritores. Claro que, en tiempos de pandemia, las "nuevas normalidades" dificultan este tipo de encuentros, pero si hay alguien que puede cambiar el guion a la cosa, es este taller. Esta es la historia que tiene Fernanda para contar... ¡Mozo! un cortado, por favor.

¿Qué es el Happy Hour de Escritura?
El Happy Hour de Escritura (también conocido como “Meteoritos y Huevos Fritos”) es una sesión creativa. No es un taller literario tradicional, no es una clase de Lengua. Es un espacio relajado de encuentro donde se impulsa una escritura lúdica y social. La idea de estas sesiones es ayudar al que escribe y está bloqueado, pero también empujar al que no se anima a escribir. Alejar el terror de la página en blanco. Cuando nos juntamos no solo escribimos: hay música, cerveza, picada. La pasamos bien.

¿Cómo nació la idea?
Los Happy Hour de Escritura comenzaron el año pasado, pero la idea estaba presente mucho antes. Hacía tiempo que amigos y conocidos me venían pidiendo que armara talleres de escritura, algo que me daba mucha risa porque siempre dije que no se puede enseñar a escribir. Podés enseñar gramática, cuestiones técnicas, pero "escribir" es otra cosa. Creo que estos encuentros finalmente nacieron porque sentí que necesitaba un espacio donde poder divertirme y celebrar la escritura. Y me di cuenta de que otros también lo querían. Mi primera experiencia fue en una biblioteca de Funes. Luego en Rosario hice encuentros en diferentes bares. Y hasta en el verano hubo un fin de semana de Happy Hour de Escritura en Pergamino.

Creo que estos encuentros finalmente nacieron porque sentí que necesitaba un espacio donde poder divertirme y celebrar la escritura

¿Los encuentros tienen algún tipo de estructura?
Nunca hay dos encuentros iguales. Los preparo antes de arrancar pero confieso que me encanta improvisar según la composición del grupo, según el lugar donde estemos, si los participantes vienen por primera vez o son reincidentes, si llueve o sale el sol. Son todos factores que cambian según el Happy Hour. Lo que nunca cambia es que escribimos y nos reímos las horas que dure el encuentro. En las juntadas no me subo a un atril ni te digo cómo tenés que escribir, empujo la creatividad a través de diferentes consignas, intento facilitarle al otro la escritura. Creo que un factor clave es la puesta en común de los textos que se producen en el momento. Se genera un intercambio muy rico entre los participantes.

¿Cómo fue el paso de lo real a lo virtual?
Con las restricciones que trajo la pandemia se suspendieron los encuentros. Cuando vi que venía para largo, comencé -con alguna resistencia de mi parte, lo admito- a organizar instancias virtuales. Nada reemplaza al encuentro presencial pero, más aún en tiempos de aislamiento, la escritura es una herramienta muy útil. Te permite canalizar lo que estés sintiendo, ahuyentar o enfrentar demonios, es una forma de terapia. También socializar y reír hace bien. Pudimos recuperar en la virtualidad la energía de los Happy Hours. De todos modos, apenas se pueda volverán las juntadas. Se extrañan las cervezas y las picadas compartidas, que son tan importantes como el lápiz y el papel.

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Publicado por Happy hour de escritura en Domingo, 24 de mayo de 2020

La escritura es una herramienta muy útil. Te permite canalizar lo que estés sintiendo, ahuyentar o enfrentar demonios, es una forma de terapia, más aún en tiempos de aislamiento

¿Cómo es la dinámica de un encuentro?
Si fuera presencial, sería en un bar o una casa. Habría cervezas y algo de picada. Cuando ahora los hacemos por zoom cada uno se lleva al lado de la computadora lo que tiene ganas, la idea es estar relajado. Hacemos una ronda inicial social que varía si son participantes primerizos o reincidentes. Y después llegan una serie de consignas, juegos o ejercicios que empujan a escribir. A veces un juego deriva en otro ejercicio. Se escribe por lo general solo, pero también hay instancias de escritura en pareja o en grupo. Hay espacio para poner en común los resultados, cada uno lee sus textos en voz alta y se generan debates o intercambios posteriores. En el cierre del encuentro siempre hay un juego que funciona como sello pero no lo develamos porque no queremos arruinar la magia, je.

¿Se puede participar libremente, hay requisitos?
Lo más importante es que te guste escribir y tengas ganas de escribir. Han participado escritores y periodistas de mucha experiencia, también gente que nunca había escrito o jamás se había animado a compartir sus textos. Cada uno viene a buscar algo diferente y, por lo general, se lleva algo diferente. La variedad enriquece los encuentros y todos son buenos compañeros que se reconfortan y animan, sin importar cuán entrenado se esté en la escritura o cuánta creatividad se tenga en el momento. No se trata de escribir textos perfectos, se trata de que fluya la escritura. A veces salen producciones brillantes, pero incluso en narraciones menos logradas se puede advertir una escena, un diálogo o un personaje que vale la pena y se puede retomar luego, para perfeccionar y armar un texto posterior. Si bien al terminar el encuentro no doy tarea, siempre se encuentran puntas por donde seguir escribiendo, así que cada uno se va con un ovillo del que, si tiene ganas, puede seguir sacando hilo.

Han participado escritores y periodistas de mucha experiencia, también gente que nunca había escrito o jamás se había animado a compartir sus textos

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