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"Hablar de aborto es también preguntarnos por nuestro placer"

En el marco del Día por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe, Versión Rosario conversó con la poeta y narradora feminista Dahiana Belfiori, autora de "Código Rosa. Relatos sobre abortos". Hablamos de aborto y literatura pero también de otras lecturas que describen los universos que las mujeres habitan y que permiten reflexionar la relación entre el cotidiano y lo político.

El Día por la Despenalización del Aborto en Latinoamérica y el Caribe se celebra cada 28 de septiembre, desde 1990, para exigir a los Estados que garanticen el derecho de las personas con capacidad de gestar a acceder a servicios de abortos seguros y a no ser penalizadas por llevar a cabo la práctica.

Para hablar del tema, Versión Rosario se propuso abordarlo desde el universo literario. Para eso contactó con la rafaelina asentada en Rosario, Dahiana Belfiori, activista feminista, poeta y narradora. Belfiori es autora de “Código Rosa. Relatos sobre abortos”, libro por el que recibió los reconocimientos de la Cámara de Diputados/as de la provincia de Santa Fe y “ConX” por el trabajo en comunicación con perspectiva de género. Mientras se estaba dando el debate por la legalización del aborto en el Congreso de la Nación, el libro circuló con furia y trascendió fronteras.

Código Rosa se editó en 2015 y fue presentado en más de 30 ciudades de Argentina. También en La Haya, Holanda y en Madrid, España. Los resultados fueron tan positivos que en 2018 estuvo en varias ciudades de España: Valladolid, Málaga, Granada, Córdoba y Barcelona.

Hablar de aborto para Dahiana Belfiori es también atravesar otros temas como la sexualidad, la precariedad del mundo en el que habitamos las mujeres y la precarización en lo económico. Lo doméstico y lo cotidiano como experiencias infravaloradas por el sistema capitalista heteropatriarcal y el susurro como modo de construir política y habitar el mundo. De todo ello enseña y aprende en los talleres literarios que dicta desde el año 2013.

Sos una lectora voraz. Tu casa está llena de libros por doquier. ¿Qué fue lo primero que leíste sobre aborto?

A diferencia de otros temas con los que me encontré tempranamente en la literatura, el aborto no fue tan evidente en lo que leía en mi adolescencia y juventud. Lo primero que recuerdo en mi biografía que abordara abiertamente el tema no vino de la literatura. Cuando militaba en Córdoba, siendo activista en “Las histéricas, las MuFA’s y las Otras” aparecen los relatos de mujeres, en particular los que circularon en la lista de mails que se llama RIMA. En esa plataforma se lanzó una campaña en 2004 que proponía contar las experiencias de aborto en primera persona. Se llamó “Yo Aborté” y allí las mujeres contaban sobre los abortos, en sus cuerpos, en los de quienes acompañaron –amigas, parientes, conocidas. Ese es el primer contacto con la palabra escrita y está alejado de las narrativas actuales en Argentina sobre el tema.

Aunque no es un libro recuerdo una película que me impactó particularmente: “El secreto de Vera Drake”. Es hermosa y dolorosa a la vez porque es una mujer que acompaña a mujeres a abortar y es acusada por realizar abortos clandestinos y ella no entiende de qué la acusan. No entiende qué está mal de lo que está haciendo. Recuerdo las sensaciones en mi cuerpo, vibré pensando en la clase de justicia que construimos que no es capaz de hacer justicia. Es algo en lo que continúo reflexionando.

Al volver a mirar las producciones culturales y los libros en clave feminista sospeché que allí donde no había podido leer “aborto” había, de manera vedada o encubierta o a través de eufemismos, alusiones a prácticas de aborto. Los feminismos, entre tantas cuestiones que me permitieron revisar, también me hicieron leer literatura en esa clave. También se abrió un mundo de posibilidades y de poder nombrar lo que me pasaba y nos pasaba. Hoy me sigue interpelando en el sentido de rever las prácticas machistas que quienes nos nombramos feministas tenemos, incluso en los mismos espacios que llamamos feministas. Fue y es doloroso cuestionar las propias prácticas que contribuyen a perpetuar el sistema patriarcal, la misoginia, el sexismo, la violencia machista.

¿Qué significa que no estén en relación con las narrativas actuales?

Hay un cambio en la manera de narrar porque hay un activismo feminista singular. La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, Legal, Seguro y Gratuito hizo posible la despenalización social del aborto y en los activismos feministas de la acción directa, del cuerpo a cuerpo, se comenzó a acompañar y garantizar el acceso al aborto de manera segura. Esas prácticas configuran otras narrativas sobre las experiencias de abortar sumadas a la insistente demanda por el acceso a las prácticas de la llamada ILE (Interrupción Legal del Embarazo) y por la legalidad del aborto. Donde antes prevalecían los relatos sobre el silencio, la culpa, el dolor, la muerte de las mujeres, ahora empiezan a aparecer otros afectos: amor, alivio, esperanza, alegría, calma. La práctica política feminista y sus discursos confluyen para permitirnos también narrar y narrarnos sin la carga victimizante de la culpa.

Eso también se refleja en los libros. La literatura de alguna manera expone una sociedad particular de acuerdo al momento en el que habita. ¿El divorcio entre sexualidad y aborto también se observa las obras literarias?

Claramente que la literatura es un reflejo del tiempo que nos toca vivir. Por supuesto que hay quien sostiene que la “buena” literatura es aquella que puede entenderse como universal y puede trascender los tiempos. Y yo digo, sí, hay libros que hablan a todas las épocas pero también hay libros que son el testimonio de un momento histórico. Creo que las mujeres, lesbianas travestis, trans tenemos mucho que decir y de hecho lo decimos.

A mí me interesa un determinado modo de producción literaria que yo llamaría “escrituras precarias”. Es decir, esas escrituras construidas donde el terreno es poco estable, poco seguro, poco duradero. Parto de asumir que nuestras subjetividades están construidas desde lo precario y me interesa particularmente leer qué proviene de esas subjetividades, qué construcciones hay. Quienes estamos trabajando con la palabra ficcional hacemos una especie de tráfico de esa literatura, eso intento que ocurra en mis talleres: tanto en el material que leemos como en la valoración de lo que producimos. Ese tráfico enlaza con las prácticas feministas desde hace por lo menos 200 años y es Tununa Mercado quien dice que tiene que ver con un modo del susurro. A mí el susurro me interesa mucho porque produce efectos que son impensados.

En la literatura escrita por mujeres, lesbianas, travestis, trans los personajes, las atmósferas, los puntos de vista aparecen retratados de una manera particular y se diferencia de la escrita por varones cis. Esta última a veces no cuenta nada o lo hace de manera superficial acerca de lo que nos pasa a las mujeres, por ejemplo, con la maternidad, la sexualidad y el aborto.

El Acontecimiento para mí fue un libro crucial que es de la escritora francesa Annie Ernaux. Allí narra su experiencia de aborto en los años ´60 previa a que el aborto sea legal en Francia pero se publica en los 2000. A este libro lo leí dos años después de escribir Código Rosa justamente cuando lo estaba presentando en Europa y me digo ¡qué loco! porque esta experiencia que ella vive, incluso la experiencia de escritura en relación a la de aborto, dialoga con mi propia experiencia de escritura de Código Rosa y con los relatos que allí se exponen pero con 40 años de diferencia. Por un lado constaté la necesaria distancia entre la experiencia de abortar y la experiencia de escribir que hace posible la misma escritura sobre el aborto. Y, por otro, más allá de contextos de mayor o menor restricción legal, cuando podemos narrar/nos encontramos algo común: es una experiencia vivida en el cuerpo que puede gestar, es una experiencia que atraviesa decisiones en torno a la vida y la muerte, es una experiencia que nos obliga a detenernos, a decidir aquí y ahora.

Respecto de la separación entre sexualidad y aborto creo que hay operaciones culturales, de las que no está exenta la producción literaria históricamente, que tienen que ver con los discursos de las iglesias y las morales patriarcales sobre la sexualidad. Lo que hacen es castigar el placer de las mujeres: condenando a las mujeres que abortan, condenan el libre ejercicio de su sexualidad, o más correctamente, la posibilidad de gestionar su placer. Hablar de aborto por lo tanto es también preguntarnos por nuestro placer. Allí donde hay alguien que tiene que decidir sobre un aborto, hubo alguien que tuvo sexo. Pareciera que si tuviste sexo y quedaste embarazada la que te queda es ser madre. Porque hablar de aborto también implica revelar que hay mujeres que al quedar embarazadas deciden clausurar la posibilidad de esa maternidad. Lo que se está atacando con la prohibición del aborto mediante su ilegalidad es que se tuvo la osadía de gozar y no cumplir con los roles asignados socialmente al género. En el ejercicio de la sexualidad se manifiesta la libertad que tienen las mujeres para gozar. Creo que la separación del aborto de la sexualidad produce un doble efecto: se ataca la gestión del placer de las mujeres y a la vez se niega la posibilidad de pensar la maternidad sin idealizaciones.

Y esto en los escritos se empieza a ver...

Sí, hablando de aborto estrictamente tenemos a poetas como Marosa Di Giorgio y Sylvia Plath. Volviendo a la maternidad me interesa mucho un poema “Se habla de Gabriel” de Rosario Castellanos. Ella ahí dice “quedé ofrecida, abierta a las visitaciones”. Parece decir “lo que hay en mí es un extraño”. Es decir, oigan señores esto no es lo que me enseñaron que era la maternidad, la estoy viviendo de otra manera.

Hay otro libro que me interesa puntualmente y se llama Matate, amor de Ariana Harwicz que también cuestiona la idea de maternidad edulcorada.

Respecto al aborto, son muchas las escritoras que lo han tematizado como Sara Gallardo a veces lo nombran con eufemismos eso en especial lo hacen los varones. Algunos varones hablan de “operación”, por ejemplo.

Eso es un reflejo de lo que pasa en la realidad

Exacto y yo creo que son las mujeres las primeras que empiezan a decir “es aborto” y lo ponen a circular en la literatura. El tema de las experiencias que viven las mujeres en lo cotidiano, en lo íntimo, en lo que a mí me gusta decir “chiquito” o mínimo, son cuestiones que han tematizado en la literatura aquellas escritoras que también se han posicionado públicamente como feministas.

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El actor Luis Machin lee uno de los textos del libro de Dahiana Belfiori,
El actor Luis Machin lee uno de los textos del libro de Dahiana Belfiori, "Código Rosa. Relatos sobre Abortos".

En Código Rosa ¿qué intentaste reflejar con los relatos sobre aborto?

Código Rosa es fruto de su tiempo y está construido en base a testimonios de mujeres que fueron acompañadas a abortar por feministas. Yo tomé esos testimonios y los ficcionalicé. La idea fue reflejar que la experiencia del aborto en sí misma, como toda experiencia, es única e irrepetible pero que a la vez forma comunidad, una comunidad constituida por las voces de quienes viven y vivimos esas experiencias en el cuerpo y en nuestras subjetividades. Voces que es bueno que sean escuchadas en narraciones que pretenden mostrar el aborto como una práctica cotidiana de las mujeres y que no retratan ni una forma de castigo ni un trauma necesariamente. El libro dice: tenemos herramientas materiales y subjetivas para transitar y tramitar estas vivencias de otras maneras. Como experiencia que forma parte de la vida de millones de personas aquí y en el mundo es susceptible de ser narrada sin juzgar. En ese sentido creo que el libro aporta para pensar las experiencias de aborto desde un lugar de generar empatía con quienes abortamos.

Lo que intenté con el libro fue escuchar lo que las mujeres tenían para decir, algo que vengo haciendo y que implica sobre todo escucharme a mí también. Hay algo ahí con la escucha que es interesante. Yo no puedo escuchar a otra persona si no estoy habilitada a escucharlo en mí también. Creo que el libro abre la puerta a ese tipo de escucha.

¿Qué libros pondrías sobre la mesa sobre aborto y otros tipos de sexualidades?

Por fuera de la ficción hay uno que voy a recomendar siempre que es Fornicar y Matar de Laura Klein. Es un ensayo sólidamente argumentado sobre el tema y salió por primera vez en 2005 cuando surge la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y ahora vuelve a ser publicado con el nombre Entre el Crimen y el Derecho, el problema del aborto.

En el campo literario y que no tematiza estrictamente el aborto pero necesario por los universos que narra para quienes queremos habitar otros mundos posibles Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara. Para pensar la maternidad, un libro imprescindible es Lengua Madre de María Teresa Andruetto que además enlaza con una cuestión fundamental en esto de pensar continuidades y rupturas en varias cuestiones en Argentina sobre la última dictadura cívico militar. El libro me gusta por cómo refleja la relación entre mujeres, entre madres e hijas. Y ahora que lo pienso es una particular reflexión acerca de por qué algunas queremos ser madres y otras no.

Otra escritora que hay que nombrar es Angélica Gorodischer con su libro de cuentos Las Nenas, donde se ve a las niñas y no tan niñas que toman decisiones sobre sus vidas. El muy justamente recomendado Cometierra de Dolores Reyes, Enero de Sara Gallardo, tantas...Selva Almada, Camila Sosa Villada y Susy Shock. Tununa Mercado: ella para mí es una escritora crucial. Luisa Valenzuela también, Victoria Ocampo, son todas escritoras argentinas que las siento maestras porque hablan desde nosotras, de nosotras y a nosotras. Siempre pienso además en lo que han tenido que dejar de lado para escribir… esto que dice en Un cuarto propio Virginia Woolf.

Olga Orozco como poeta, Amelia Biagioni es una escritora santafesina impresionante. Susana Thénon, Gabby De Cicco y un libro obligado a leer de elle es Queerland.

Leo mucha poesía y creo que ahí las mujeres hemos dicho muchas cosas a lo largo de las décadas. Liliana Lukin tiene un poemario que se llama Cartas que es alucinante. Idea Vilariño, Sylvia Molloy y sus reflexiones sobre la escritura y la memoria. María Moreno, Siri Hustvedt y Margaret Atwood, obviamente. Un libro que leí mientras escribía Código Rosa es Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan y es impresionante en esto de pesar las escrituras del yo.

Dahiana Belfiori presta atención a la escritura en primera persona y reivindica el género epistolar porque según dice se recoge allí lo más íntimo en diálogo con lo más público en el cruce de unas reflexiones sobre lo que está pasando en una sociedad en un momento determinado. Para Belfiori, al final de cuentas, “la literatura escrita por mujeres revela ciertas fisuras del sistema”.

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