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Gastronomía en crisis: "para muchos bares la reapertura es el principio del fin"

La menor cantidad de comensales, los altos alquileres y la carga impositiva preocupa al sector. El horario habilitado para funcionar, tampoco les es conveniente.

Los comercios gastronómicos de Rosario reabrieron el pasado 8 de junio luego de permanecer 80 días cerrados. Lo que en un principio significó entusiasmo por parte de los comerciantes, a un mes de la reapertura los balances se pusieron sobre la bacha y los rostros denotan gestos de preocupación por la crisis que se profundiza sobre el sector.

“Abrí hace dos semanas y solamente los fines de semana”, comentó a Versión Rosario Leandro Santero, titular de El Gran Chopp, comercio ubicado sobre el Paseo Pellegrini. “La situación es crítica y de acá a los próximos dos meses va a haber muchos más cierres debido a la reapertura, de eso estoy convencido”, agregó el empresario.

Otro de los importantes corredores gastronómicos rosarinos se encuentra emplazado en Pichincha. Los dueños de bares y restaurantes de esta zona comparten la misma preocupación que tienen sus pares de otros barrios de la ciudad. “Si antes trabajando al 100% costaba llegar a fin de mes, ahora trabajando al 50% la situación es más complicada. En términos económicos el panorama es súper negativo”, confió Pablo Jaubert, gerente de Hunter, un bar ubicado en Oroño y Jujuy. “Más allá de todo nos mantenemos positivos y con ganas de seguir adelante”, manifestó.

Las cervecerías adquirieron una gran popularidad en los últimos años sobre todo entre los jóvenes. Si bien son las que más están trabajando en este contexto de pandemia ya que los jóvenes “son los que menos miedo tienen de salir”, el panorama sigue siendo poco alentador.

“Nosotros abrimos los tres locales que la firma tiene en la ciudad y es muy difícil porque tenemos muchas deudas: impositivas, con proveedores. Los alquileres nos están resultando bastante insostenibles. Todo esto teniendo en cuenta que estamos en medio de una pandemia y en cuarentena. Esperamos que se vaya liberando la actividad un poco más, con toda la consciencia que se necesita, porque nosotros trabajamos bajo un protocolo súper estricto”, explicó Aldana Ramírez, gerenta general de Antares.

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La desesperación de vender poco y nada por delivery llevó a que algunos empresarios gastronómicos se tiraran a la pileta “para ver si pueden vender algo”, reconoció Santero, al tiempo que aseguró que hoy, los negocios están trabajando al 25% de su capacidad. “Van a ver el cimbronazo ahora y el empujoncito final para cerrar”, agregó el titular de El Gran Chopp.

Para los empresarios del sector el pronóstico al corto plazo es bastante preocupante y coinciden en que abrir va a ser el principio del fin. “Los comercios que puedan mantener cierta cantidad de clientes van a resistir si es que llegan a octubre o noviembre, cuando la situación climática sea otra”, aventuró Ramírez.

Para el referente de Hunter los establecimientos más chico son los que más deberían resistir, por el bajo costo fijo. “Ya cuando tenés más empleados, más costos de alquiler y todo lo que conlleva mantener un negocio grande, el estar cerrado al 100% es más complicado”, analizó.

El segmento

Los comercios ubicados en el Paseo Pellegrini apuntan a un segmento de familiaridad. En cambio, Pichincha, al aglomerar a la mayor cantidad de cervecerías, tiene un público más joven, que “son los que no tienen miedo a salir y que son los únicos que van a los bares los días de semana”, expresó Santero. “Las parrillas o comercios grandes que apuntan a la familia, estamos siendo muy afectados por esto, porque hace otro tipo de planes. Los únicos comercios que tienen cierto movimiento son los destinados a los jóvenes”, agregó.

Hace pocos días los gastronómicos pidieron la extensión del horario de apertura. Actualmente, están habilitados para mantener sus puertas abiertas de 7 a 23, lo que les reduce la posibilidad de ventas. “Nadie sale a las seis de la tarde a cenar. La cena es a las nueve o diez de la noche y ahora a las once tenés que echar a los clientes porque si no, tenés a la Municipalidad en la puerta amenazándote con que te clausura”, apuntó Jaubert.

Como estrategia para reducir costos -o maximizar la rentabilidad-, el gerente del bar de Pichincha indicó que redujeron los horarios del personal. “Trabajamos los domingos y martes con un bartender menos, un mozo menos y un empleado menos en cocina”, ejemplificó.

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Cierre y reclamo

En base a un relevamiento realizado por la Asociación Hotelero Gastronómica de Rosario (AHEGAR) son 300 los bares que cerraron en la ciudad desde el inicio de la pandemia. Entre estos, algunos de renombre como el Bar Blanco, La Maltería del Siglo o Queens. Desde la entidad afirmaron que “hoy hay un 20% menos de bares en Rosario que antes de la pandemia”.

La situación de crisis se replica en todo el país sobre un sector que concentra 650 mil trabajadores a nivel nacional en unos 50 mil comercios. Por este motivo es que están solicitando la Ley de Emergencia Hotelera Gastronómica, que establece la extensión de los aportes nacionales para el trabajo y la producción (ATP), reducciones en tarifas de servicios y del impuesto al valor agregado (IVA) y anulación de las comisiones que se pagan por tarjetas de crédito y débito. Específicamente piden la reducción del IVA al 10,5 y la eliminación del IVA turístico.

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