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Estudio de la UNR devela por qué se siente miedo a rendir un examen

La investigación fue llevada adelante por un equipo de la Facultad de Psicología, que indagó en las variantes del estrés académico que enfrentan los estudiantes de la Universidad local.

Insomnio la noche anterior al examen, sensación de querer irse aun sabiendo las respuestas, sudoración, dolor de cabeza, sensación de desmayo, gastritis, disminución de peso, sensación de parálisis en el cuerpo y procastinación. Esas son algunas de las sensaciones que perciben muchos estudiantes al enfrentarse a una instancia de examen.

El Departamento de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) realizó el trabajo “Evaluación de hábitos de estudio y ansiedad. El examen en la Universidad” para acercarse a una explicación de por qué las instancias de evaluación generan algún grado de tensión.

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Afrontar los exámenes parciales y finales así como incorporar hábitos de estudio son aspectos claves para la permanencia en una carrera. “Algunos alumnos experimentan preocupaciones exageradas con la consecuente activación fisiológica que esto implica, como por ejemplo la ansiedad de examen”, afirma la directora del proyecto, Mg. Graciela Bragagnolo y agrega: “En algunas oportunidades el estudiante puede sentir que sobrepasó su capacidad para desenvolverse bien, vivenciando la situación como altamente perturbadora”. Este particular malestar se conoce como estrés académico y surge de una interacción entre las formas de evaluación y la valoración que cada alumno realiza de sus posibilidades de afrontarlas con éxito. Esta tendencia impacta en su autoestima y su valoración social.

La Dra. Laura Paris explica que el estrés académico puede generar insatisfacción, malestar subjetivo, disminución del rendimiento académico y numerosas respuestas psicosomáticas. “La exposición constante de los alumnos a estas dificultades y la creencia en la imposibilidad de modificarlas configura un estado que los sobrepasa, quedando reducida su capacidad de adaptación”, analiza.

Las investigadoras que llevaron adelante este estudio exploraron las relaciones entre esa ansiedad de examen y los hábitos de estudio con el objetivo de diseñar una escala de conductas destinada a estudiantes universitarios de ciencias de la salud. Para tal fin realizaron grupos focales en la Facultad de Psicología en los que pudieron evidenciar algunos síntomas comunes entre los alumnos.

“La exposición constante de los alumnos a estas dificultades y la creencia en la imposibilidad de modificarlas configura un estado que los sobrepasa, quedando reducida su capacidad de adaptación”

Según detalla la investigación, los estudiantes narraron que evitan presentarse a rendir exámenes finales luego de experiencias “violentas”, entre las que mencionaron: reprobar sin comprender los motivos, falta de atención por parte de quien evalúa o discursos poco alentadores. También por tener una buena libreta y no querer “mancharla” con un aprobado. Asimismo, por la percepción de no poder afrontar la situación a pesar de haber estudiado mucho y el temor a algunos docentes.

El uso de ciertas cábalas para los exámenes tales como estampitas, rituales previos asociados a recordar contenidos con creencias mágicas, la evitación de docentes o temas con los que no hayan aprobado en exámenes anteriores, así como la ropa utilizada en esas ocasiones son descripciones surgidas de los relatos de los estudiantes.

Métodos de estudios

De la investigación llevada adelante por profesionales de la UNR surgió que los principales obstáculos están en los métodos de estudio utilizados. “La carencia de lecturas rápidas y exploratorias al comienzo, la falta de esquemas clasificatorios por unidad, no llevar apuntes al día, imposibilitan una visión de conjunto de temas y categorías. Esto no permite generar estrategias de aprendizaje y estructurar el estudio en el espacio y en el tiempo”, expecifican.

El temor a no saber estudiar, el desconocimiento de técnicas y métodos de estudio, los problemas en la organización y uso adecuado del tiempo, el miedo al fracaso, a hablar, a exponerse y a las evaluaciones, son algunas de las dificultades que manifiestan los universitarios.

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Los estudiantes manifestaron en las entrevistas no haber obtenido en el transcurso de la escuela primaria y secundaria las herramientas necesarias para afrontar la vida universitaria, como incorporar métodos y técnicas de estudio, poder expresarse en voz alta, y cuestiones más profundas como déficits en lectoescritura.

Por otro lado, el estudio devela que la búsqueda y clasificación de información es deficitaria “tanto en los aspectos tradicionales como informatizados” e incluye poco conocimiento de revistas científicas de sus especialidades. Además, es muy limitada la proporción de estudiantes en condiciones de manejar dos idiomas, según expresan las docentes. En los ítems que medían motivación para estudiar, entre el 40 y el 60 por ciento de las respuestas fueron “nada” o “poco”.

Investigaciones previas realizadas sobre hábitos de estudio con adolescentes determinaron que hay seis pasos básicos a realizar:

1- con todo el material, hacer una lectura rápida y exploratoria para ubicarse en el espacio y el tiempo.

2- una lectura comprensiva a fondo para entender y en caso contrario, tener la posibilidad de preguntar y averiguar.

3- subrayar palabras claves y hacer cuadros sinópticos.

4- un resumen propio. “Usar el resumen de otro no permite apropiarse del contenido porque este no fue procesado”, advierte Bragagnolo.

5- repetir en voz alta, por partes, hasta incorporar los conceptos.

6- repetir todo.

Las profesionales se esperanzan con que los resultados y conclusiones derivados del estudio contribuyan a una mejora de los procesos de aprendizaje de los alumnos de la carrera.

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