Actualidad | Música en la cárcel | Sueños de Libertad | Los Propios

En la cárcel, músicos de Rosario enseñan a entender la música como un derecho

Las bandas de cumbia Sueños de Libertad y Los Propios se formaron en las Unidades Carcelarias N° 3 y 6, respectivamente. La experiencia de los docentes como talleristas de música con personas privadas de su libertad.

Lo que pasaba los jueves a la mañana en la Unidad Carcelaria N° 3 no ocurría los otros días. Los jueves a la mañana, durante aproximadamente tres horas, sonaba cumbia al palo en toda la manzana. La banda que tocaba dentro se llama Sueños de Libertad y está integrada por internos de todas las edades: desde los 25 años y hasta mucho más. Se formó en el taller que dan Lucas Porreca, Bruno Schillagi y Micaela Sawicz desde 2017.

Lucas ese año cursaba el profesorado de Comunicación Social y, por una de las materias que se llama Residencia Integral, empezó a ir a la cárcel junto con Bruno. Todo formaba parte de un programa llamado Educación en Cárceles, que en ese tiempo pertenecía a la Secretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Ciencia Política y ahora forma parte de la Secretaría de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

“De alguna manera, funciona para que los pibes que terminan la secundaria sigan estudiando. Se hace un acompañamiento institucional, pedagógico”, dice Lucas. Empezaron a ir para tener charlas con los muchachos. Y en ese marco, el día que se presentó el programa en la Unidad N° 3, conocieron a Sergio, un interno que toca la guitarra y canta, con experiencia anterior en un taller de música de la cárcel de Piñeiro. “Nosotros le dijimos que también éramos músicos, y él nos dijo que quería retomar el taller”, pero por ser interno, no lo dejaban darlo. “Hablamos con La Bemba del sur -un colectivo de talleristas de cárceles-, y propusimos dar un taller de música dentro de las prácticas que íbamos a hacer. Y así empezamos, como parte de las prácticas para el profesorado”, rememora Lucas. En esos encuentros, también conocieron a Micaela, otra compañera del profesorado, y decidieron dictar el taller entre los tres.

A partir de 2018 Lucas, Bruno y Micaela se sumaron a La Bemba del sur, y trabajaron en conjunto con el programa Nueva Oportunidad. Durante ese año y también en 2019, el taller siguió desde La Bemba y dentro del programa provincial, lo que les permitió tener una remuneración y equiparse. Lucas cuenta que cuando empezaron llevaban sus propias cosas para dar las clases, “y era bastante precario el taller en algunas cuestiones”. Pero a través de Nueva Oportunidad consiguieron cambiar ese panorama. “Además, ganamos un concurso del Fondo Nacional de las artes, también el programa Ingenia. Eso nos permitió equiparnos mejor, con equipos de sonido e instrumentos”.

Durante los tres años que dictaron el taller fueron una vez por semana, entre tres y cuatro horas. Ellos iban los jueves a la mañana. El taller se hacía siempre en El Cultural, un espacio de la unidad penitenciaria que es un galpón abierto, con un número de internos que oscilaba entre 15 y 20 personas.

“Es loco lo que se generaba los jueves a la mañana cuando íbamos al taller, porque sonaba la cumbia en toda la manzana de la cárcel, muy fuerte, y nunca nos dijeron nada. Inclusive los mismos policías, cuando nosotros llegamos, nos saludan y nos comentan ‘¡qué bueno que viene la cumbia!’. Eso también es loco en la música: genera una empatía hasta con los mismos policías que nos dicen que la banda cada vez suena mejor”, remarca Lucas.

Fundamentalmente apuntaron a que la música sea entendida como un trabajo y que el taller no se limite sólo a lo creativo. “Nuestra idea del taller también tiene mucho que ver con que no solamente sea recreación, aunque lo es y sirve para distenderse y olvidarse del mambo que es estar en la cárcel. Pero como nosotros también lo vemos como un laburo, intentamos transmitir eso”. Con constancia habla del músico como laburante, e insiste: “les decimos que ellos pueden salir y trabajar de la música. No solamente hablamos de cómo ejecutar un instrumento, sino de todo lo que envuelve la música. También del sonido, cómo funciona. Cuando grabamos el disco, también hablamos sobre cómo se graba”, completa.

EXTERIOR TAPA Y CONTRATAPA DE CAJA.jpg

El disco lleva el nombre de la banda, Sueños de Libertad. Hicieron varias copias que estuvieron a la venta, y pronto lo subirán a YouTube. Mientras, esperan que en algún momento del año, cuando la pandemia lo permita, se reanuden los talleres que en 2020 directamente no comenzaron.

Experiencia en la Unidad N° 6

La Unidad N° 3 no es la única que contiene este tipo de experiencias. En 2018 varios músicos y músicas que pertenecen al colectivo Canción Urgente participaron en un cierre de año de las actividades que se dan en la Unidad Penitenciaria N° 6. Movilizados por la situación, se comprometieron volver al año siguiente para hacer un taller de música. Así fue que, en 2019, dieron también con el programa Nueva Oportunidad. Una vez que Canción Urgente fue incluida en el programa, comenzaron las clases. Ocuparon el espacio de “Las Bastardillas son nuestras”, un taller que hacía cinco años era una producción literaria encabezada por dos psicólogos de la unidad. Decidieron que los docentes fueran Pablo Pino y Florencia Crocci y así empezó a funcionar, dos veces por semana: lunes y viernes de 10 a 12.

Ezequiel Salanitro, uno de los músicos alentadores de Canción Urgente, relata que la idea era que sea un taller de composición, y cuando entraron, se dieron cuenta de que ya había un potencial creativo, las composiciones estaban hechas. Y todo se hizo “más fácil, más dinámico, y con mucha expectativa”. Entonces estaban preparados para sumar el otro objetivo. “La idea era acompañar a los chicos artísticamente como lo hacemos nosotros. Con plataformas digitales, con derechos de autor, con articulación con el INAMU (Instituto Nacional de la Música), con acercamiento a productores del circuito de la cumbia”, señala.

musica en la cárcel.jpeg

“El INAMU necesita comprometerse. Los músicos que se organizan para pelear por sus derechos necesitan comprometerse, también, con los derechos de los músicos que están postergados. Por eso accionamos con Canción Urgente. Para que no se trate de llevarles un bolsón nada más. Que ese bolsón derive en ‘che, ¿tenés registrados los temas en Sadaic? ¿estás en el INAMU? ¿Te llegó la beca del Fondo Nacional de las Artes?’. O sea, la llegada a espacios tiene que ver con el acceso a la información. Igual que hablarles de las plataformas, tiene que ver con mirar a los pibes en un circuito real y concreto, que también se vean los pibes afuera, no solo adentro. De los más activos, la mitad ya tiene salidas transitorias. Hay que pensar en la salida. Tiene que ver con que tengan los mismos derechos que tenemos nosotros. Que ellos sepan que con un recital que toquen, si tienen los derechos de autor en Sadaic, pueden cobrar una guita. Se trata de abrir la información”, dice Ezequiel.

Del taller participaban unas 12 personas y en la banda estable variaban entre seis o siete. “El taller está sostenido por la condición humana de las personas que van a enseñar. Porque Pablo y Flor se comprometen. Los recursos son pocos y se pagan a plazo largo. La pandemia claramente condiciona al taller como a todos los niveles de educación, condicionado además por el tipo de método. Determina que no podamos entrar”, agrega Salanitro.

La banda que formaron se llama Los Propios. El nombre se lo pusieron los internos Ezequiel y Pachita. Este último, lo llaman Pablo Lezcano. “Tiene esa impronta: tímbrica de cumbia villera, base electrónica”, describe Ezequiel. Y Flor Croci aporta: “el Pacha es un groso. Con Pablo lo pusimos como director de la banda”. También entiende la docencia vinculada a la música como un ida y vuelta necesario.

La música es un campo de juego importante con respecto a las emociones. En este caso, son emociones que tienen que ver con estar encerrados, pero en libertad. Porque el arte es una creación, la música es un medio de expresión. Entonces hacer música desde el encierro es muy importante para sentirte libre. Los pibes están muy copados, muy contentos. Es muy importante que haya arte en todos los sectores, pero más en estos espacios de tanta austeridad, reflexiona Florencia.

Flor Croci también impulsó a que Ema, otro de los internos, toque el bajo cuando lo que sabía tocar era la guitarra. Pero se necesitaba un bajista. Y está Ezequiel, que era público de Cielo Razzo, y fue muy emocionante cuando se encontró con Pablo Pino (cantante) como docente.

“Es una experiencia muy linda llevar lo que hacemos nosotros a personas que están privada de su libertad, que es algo tremendo. Cuando nos esperaban a nosotros porque estaban terminando una canción, que hayan confiado en nosotros, que hayan dejado delante de nosotros sus expresiones… Se basó en mucha química y en confianza, que para hacer música es fundamental. Una experiencia muy linda y enriquecedora”, afirma Pablo Pino.

Tanto las voces que llevan adelante el taller en la Unidad N° 3 como en la N° 6, manifiestan que algunos de los músicos ya salieron en libertad y siguen haciendo actividades post penitenciarias, lo que resulta bastante complejo, “porque hay un hermetismo en el sistema, hay un descuido para con las personas que pasan por esos lugares”, dice Ezequiel Salanitro, quien asegura que cuando vuelva todo a su curso grabarán con Los Propios un disco alta gama basado en los seis demos que ya registraron.

Mientras tanto, Lucas Porreca refuerza el sentido del taller: “Nosotros pensamos a la cultura desde una perspectiva de derecho. Y todos tenemos derecho a estar con la cultura. Creemos que el arte, la cultura, es parte innata del humano. Y la música, aún para quienes no se consideran músicos, es parte fundamental, como el habla o caminar. Cualquiera puede aprender o estar en contacto con la música”, cierra.

Dejá tu comentario