Judiciales / Policiales | Ema "Pimpi" Sandoval

Ema "Pimpi" Sandoval y la generación descartable del negocio narco

Quien participó del atentado a la casa del ex gobernador Bonfatti, acribillado este viernes por la mañana, integra una larga lista de jóvenes que crecieron a la par de la violenta expansión del narcotráfico en los barrios periféricos. El extenso prontuario de la víctima.

Rosario se acostumbró a enterrar a jóvenes que son asesinados antes de cumplir los 30 años. La mayoría muere en el anonimato, con apenas una fugaz mención en las crónicas policiales de diarios y portales. Otros, como el caso de Ema "Pimpi" Sandoval, los de mayor renombre en el mundo del hampa, se convierten en "los chicos de la tapa" durante algunos días. La reciente guerra "Funes-Camino", dos clanes liderados por las segundas generaciones de familias con extensos prontuarios, expuso una realidad que, pareciera, llegó para quedarse: las de pibes que se convierten en "capos" al traspasar la adolescencia, que administran el negocio narco con códigos propios, que primero orden disparar y luego piensan las consecuencias de sus actos.

Ema Sandoval tampoco cruzó la barrera de los 30. Lo asesinaron a los 28. Sus marcas en la justicia provincial aparecen al poco de cumplir 18, tres años antes de que su apodo y apellido quedasen vinculados a uno de los ataques más graves en la historia de la democracia en Santa Fe. La mayoría de sus andanzas delictivas fueron en la zona norte de la ciudad, su lugar en el mundo. Donde nació, creció y murió.

Una crónica del diario El Ciudadano del 3 de marzo de 2018 da cuenta de una vida "plagada de tiros". En enero de 2010 fue detenido en el marco de una batalla barrial que quedó caratulada como amenazas coactivas y abuso de armas junto con su padre y un policía que trabajaba en Medicina Legal. Una vecina acusó al uniformado de balearle el frente de su casa de Washington al 2200 dos veces para evitar que denunciara a los hijos del efectivo policial por haberle metido un tiro a su yerno. Según su relato, entre los atacantes, además del policía, estaban José Sandoval, alias Pimpi y quien tenía puesto un chaleco antibalas, y su hijo Emanuel, apodado Ema Pimpi.

Catorce meses más tarde Ema Pimpi volvió a caer preso, esta vez por un homicidio en Casiano Casas (al 1700) y Cavia sucedido el 18 de marzo de 2011, pero no hubo pruebas para incriminarlo. La víctima fue Guillermo Coliberti, alias Matacaballo, que se dedicaba a la compraventa de autos, quien transitaba en un Chevrolet Corsa cuando fue ejecutado de un tiro en el abdomen.

El 15 de octubre de 2011 lo vincularon con un crimen que por su brutalidad tuvo gran difusión en los medios. Elías Bravo, de 17 años, recibió 30 balazos frente a un búnker ubicado en Felipe Moré y French. El pibe solía mejicanear las bocas de expendio y le habían puesto precio a su cabeza. Sin embargo, Ema Pimpi nunca fue detenido en este expediente. Tampoco su primo Darío Fernández, alias Oreja, asesinado en noviembre de 2015. Éste muchacho y Ema Pimpi fueron mencionados como lugartenientes de dos pesados que supieron compartir sociedades: Esteban Alvarado (quien cumplió condena por robo de autos en el Gran Buenos Aires) y Luis Medina (ultimado junto con su pareja en el acceso sur en diciembre de 2013).

El apodo de Sanvoval sobrevoló también el homicidio de Luciano Díaz, un albañil que quedó en medio de un tiroteo entre dos grupos narco en Medrano al 2600 (y Coliqueo), en barrio La Cerámica. Según las crónicas de la época, Ema Pimpi y sus secuaces irrumpieron a los tiros en bucas de un joven que les había mejicaneado una boca de expendio ubicada sobre calle Molina, balearon a un soldadito y causaron heridas mortales a Díaz. Tampoco Ema fue indagado por este caso.

Su último capítulo delictivo estuvo relacionado a una doble tentativa de homicidio contra dos primos. La agresión ocurrió el 27 de junio del año 2017 en Gallardo y Cavia, barrio Casiano Casas. Eran las 3.30 cuando Juan y Marcos M. recibieron una lluvia de balas en los brazos y pechos que los dejó convalecientes y sobrevivieron. Dos de los agresores iban en una moto Honda Tornado y los otros cuatro en un Peugeot 307 gris, comandados por Ema. El fiscal Spelta ordenó allanamientos en dos viviendas; en Cavia al 1300 los uniformados dieron con la ex mujer de Ema y su hijo menor, y se llevaron secuestrados tres celulares y un handy. Sandoval recién cayó meses más tarde, en una tapera que usaba para esconderse. Este viernes, cuando lo asesinado, cumplía la condena por aquella tentativa de homicidio. Tenía una tobillera electrónica y una sentencia de prisión domiciliaria.

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