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El Soldado, peregrino de esta soledad

El músico presenta "Canciones de un Largo Camino'', su primer show oficial por streaming. Confinado en Villa Gesell, interpretará canciones de toda su extensa discografía, que incluye invitados como Litto Nebbia, Skay, el Indio e Hilda Lizarazu. Habló de todo con Versión Rosario.

Tiene ocho discos, un número grande de seguidores y seguidoras en todo el país, sin embargo, lamentablemente todavía no se conoce en profundidad su obra. Se lo sigue presentando como “el plomo de Los Redondos”. Y sí, es cierto, fue el plomo de Los Redondos. Pero en 1997 fue la última vez que tiró un cable con la banda de Patricio Rey. Ya había sacado su primer disco ese mismo año cuando después de un show en la cancha de Colón de Santa Fe, dijo chau a su primera vida dentro de universo de la música y le dio la bienvenida a la segunda parte: la de ser músico. Esa primera producción que se titula Tren de fugitivos ostenta el encanto de contar con Skay Beilinson y el Indio Solari como invitados. Pero El Soldado es más que eso. Es un hacedor de canciones, que además son lindas. Siguiendo una tradición emparentada en musicalidades a lo Tom Petty o Neil Young, relata aventuras maquilladas con escenas de ficción diaria.

Hoy está recluido en Villa Gesell, a propósito de la cuarentena obligatoria por Covid-19. El Soldado estaba presto a presentar su último material publicado, que se titula El sueño de la mariposa en varias ciudades de Argentina. Pero se cancelaron las fechas por la pandemia y se fue a la ciudad costera a componer. Estando allí se dictaminó la cuarenta y allá se quedó. Los domingos tocaba en vivo por Facebook, y ahora decidió hacer un show algo más pretensioso.

Asegura que se lleva muy bien con las plataformas digitales para sacar discos. “A mí me favoreció porque tengo más plays que venta de discos físicos”, reconoce. Mi fruto prohibido, tema que abre su último EP, tiene quinientas mil reproducciones. Y Ángel de los perdedores, canción incluida en su primer disco y cantada junto al Indio Solari, tiene doce millones.

También indica que se siente cómodo tocando en el formato redes sociales: “Es una nueva experiencia, hice unos preliminares a través del Facebook live y estuvo bueno, pero muy precario porque era con un teléfono. Lo próximo está más trabajado y va a ser en un estudio, con otro audio, buen audio”.

Va a tocar el sábado 29 de agosto, a las 23. El acceso al concierto es a través de un link que se envía luego de abonar una accesible entrada aquí: www.passline.com

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¿Cuál es tu relación con Villa Gesell?

Vine ahora y me tuve que quedar. La primera vez había venido en los años ochenta y luego algunas veces por trabajo. Pero había dejado de venir y ahora estoy acá, hace seis meses. Vine pensando en que esto iba a parar, que iba a ser cuestión de unas semanas. Y me agarró acá, hasta que abran las fronteras, estoy acá.

¿Estás solo?

Sí.

¿Y cómo te llevas con vos mismo?

A veces bien, otras mal. Es cuestión de acostumbrarse. Es una experiencia, hay que buscarle la vuelta. Esta lo cotidiano, la rutina. Hay que tratar de romper la rutina y después volver a lo cotidiano. Un juego de tres que lo tengo que combinar. Y en lo cotidiano está todo, mi trabajo también. Y parte del trabajo es generar cosas. Yo vine a hacer canciones, e hice canciones. Una de las cosas para la que vine, es hacer canciones, que es lo que necesito para generar la obra.

Tuviste un momento de exposición fuerte. Recuerdo un Cosquín Rock donde Erica García –que tocaba antes- confesó que quemó su guitarra en plan Hendrix, porque el público de los Redondos te estaba esperando a vos. ¿Qué pasó luego? Porque tal vez no estás expuesto, pero seguiste sacando discos

A veces la exposición forma parte de… no sé cómo decirlo. La exposición es algo que lo podés generar, como ahora, que lo necesito. El otro lado nunca me necesitó tanto, entonces yo tampoco. Cuando lo necesité, tuve respuesta y de todos modos no dejé de hacer. Esto de pertenecer y de estar, vos sabes cómo es. También lo de en qué lugar estar. A veces te toca y a veces hay una elección de querer formar parte de algo. No es que no me interesa. Sí me interesa. Pero no creo que sea tan importante para la carrera del alguien. La exposición te hace pasar a otra instancia, obviamente. ¿Pero de qué forma? No sé. Tampoco estuve presente porque no vamos -porque no me invitan- a tocar en festivales. Un poco es que no estoy expuesto porque no estoy en los medios. Y tal vez es por no formar parte de nada oficial, no estar en un catálogo.

Más allá de lo musical, ¿tenés un patrón que seguís en las letras? ¿qué te gusta contar?

Me gusta contar pequeñas historias, que casi siempre son las mismas. El héroe o la heroína, siempre son los mismos en su carácter y en sus rasgos. No creo que me pueda ir mucho de mis rasgos, de mis formas de expresarme. No escribo bien en primera persona, siempre algo de uno hay, pero no siempre estoy en esas cosas. Y son atemporales. Son crónicas con un tipo de descripción. Las descripciones con pequeñas historias. Pero lo que más me gusta, son las canciones más abstractas.

En tu último trabajo publicado hay una canción con Litto Nebbia. ¿Qué representa Nebbia para vos?

Es una reversión de una canción de mi disco Visiones de un rompecabezas (2006). Nebbia es uno de los músicos que yo escuche de chico, antes que a los otros, porque venían algunas canciones en un compilado de RCA. También venían de Almendra. Eran unos mezcladitos y Nebbia ya estaba ahí. Volumen 1 y 2, grandes discos de Nebbia después de Los Gatos. Y de alguna manera la canción que yo hice es como una canción de Nebbia. Yo lo conocía solo a la distancia. Es un hombre muy amable, es una persona muy grata. Me fue conociendo por unos amigos que tocan con él. Hay una banda de General Roca que toca con Willy Crook y conmigo también cuando voy y ellos me hicieron el enlace con Litto.

Hay autores que tienen canciones que no hicieron, pero son de ellos…

Totalmente. Y de alguna manera tengo un buen ojo para los duetos. Tengo otro con Hilda Lizarzu –Allá va soñando, 2016-, que le pone una frescura de ella. Y la del Indio, que es justa para que la cante. Amén de lo que pasó con la canción.

¿Cuándo empezaste a sentirte músico?

Yo jugaba a ser músico. Jugué, hasta que me hice músico. Ya que estoy en el baile, bueno, bailemos. Salí a defender lo que hice y luego a revalidarlo de alguna manera. Pero antes de sacar el primer disco yo no era músico. Era un trabajador de la música. Componía muy poco, casi nada. El laburo lo dejé después que se publicó Tren de Fugitivos. Saqué el disco en abril de 1997 y el último show que hice como plomo fue con Los Redondos en el estadio de Colón de Santa Fe, en diciembre.

¿Te vas a quedar en Villa Gesell?

Creo que me vuelvo a mi patria. Cuando habiliten las fronteras, donde estoy se volverá muy veranil. Y quiero descansar.

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