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El ministro con un cargo inseguro

Las últimas semanas fueron para olvidar en materia de seguridad para la provincia de Santa Fe. Si bien desde hace casi una década nuestra región es protagonista de los índices de violencia más altos del país, la sucesión de crímenes que involucraron a víctimas ajenas a cualquier disputa territorial por el negocio narco han conmovido a gran parte de la sociedad. Una adolescente de 14 años, un vecino que quedó en medio de una balacera, un joven cocinero que esperaba a su padre en la puerta de un hospital y un sinfín de historias de vida truncas por la maldita manía rosarina de acostumbrarse a la muerte.

En la enumeración de hechos se puede sumar la protesta policial iniciada el 10 de septiembre, versión de cabotaje de la rebelión en provincia de Buenos Aires. Por estos lares la reacción fue un incremento para los agentes, una flamante jefa de la Unidad Regional II mostrando carácter y un ministro de Seguridad peleándose de nuevo con los senadores de su partido. Y sí, otra vez Marcelo Saín haciendo declaraciones fuertes y acusando a propios y extraños del intento de sublevación de los “azules” ya retirados de la fuerza. Lo llamativo es que la medida de protesta estuvo bastante controlada y hasta se puede hablar de un retroceso rápido y con escaso efecto dominó, a diferencia del tembladeral padecido por Axel Kicillof.

Saín comenzó el mes de septiembre con una parte de la misión cumplida: del 29 de agosto data la portada del proyecto difundido de ley del Sistema Policial, el último de los tres que prometió el bonaerense para sanear la seguridad pública santafesina. En la lectura del Plan de Modernización Normativa que se plantean desde el Ministerio, se aprecia un gran desarrollo teórico y de diagnóstico elaborado para enfrentar el posterior desafío legislativo. Fuentes policiales de experiencia afirmaron que, más allá de sus consideraciones personales sobre el “Picante”, los documentos difundidos revelan un trabajo concreto y permiten empezar el debate con mayor sensatez por fuera de las furiosas, y habituales, declaraciones mediáticas.

Pero poco le duró la primavera al titular de la cartera de Seguridad. No sólo por la obscena cantidad de homicidios acontecidos en pocos días en Rosario, también la insensibilidad con la que actúa ante cada nuevo hecho le comenzó a jugar en contra dentro del gabinete de Omar Perotti. Si bien el gobernador formalmente lo sostiene en el cargo, no son pocos los integrantes de la Casa Gris que le sugieren cambiar el fusible del “Capitán América”. Algunas versiones mencionan que el momento oportuno del despido llegaría con el casi seguro rechazo de la Legislatura a los proyectos encomendados a Saín. Tanto el ingreso al Senado comandado por el PJ o bien a la Cámara de Diputados presidida por el Frente Progresista parecen escollos infranqueables para el avance de la ley. Este escenario sería letal para la continuidad de Saín en el gobierno de Santa Fe, no sólo por el escaso margen político que tendría, sino porque él mismo ponderó estas reformas como condición para su gestión. Paradojas del destino, los mismos a los que les tira piedras son los que les pueden tirar un centro.

Como si esto no fuera suficiente, y para colmar el vaso del disgusto generalizado, se suma otro dato que decora el escenario de una gestión que parece en declive: se supo que el ministro “picante” permaneció aislado por haber estado en contacto estrecho con un positivo de Covid, lo cual no es nada llamativo ya que la pandemia está en su punto más álgido, como se dice, y los funcionarios son muchas veces los más expuestos. Lo que sí es curioso es que la responsable y preventiva medida habría tenido lugar fuera de la provincia, más precisamente en un departamento de la Capital Federal, en el exclusivo Puerto Madero.

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