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El ensayo de responder una pregunta sin respuesta

Cómo se hace el Rock es una docuserie de cuatro capítulos realizada y protagonizada por el músico rosarino Pablo Jubany que se estrenó esta semana en 5RTV. Allí se puede ver parte de la escena de la música rock de la ciudad retratada a través del proyecto musical del artista que lleva el relato.

Una voz en off, imágenes de Rosario y de New York. Músicos, bandas, comunicadores, sonidistas y muchos espacios físicos –bares, teatros, salas de ensayo, centros culturales- donde se desarrollan diferentes actividades vinculadas al universo del rock en Rosario, en el cuerpo y la voz de uno de sus protagonistas más intensos es lo que ofrece Cómo se hace el rock, la serie documental que produce Pablo Jubany quién está en el ojo del huracán. Y el primer capítulo deja marcado un camino prometedor. El relato contiene una pizca de todos los condimentos que se necesitan para captar atención y generar deseo. Hay acción en las escenas de shows en vivo, paisaje urbano, perfiles de artistas, personajes extras y misterio al no saber cómo se desarrollarán los siguientes episodios ante un tapiz de interrogantes que provocan incertidumbre.

En principio era un producto pensado para YouTube. “Quería dar el salto a otro medio, más contemporáneo”, dice y se explaya: “El circuito musical tal como lo conocíamos desapareció. Ahora tenemos otro mercado musical que cuanto menos me parece insuficiente en montón de sentidos, porque no genera recursos. O sea, la manera en que se distribuye y se consume la música grabada y las complicaciones previas a esto que ya existían para los shows en vivo, me parecía que a esta altura de la vida en la que uno no va a dedicarse a otra cosa, daba para dar el salto hacia otro formato”.

Cómo se hace el Rock - trailer docuserie

En ese sentido es que nace el título del programa Cómo se hace el rock. A priori, un tanto pretencioso. Porque si bien no tiene signos de pregunta, es una afirmación que potencia un secreto. Y ese secreto tiene infinitas respuestas, o incluso tal vez ni siquiera existan. Pero tiene una explicación: “me parecía que podía estar piola hacerlo en el lenguaje de YouTube, medio de tutorial. Por eso el título, para emparentarlo irónicamente con ¿cómo se cambia el cuerito de una canilla? o ¿Cómo puedo editar en Photoshop? Y funciona en doble sentido, porque si bien es un producto televisivo, va a terminar quedando en YouTube. Y, por otro lado, no es un título irónico, porque la serie lo único que presenta son interrogantes, inquietudes e incertidumbre”, explica.

El vínculo de Jubany con el mundo de la producción audiovisual se resume en que fue productor, realizador, editor y director de sus video clips. También del documental propio Sueños de arquitecto. Pero fundamentalmente en que es un ávido consumidor de televisión, “incluso consumo más televisión que literatura y música. Y no solo series, sino televisión pura y dura. La tele está prendida en mi casa todo el día”, reconoce. Entonces confiesa que cuando profundiza en el rubro -en este caso con un programa de televisión-, confía en su instinto como consumidor, “en aquello que a mí me gustaría ver”, expone.

A Jubany le resulta complejo delegar. No por falta de confianza hacía otras personas, ni tampoco por subestimar aptitudes. De hecho, es un músico que sabe admirar el trabajo ajeno de colegas contemporáneos e históricos. Pero a la vez, tiene una idea acabada del producto final que quiere lograr. Ve la obra terminada antes de empezarla. Y hasta hoy no existe otra manera de que ese producto no se realice exactamente como lo imaginó y lo termine él o esté presente en todos los detalles. De ahí que esta serie documental esté completamente auto realizada, a excepción de una cámara. “Tan en solitario era la idea original del proyecto, que hasta pensé ser yo mismo el que registrara las actividades nuestras y a partir de ahí armar el contenido. Pero después me di cuenta de que lo único que me faltaba hacer era filmar, y realmente no ayudaba para nada. Y a partir de esa necesidad de contar con un camarógrafo y por ende contar con un mínimo presupuesto, fue que se dio dar el paso a la televisión”, explica.

O sea, después del trabajo que hace Blas Zanella –cámara- todo lo demás lo hace Jubany. La productora que figura, Tesla contenidos, es él y su amigo -músico y productor- Charlie Egg, que de todos modos en esta ocasión no participa del armado.

En su imaginario y objetivo, Pablo tenía claro que debía lograr algunas pautas para su producto. Por ejemplo, imaginó que debía tener cierto interés universal para mostrar parte de la escena musical de Rosario, utilizando como tronco sus propias actividades. Porque el programa no es solo sobre Pablo Jubany, sino que tiene “una mirada sobre otros protagonistas”. Aquí dice: “tenemos la intención de mostrar la riqueza y la diversidad de la escena y de los actores que confluyen en ella e interactúan con nosotros y entre sí a la hora de constituir nuestro circuito”.

Además de la voz en off, la mayoría de sus intervenciones son mirando frente a cámara, idea que viene desde la primera intención en la que el producto iba a ser exclusivo para YouTube. En ese sentido, existe un punto clave en el relato, y es su llegada a New York a los pocos días de presentarse en el ECU. “Allá no pude desarrollar todo lo que tenía pensado, pero quedó una prueba de cámara donde cuento parte de la idea. Y eso no podía quedar afuera”. Cuando revela estos detalles, parece describir el armado de un Frankestein. Lo llamativo es que el resultado final da una sensación muy distinta, al contrario, todo parece estar preparado muy en detalle en puesta y guion. “Lo que decís sobre armar un Frankestein es realmente así. De cada cosa que hice voy viendo qué es lo más jugoso y cómo eso lo puedo hilar en un relato coherente. Por ejemplo, la idea de la voz en off aparece cuando me pongo a editar”, dice.

La experiencia propia está explícita en lo autorreferencial, y a su vez, esa experiencia propia hecha luz sobre el contexto de parte de la escena de la música rock en Rosario. Digo parte, porque está claro que no deja de ser su mirada. Jubany entiende que en un principio intentó no ser constante en lo autorreferencial, pero luego descubrió la riqueza narrativa justamente radicaba en eso. Sin embargo, no molesta la omnipresencia y se destaca la lectura del panorama musical. Dice una frase que refleja lo que muchas personas sienten sobre ser músico en Rosario: “la ciudad tiene una cosa medio endogámica, como que no da salir de ella para no descuidar vaya uno a saber qué cosa”. Esa incertidumbre de por qué enamora un ambiente que muchas veces se presenta hostil, es lo que funciona como carnada. ¿Cuál es la trampa? ¿Realmente hay una trampa? Entonces aparece un contrapunto con New York, “la capital mundial de muchas cosas” como describe el protagonista.

Los días previos a viajar, Jubany sentía lo que a veces la ciudad te hace sentir, el “para que me voy a ir”. “Aunque sea por dos meses, uno teme que, en esos dos meses, finalmente pase algo importante. Siempre está esa cosa de pensar que, si te vas, justo pasa algo. Y uno después vuelve y las cosas para bien y para mal, siguen estando donde estaban”.

A modo de spoiler, podemos decir que la serie termina cuando comienza el aislamiento. En ese camino, “la pregunta que se hace el título se profundiza y se vuelve más atroz”.

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