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Desde el Fondo de las ruinas

La pantomima se ha iniciado y cada sector va jugando sus cartas: desde los sectores financieros especulativos intentando un rulo de suerte ante la marejada descontrolada que lejos está el Banco Central de controlar, pasando por los industriales y su fondeo productivo por la escasa demanda interna y llegando a los referentes políticos que esperan zarpar hacia otros horizontes. Las metáforas náuticas, tan utilizadas recientemente, sirven para graficar el río revuelto previo a las elecciones de octubre. Y lo que queda claro en cada alegoría es que, como en las aguas abiertas, las embarcaciones son disímiles y quienes tengan mejores recursos podrán mantenerse a salvo de esta nueva tormenta.

Lo evidente por estos tiempos es que la fragilidad económica es letal para un desarrollo social equitativo, aunque queda de manifiesto que las reales preocupaciones de las autoridades llegan cuando los proyectos partidarios se caen más que cuando miles de familias perforan la línea de pobreza. Hablar, prolongar y votar la emergencia alimentaria en Argentina resulta obsceno ante la opulencia de sectores concentrados que se vanaglorian de la cantidad de personas que pueden dar de comer con cada barco que exportan, pero que lejos están de preocuparse por la nutrición de los habitantes de su tierra fértil. Para eso está el Estado, que es de todos pero no es de nadie.

En tiempos en que los debates se agrietan y los consensos se negocian, las herramientas posibles para salir a flote deberían estar dadas partiendo de una base: el interés común

Por eso hay que estar atentos a los movimientos de los líderes de diferentes sectores, saber si otra vez quieren salvarse solos. Emboscar a los que tratan de sacar ventajas de la miseria ajena y que además fueron en parte responsables del zafarrancho. Los de afuera y los de adentro tendrán que ser consecuentes con la idea de buscar una salida airosa para todos, hay que medirlos de cerca y recordarles su pasado reciente. La ya fracasada tutela del FMI volvió con los resultados de siempre y quienes se beneficiaron con su llegada tienen las mismas caras.

En tiempos en que los debates se agrietan y los consensos se negocian, las herramientas posibles para salir a flote deberían estar dadas partiendo de una base: el interés común ante todo. Jerarquizar la vida en comunidad garantizando que el fruto del suelo patrio le brinde dignidad mínima a las familias que han dejado fuera de borda. Será momento de pedir más que salvavidas, de poder subir a la cubierta para poder decidir el destino. Es parte del hastío, del grito desesperado desde el fondo de las ruinas.

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