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¿Da para leerlo en cuarentena?: George Orwell, 1984 (1949)

En las últimas semanas, en estos episodios cuarenténicos de nuestra querida sección "Da para leerlo", nos venimos abocando a la presentación de obras literarias referidas a pandemias y encierros necesarios por motivos preventivos. No son pocos los ciudadanos que se enojan con la situación y llaman a la cuarentena preventiva control social.

En una situación como la actual, dicho control, que forma parte inseparable de nuestro sistema, se profundiza, se hace más presente y más inflexible. Aunque, si se ve un poco el panorama mundial y observa a pensadores lúcidos como Trump y Bolsonaro, compra el control social sin chistar. Sin embargo, se entiende el disgusto, el desgano, la ira contenida y todo eso que genera la falta de libertad (o de falsa libertad) que tenemos en épocas normales.

El autor y la obra que presentamos hoy tienen mucho que ver con la estructura del poder que controla la vida del pueblo, y cuando se vuelve despótico, traiciona los ideales que alguna vez sostuvo.

El quetejedi Orwell, nacido bajo el nombre Eric Arthur Blair en el año 1903, se pasó la vida escribiendo. Fue conocido como cronista y periodista, publicando gran parte de su obra en periódicos y publicaciones de tirada masiva. Sin embargo, fue en el año 1949 (un año antes de su muerte) que daría a luz la única obra por la que se lo recordará, probablemente por siglos, la cual fue escrita entre hospitalizaciones continuas, debido a una tuberculosis contraída a principios de la década del 30, y una vida de indigencia, vagabundeando por las calles europeas, en la París de entreguerra ¿Será lo mismo ser un croto en Champs Elyseés que en las Cuatro plazas? ¿Tendrá otro glamour punguear en la Place de la concorde que en el Parque España? No lo sabemos estimado lector, aceptamos sugerencias al respecto.

George, siempre tuvo una importante militancia y actividad política, lo que lo llevó a luchar en Birmania contra el imperio británico, enfrentarse a los totalitarismos nazi y estalinista, y participar activamente en la guerra civil española. Por supuesto que el totalitarismo capitalista tiene otro glamour, nos hace elegirlo aun a sabiendas de los damnificados que quedan en el camino, porque en el fondo somos todos un poco meritócratas y arrogantes, y queremos vivir en un sistema que nos permita elegir hasta la marca de shampoo que usamos.

En el año 2005, se desclasificaron una serie de documentos que revelaron que durante doce años George Orwell había sido perseguido, investigado y espiado, por presuntos contactos con organismos de izquierda revolucionarios. El Gran Hermano lo vigilaba, verdaderamente, día y noche.

1984, junto a Un mundo feliz de Aldous Huxley (autor reseñado en este humilde espacio por su obra Las puertas de la percepción) y Farenheit 451 de Ray Bradbury, son considerados los pioneros e iniciadores de la corriente llamada distópica. Como contracara de aquellas historias que tratan de mostrar una sociedad ideal, sin conflictos, sin exclusiones, donde cada quien ocupa su lugar y la cosa marcha, las novelas distópicas muestran una exageración de los males sociales, controles extremos, prohibiciones arbitrarias, violencia institucional, etc., y todo eso para mantener un orden desigual y criminal, de poder y de castas. En este marco se encuadra el libro que presentamos el día de hoy.

Que la imagen de Soledad Silveyra, Mariano Peluffo o Cristian U no le hagan pensar que eso es el Gran Hermano. Verdaderamente estamos hablando de una obra literaria de mucha calidad, de un peso y una importancia que crecen con el paso de los años. Bueno, lo del peso nos pasa a todos.

La historia relata un fragmento de la vida de Winston Smith, un hombre de 39 años que trabaja en el Ministerio de la Verdad de Londres, en el año 1984. Contextualizando: en el año 1947, avizorando los regímenes políticos en Alemania y en la URSS, Orwell nos propone una historia futurista, en la que cuarenta años después gran parte del mundo estaría gobernada por un Partido, con una organización social opresora y asesina. Representa un control social tan exhaustivo que la gente tiene miedo de comunicar sus ideas a otras personas, dado que hay una Policía del Pensamiento, que puede torturar, matar y desaparecer por el simple hecho de manifestar no estar de acuerdo con las políticas del Gran Hermano. ¿Exagera muchísimo el autor? El plan cóndor, con sus regímenes dictatoriales y asesinos, en connivencia con ciudadanos de bien, siempre de alta alcurnia, tiene características más que similares a esta obra de ficción.

Todas las calles, edificios, y recovecos de la ciudad están empapelados con carteles gigantescos con la cara de un hombre de bigotes (obviamente) con la leyenda: El Gran Hermano te vigila. En cada casa y lugar público hay una telepantalla, un dispositivo que transmite imágenes y al mismo tiempo te vigila. Esa pantalla no se puede apagar, y desde ahí el Partido adiestra: transmite información, órdenes, actividades físicas, y sobre todo, ve lo que cada ciudadano hace.

El trabajo de Winston en el Ministerio de la Verdad es simple: ante nuevos hechos en lo cotidiano que contradicen discursos previos del Gran Hermano, o datos, estadísticas y proyecciones erróneas por parte del Estado, él tiene que modificar el pasado. ¿Cómo es esto? Winston y otros cientos de empleados del Ministerio de la Verdad sacan de circulación todos los medios que podrían poner en duda la capacidad de gestión del Partido, los modifican, y los vuelven a hacer circular, esta vez, dándole la razón al Big Brother. Día a día se dedican a actualizar el pasado.

Sin caer en ningún tipo de spoileamiento, y por si estas breves líneas aun no suscitaron su entusiasmo por leer este libro y dejar por un rato de chusmear en el Instagram, le contamos que, además, la novela cuenta con una historia de amor. El final allí lo tiene, doscientas páginas después.

Una frase

“Siempre los ojos en acecho y la voz premonitora. Despierto o dormido, en el trabajo y durante las horas de reposo, en casa y en la calle, en el baño o echado sobre la cama, no había forma de esquivar su sempiterna vigilancia. No se era dueño de nada, salvo de algunos pocos centímetros cúbicos de materia gris en el cráneo”. Los lacanianos amarán la referencia a la mirada y la voz, estoy casi seguro.

Para meter en una charla: En esta edición, este segmento cae de maduro: la pregunta a realizar, esta vez por videoconferencia, es ¿Cuál es tu personaje de “Gran Hermano” favorito, de todas las temporadas?

Dato curioso

George Orwell fue un prolífico escritor, que a lo largo de su carrera literaria se destacó por su producción en distintos estilos y géneros. Durante su vida fue reconocido como periodista, con una gran producción de textos de opinión, entrevistas y crónicas. Escribió también algunos volúmenes de poesías, obras de no ficción (al estilo de crónicas, investigaciones, etc.), novelas, ensayos sobre infinitas temáticas, etc. Lamentablemente fue tan potente el impacto que generó con la novela 1984, que eso dejó en las sombras el resto de su obra, de variada calidad.

Texto original: 1984, de George Orwell

+1: Rebelión en la granja es su otro libro conocido, aunque en comparación con 1984, es una alegoría infantil y cursi. Es una fábula en la que todos los animales se organizan para hacer una revolución, pero luego son los cerdos los que toman el poder por sobre el resto de los animales, adoptando metodologías similares a las de los humanos derrocados por la revolución. Ya decía Lacan que una revolución es lo que vuelve al mismo lugar, y eso es lo que grafica zoológicamente esta novela. Lo único bueno de este libro es que inspiró Animals (1977), de Pink Floyd.

Wikipedia: George Orwell

Música

En la industria de la música se llama One hit wonder a todos aquellos conjuntos musicales que tienen un súper mega éxito y luego pasan al olvido estrepitosamente. Empecemos con un pelotazo, Don´t worry, be happy, de Bobby Mc Ferrin. Pareciera ser que jamás compuso otro tema, pero en este puso todo de sí, ya que hizo todos los instrumentos con la boca. I´m too sexy, impresionante tema de los 90 que hemos bailado sin cesar, que fue compuesto y grabado por un grupo llamado Right said Fred. Shockeante. Missing you, un baladón de esos que podemos estribillear a los gritos, es de un señor llamado John Waite. Otro personaje olvidable, Ziggy Marley ("los hijos de" nunca son de fiar) nos dejó un hitazo a fines de los 80, Tomorrow people. Entrados los 90, tenemos este impresionante tema de Coolio, Gangsta´s Paradise. Seguimos con un par más, ya que esto es apasionante y debería ser una columna en sí misma. Tenemos también a los "4 non blondes", con su tema What´s up? Nos vamos despidiendo con Steppenwolf, y su clásico Born to be wild. En Rosario tenemos un ejemplo con Fabián Gallardo con su temazo Esperando por ti. El desafío es que usted pueda nombrar otra canción de alguno de los músicos citados. ¡Buena suerte!

Música +1: El legendario David Bowie era fanático de 1984, y compuso una serie de canciones inspiradas en él: Big brother - We are the dead - 1984.

Cine: 1984, película completa. Le recomendamos cien veces el libro, pero si usted no aguanta, véala.

Documental: Draw my life, 1984 de George Orwell.

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