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Cuando el Sanatorio se convierte en matadero

"Con la salud no se jode". La frase que escuchamos desde la cuna decir a nuestros padres, parecería ser un precepto a mantener siempre, es decir, se puede "joder" con cualquier cosa, menos con temáticas vinculadas a la salud.

En muchas películas y documentales hemos escuchado situaciones en las cuales, no solo que con la salud no se... sino que además se lucra, "y de lo lindo". La industria farmacéutica y de la salud, han exprimido al máximo los beneficios de estar enfermo o por lo menos sentirse de este modo.

Fuera de tanto marketing preparado para aprovecharse del bolsillo del hipocondríaco, no por nada en la jerga popular, apareció la tribu de temerosos de los profesionales de la salud, a los cuales hasta osaron llamar "matasanos". Esto último que parece sacado de algún berenjenal o sainete teatral, bien podemos ubicarlo aquí y ahora en un sanatorio de la ciudad, ubicado en la zona de Pichincha.

Al parecer según cuentan los vecinos, a la pobre alma que la obra social PAMI deriva al sanatorio ubicado en calle Güemes, la espera la parca en mesa de entrada para darle un abrazo y llevársela al Valhalla. ¿Tanto? Bueno, como dijo uno de sus profesionales en un estrictísimo off the record "una aspirina no te va a faltar". Pero si, al parecer un poco de desidia, falta de recursos y profesionales, han convertido lo que era una gran institución médica en el peor lugar en donde uno puede llegar a caer.

Los mismos profesionales en algunos casos no terminales, parecen jugadores de truco haciendo señas como queriendo avisar a los familiares de los pacientes, que se vayan al mazo y repartan de nuevo, pero en otra institución.

¿Será tan así? se pregunta a si mismo este cronista, mientras una voz interna le grita:

-¿y porque no lo investiga o no es periodista usted?
- No "m'hijo", no soy periodista, a mi me gusta contar historias y esta ha pasado demasiado cerca, tanto que agradezco estar vivo para poder contarla.

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