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Cuándo el pensamiento se empobrece: soltar

Hay que aprender a soltar. Supongo que más de una vez oíste a alguien decir esa frase, esa máxima de la sabiduría occidental del siglo XXI.

¿De dónde viene y qué significa? Esa frase, a veces reducida simplemente a un verbo infinitivo (soltar), aplica a muchas situaciones y no resuelve ninguna.

¿Quiénes son esos genios, esos sabios modernos, que quieren enseñarte a ser feliz soltando?

Bucay, Pilar Sordo, Mindfulness, terapias cognitivas, conductistas, espirituales. Hasta el Tarot Terapéutico no paran. A veces todo eso junto. No debe faltar algún psicoanalista al que se le escape la bendita frase.

Estos tipos pretenden que vivas aislado, que no te comprometas con el sufrimiento ajeno, que seas solidario solo si eso nos representa un beneficio. Son cultores del individualismo de modalidad espiritual. Y constituyen el nuevo discurso absolutista de la posmodernidad.

La sabiduría máxima de la actualidad nos enseña que debes aprender a soltar: personas, situaciones, cosas, emociones, etc. que nos hacen mal, para hacer lugar a otras que nos hagan bien. ¿Fácil? Parece que no. Te dicen que tu cerebro está programado para aprender y aferrarse a ciertos comportamientos, seguramente inscriptos a nivel celular. Porque si algo tienen este tipo de discursos fraudulentos es que utilizan groseramente ciertos conceptos pseudo científicos para ganar prestigio.

Entonces, te dicen que uno se aferra y sufre, pero no puede dejar ir (otra forma de decir lo mismo) por temor a la pérdida. Parece que tenés que aceptar la impermanencia de las cosas.

Además, te dicen, nos aferramos a pesar del dolor que eso nos genera, y en parte porque no queremos perder el control.

Y lo más peligroso: llevarte a creer que tus problemas se resuelven solo con más voluntad, más esfuerzo, poniéndose las pilas

Seguramente hay situaciones en las que una lectura apresurada nos permita pensar que una determinada problemática se resuelve soltando. Renunciando al trabajo, separándote, dejando de juntarse con esa chusma, cambiando de religión o de club de fútbol. Quieren llevarte a un punto en el que pensar y proyectar sería lo más fácil y que tus problemas se resuelven solo con más voluntad, más esfuerzo, poniéndote las pilas.

Esto es como llevar a todos lados una caja de herramientas que en su interior solo contenga un martillo. Si hay clavos, clavamos. Pero si hay tornillos o tuercas, no sabes qué hacer.

Por si no te diste cuenta hasta acá: odio esa frase y todo lo que representa.

Otra de las facetas de estas sabidurías de cotillón es la que te ordena vivir el aquí y ahora, porque el pasado ha sido y el futuro aún no es. Con esto creen decir algo trascendental. Pero, ¿De verdad podes pensar que el pasado ya pasó, sin dejar rastros en nuestra actualidad, y que el futuro (y lo que esperamos y tememos de él), aún no es?

Yo, por lo pronto, hay cosas que no pienso soltar. Además, ¿Cómo se construye una identidad, sin aferrarse? Me aferro a ciertos valores, ideas, personas, proyectos. Claro, entonces uno tiene que elegir a qué cosas aferrarse y a cuáles no. Por lo tanto entran en juego los conceptos y la ética de cada uno, en un marco histórico político determinado. Entonces, la bendita frase hecha ya no nos sirve para nada, porque intenta imponer un modelo de resolución a situaciones que no son universalizables.

Desconfío para siempre de todo conocimiento que se nos transmita diciendo “Hay que”

La ética del psicoanálisis te enseña, por el contrario, que no hay posible generalización, que cada caso de alguna forma es el primer caso. Y que si a alguien le hizo bien aferrarse, a otro le hará bien soltar. El saber lo aporta el inconsciente, y no una sabiduría pre-cocida con anterioridad. Además, nos invita a pensar en lo discordante de nuestra subjetividad, aquello que repetimos sin entender por qué. Porque en definitiva, soltar soltamos, el problema es que volvemos a aferrarnos y a enredarnos en situaciones similares a las soltadas.

Para esto, es imprescindible que te tomes el tiempo de pensar y construir tu historia, y poder darle un lugar a las causas que te llevan a tomar decisiones que no comprendes. Y para esto no existe sabiduría enlatada que evite el ejercicio del pensamiento, ni mucho menos el padecimiento que la pasión por no querer saber nada del asunto conlleva.

¡Aprendamos a soltar las frases vacías y estereotipadas!

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