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Crimen y violación en Santa Cruz: ominoso, tenebroso, siniestro

No alcanzan las palabras para definir una brutalidad de la magnitud de lo acaecido en Puerto Deseado. Uno podría apelar a adjetivarlo por el lado de la animalidad, de la bestialidad. Pero no, esto es humano, perfecta y dolorosamente humano.

¿Qué tiene que pasar en la “cabeza” de alguien para llegar a tamaño crimen, tamaña crueldad, la de victimizar a dos personas, haciéndolas espectadoras del sufrimiento de su ser más querido?

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Si hay algo de lo que podemos estar convencidos es que más allá de la locura y la criminalidad que estos individuos (dos o más) lleven consigo, y de los cuales tendrán que responder (ojala, y pronto) ante la justicia, hay una crisis humanitaria de la cual todos somos parte.

¿Cómo podemos pensar esa crisis? ¿Qué elementos tiene?

En las últimas décadas hubo un cambio en la constitución de los lazos sociales, en la construcción de las normas de convivencia no escritas, lo que comúnmente llamamos códigos. Muchos autores, filósofos o sociólogos, llaman a esto “caída de las instituciones”, o “licuefacción de la modernidad” entre otros apelativos más o menos afortunados, para tratar de dar cuenta de las condiciones de sociabilidad actuales. Sin caer en un “todo tiempo pasado fue mejor”, porque mafias, guerras y asesinatos hubo siempre, se puede constatar una destrucción de ciertos parámetros de vida en conjunto, en donde el otro, el semejante, aparece como una amenaza, como un obstáculo o simplemente como un desecho.

Vivimos en una época de odio y desconfianza generalizados. El fantasma de la época es que el otro me puede “cagar”, me quiere “cagar”, y me va a “cagar”. Además, más allá de las fantasías y temores que uno pueda atravesar, se dan situaciones de una contundencia y gravedad inusitadas, impensadas, que de tanta crueldad abruman, angustian y paralizan. Los “casos aislados” se cuentan por semana, los asesinatos por día y los femicidios por hora.

Ominoso. Tenebroso. Siniestro.

¿Hay escapatoria? ¿Les podremos dejar un mundo mejor a los pibes? Difícil, pero como dice Chomsky, si pensamos que no hay esperanza garantizamos que no hay esperanza.

La apuesta es a la construcción de proyectos colectivos para frenar el individualismo mortífero que nos propone el neoliberalismo, para que la vida tenga algún valor, para que no nos gane la indiferencia ante el semejante. Proyectos colectivos para una posible tramitación psíquica de duelos compartidos, de sensibilización ante el padecimiento del que todos somos parte en diferentes medidas.

El individualismo propone un campo de goce que tiene su encanto: cada cual con su celular, cada cual con sus objetitos placenteros, todos pensando que “nadie nos regaló nada”. El problemita es que es inviable, y mata y deja morir a lo que no le sirve. La mayoría de nosotros.

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