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Cosquín Rock tuvo su edición online y estrenó una nueva plataforma

Más de 80 mil personas por día ingresaron en la web. Formaron parte de la grilla más de 70 artistas de diferentes géneros en cuatro escenarios simultáneos. Cielo Razzo y Mamita Peyote, los exponentes locales.

Tal vez no tenga sentido seguir hablando de nueva normalidad. La incertidumbre general sobre cómo vamos a seguir conviviendo con el Covid-19 invita a entender (con todas las modificaciones del caso, día a día) que con lo que cohabitamos hoy, es lo que hay. Y dentro de la industria del entretenimiento y el espectáculo, lo que surgen son propuestas para ver online. Pareciera que no estamos ni cerca de volver a los conciertos presenciales, entonces las opciones van cambiando de forma, según las posibilidades a mano. En ese sentido, Cosquín Rock presentó una plataforma hasta el momento distinta y novedosa. En este contexto, no fue un festival como los que se vieron hasta el momento, ni hablar de que casi ninguno de los shows tenía el carácter de producción casera.

El ingreso fue mediante un registro como usuario y un código que te enviaban una vez que pagas la entrada. Ya dentro, la oferta tuvo ese carácter distintivo de festival online, al menos hasta cómo se vio en este tiempo. Te recibía un mapa interactivo con las diferentes opciones que se puede elegir, desde la compra de merchandising y gastronomía (te llega a tu casa por una conocida empresa de pedidos) hasta los escenarios: Luna Park, La Trastienda, Vorterix y The Roxy. Cuando posabas sobre alguno de estos, se desprende la grilla respectiva con sus horarios.

En cualquiera de los espacios donde había shows, se encontraba un chat general, la opción de generar uno privado –que se mantenía en todos los escenarios- y las diferentes cámaras para seleccionar. Y todo anduvo bien (a excepción de la poca comodidad para ver desde celulares, de hecho, el sitio recomendaba verlo desde una computadora para tener una mejor versión). Algunos horarios, como en todo festival, se superponían. Pero el traslado de pantallas fue dinámico lo que permitió ir de un lado a otro sin inconvenientes. También se respetaron los horarios, incluso con una precisión que mostró algunos rastros de desprolijidad porque el sistema programado está preparado para que el show dure lo pactado. Ni más, ni menos. Entonces ocurrió que si terminaban el show antes se ponía la pantalla en negro, y si se pasaban, se cortaba. Ocurrió con Julieta Venegas, Sara Hebe y El Kuelgue por ejemplo. Dentro de las fallas hay que mencionar que el escenario Vorterix tuvo imperfecciones en la primera jornada, y las transmisiones de ANIMAL, Attaque 77 y Los Tipitos se vieron truncadas. Al respecto José Palazzo –responsable de la marca- declaró en la segunda jornada: “por algunos pequeños inconvenientes técnicos hoy Cosquín Rock programó estas tres bandas de ayer para que puedas disfrutar sus conciertos completos y no te pierdas nada”. Así fue que esos shows se pudieron ver sin problemas el segundo día.

Los shows

2 Minutos rompió la pantalla. Si hay que definir lo que deben sentir los músicos por no poder tocar en vivo, el show de esta banda fue un ejemplo certero. Todo lo que estaba contenido en el cuerpo se exteriorizó y lograron un show agresivo y visceral, una patada en la pera. Se vio gente transpirando, y al no estar previamente grabado, se notó esa adrenalina agreta del vivo aquí y ahora.

En esa línea, ocurre con las presentaciones que son grabadas que no se divisa bien si estás viendo un dvd producido o un vivo, aún más allá de que el material no tenga edición ni post producción. En cualquiera de los casos, lo de Louta fue muy destacado. Un artista todavía con mucho escenario por recorrer, desprende una madurez escénica maravillosa. Y Las Pelotas surtieron efectivamente la no presencia de Germán Daffunchio y Tomas Sussmann, que viven en Córdoba. El resto de la banda grabó todo el set en vivo con las imágenes y pistas como referencia que les enviaron sus compañeros de banda. Y la inserción de las imágenes fue muy certera. Incluso el audio tenía cercanía de un vivo y directo. En “Desaparecido” reemplazaron el “Y donde está Julio López” por “Y donde está Facundo”, reclamando por la aparición con vida de Facundo Castro. Lamentablemente a la misma hora hubo otro de los conciertos que el primer día la rompió. En el mismo instante se proyectaba el show de Vicentico en el Luna Park. Siempre es bueno disfrutar de su rol de cantante y escuchar esas composiciones pop que solo es capaz de construir. Ximena Sariñana (México) explicó cada tema que iba a tocar, pero esas mismas canciones son tan lindas que no importaba el discurso previo. La murga Agarrate Catalina (Uruguay) en formato banda también dio un buen espectáculo. Y desde Rosario –tocaron en Plataforma Lavardén- Cielo Razzo desplegó una certera lista de sus canciones más conocidas.

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Y sobre el cierre Ciro y los Persas mostraron un parámetro exigente sobre cómo entretener a través de una pantalla y brindar un show que sorprenda, emocione y sea distinto. Su ya conocida buena performance como showman, se conjugó perfecto con la utilización de los recursos disponibles. Aprovechó y se dispuso como nadie las luces, cámaras, pantallas y animación. Entiende cómo comunicar tanto que por momentos cuando caminaba por el Luna Park vacío y miraba la pantalla, parecía un show con gente. Guiñaba el ojo y de otro lado alguien se adjudicaba el gesto. Eso, sumado a que la duración del show fue efectiva (muchas veces toca más de tres horas y resulta cansador) y se revistió de una catarata de canciones que sabemos todos, conjugó un espectáculo que será recordado.

En general, tanto el sábado como el domingo no funcionaron los shows de stand up. Sobre todo, porque no generaron nada que no se pueda ver en sus redes sociales o plataformas.

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El día 2 resultó ser aún más maratónico, para ir moviéndose de un lado a otro constantemente. Tuvo a Mamita Peyote –también desde Plataforma Lavardén- como uno de los conciertos de apertura y el chat on line reflejó cómo la banda de Rosario tiene una cuantiosa cantidad de seguidores en otras provincias. El turno siguiente ofreció tres propuestas en el mismo horario que estaban muy bien y se leía como la gente iba pasando de un show a otro constantemente entre El Kuelgue, Zoe Gotusso y Massacre.

Gaia (Perú) demostró un intenso rock con guitarras bien al frente. Y Matamba (Bolivia) un reggae con una onda increíble, que muta en lo que ellos mismos llaman dreadcore. Mostraron un show que, en cuestión de segundos, pasaba del relajo a la agresividad sin pausa.

¿Cómo se interpretará estos en diez años? Preguntó Piti Fernández de Las Pastillas del Abuelo refiriéndose claramente al formato de ver conciertos mientras corría el reloj (el telón del Cosquín Rock on line) descendiendo en segundos antes de que la pantalla esté libre para su show en directo desde el Luna Park. Nos fueron los únicos en vivo, de hecho, dos de los mejores shows de ambas jornadas fueron en directo: Ratones Paranoicos y Turf. Los primeros en formato cuarteto, sin nada de agregados, ni vientos, ni teclado. Clase maestra de rock and roll argentino. Un buen repertorio y tocar bien, no necesitan demasiado para llenar espacios. Y Turf hizo una lista que nadie puede no cantar, estén donde estén. Lookeados con trajes anti virus, largaron con “Voy dejando atrás” y terminaron con “Loco un poco”. Minutos después Vanthra (el proyecto de Fernando Ruíz Díaz) sacaba a relucir una memorable versión de “Perfectos Cromosomas” de Catupecu Machu.

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Casi al mismo momento en diferentes escenarios, Damas Gratis y Rata Blanca. Resulta insólito pensarlo desde la ortodoxia, sin embargo, es destacable que dos emblemas de diferentes géneros musicales convivan en la grilla de un festival. Ambos dieron un gran espectáculo. Pablo Lezcano sin duda maneja los climas con un oficio increíble, y tiene canciones que son infaltables en un repaso de las últimas décadas del cancionero popular argentino. Johana Rodríguez la rompió en “No te creas tan importante” y el final levantó todas las manos en el aire en cuarentena. Rata Blanca tiene una escena majestuosa, que los años de ser protagonista en un género como el metal sin duda consolidaron y logran un audio de perfil internacional.

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Bueno, bueno, gracias”. “Tranquilos che”. Kapanga tenía público en la pantalla y entre tema y tema jugaban con eso. León Gieco, bien íntimo desde su casa. Con “El fantasma de Canterville” habló de Charly. También relató que tocó en muchos Cosquínes. Comenzó con el himno “El desembarco”, luego recordó sus anteriores presentaciones y La Falda Rock. Contó que hace ciento veinte días que está encerrado y que decidió tocar en su casa para no exponerse. Solo cuatro canciones y el cierre con “Solo le pido a Dios”, canción que, como expuso, versionaron muchas personas en el mundo incluyendo a Bruce Springsteen y David Byrne, pero “todos cantan la versión que hizo Mercedes Sosa”. Una remera de ella llevaba puesta y golpeó su pecho fuerte diciendo la querida Mercedes.

Casi toda perspectiva de canciones con más de treinta años o de los últimos veinte. Pero cerraba esta edición de Cosquín Rock virtual –previo a las retransmisiones por fallas técnicas-, Trueno. El pibe que haciendo escuela en el freestyle se metió en la música y hace poco dentro de su disco “Atrevido” en la canción “Sangría” que comparte con Wos grita “somos el nuevo rock and roll”. Tocó con una remera de Jimi Hendrix. Pero se la banca. Un buen show, con Alemán, y la leyenda del hip hop Pedro Peligro (su padre) como apoyos tuvo en “Cucumelo” y “Background”, los mejores momentos, que también son los del disco.

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Público

En total el primer día circularon cerca de 86 mil personas, y el segundo 81 mil. Muchas entraron al mismo tiempo y no ocasionaron inconvenientes en la transmisión. Los chats estuvieron muy activos todo el tiempo y también las redes sociales de las bandas iban reflejando cómo del otro lado de la pantalla, en sus casas, estaba el público presente. Es un sistema entretenido, y tanto la interacción interna como en las casas el WhatsApp, a cada rato preguntaba ¿a dónde vamos? Sin embargo, más allá de que es lo que hay hoy y del disfrute momentáneo, resulta insulso y hasta triste ver dos personas en una habitación mirando una pantalla intentando entretenerse. Los artistas no son ajenos a eso y el público tampoco. Se necesitan, es una retroalimentación constante y primitiva que resulta vital. Tal vez por eso una de las frases que más se repitieron fueron “cuídense”, “los extrañamos”, “esperamos que estén bien del otro lado” y “ojalá nos encontremos pronto”.

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