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Cómo una nota derivó en ciberacoso hacia una periodista

Días atrás una compañera de Versión Rosario publicó una nota donde quedaba en evidencia el maltrato de una veterinaria hacia una clienta. Hoy sufre ciberacoso.

La labor del periodista debe incomodar, se oye con frecuencia. Gran parte de esa afirmación es cierta, ya que uno de los objetivos del periodismo debe ser visibilizar atropellos e injusticias que a diario se dan en la sociedad. Siguiendo esa premisa, Milena Schilman, periodista y compañera de este medio, publicó días pasados una nota donde quedaba en evidencia el maltrato de una veterinaria hacia una clienta. La situación fue tomada de un viral de redes sociales y simplemente fue reproducida, sin ningún otro ánimo. A raíz de esto, la colega hoy sufre ciberacoso constante por parte de la mujer señalada como agresora en la nota que produjo.

Según la definición básica en psicología, el ciberacoso o ciberbullying es un subtipo de bullying indirecto que se lleva a cabo a través de las redes sociales y las nuevas tecnologías. Como en todo tipo de acoso en persona, este tipo de interacción se basa en la emisión de una conducta de forma intencional con el objetivo de dañar u humillar a otra persona. En todos estos casos, la víctima tiene una sensación de indefensión mayor que en otros tipos de agresiones, ya que a causa de las redes el ataque le puede llegar en cualquier momento y lugar, ser visto por todos sus contactos y además, no sabe cuándo se va a presentar ni por parte de quiénes va a producirse. Además, en el ciberacoso o ciberbullying el acosador puede ser anónimo.

Desde 2008, los usuarios de Internet en Argentina están protegidos por la Ley 26.388 contra el ciberacoso, al introducirse los delitos informáticos al Código Penal.

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En el caso que tiene como víctima a Milena Schilman, la veterinaria responsable de las agresiones, a quien se prefiere no mencionar, la amenazó reiteradas veces con el envío de una ficticia carta documento acusándola de haber publicado datos o relatado situaciones que jamás fueron expuestas en la nota periodística publicada en este medio. Como agravante, instruyó a conocidos para que también hostiguen a través de las distintas redes sociales a la reportera.

Por otro lado, se detectaron cuentas falsas, presuntamente creadas por la veterinaria, para acosarla. El ensañamiento es tal que incluso realizó "averiguaciones" y expuso públicamente información referida a otros lugares donde la periodista se desempeña laboralmente. Un colega de otro medio digital de la ciudad también fue blanco de acoso por parte de la misma persona.

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Con la firma, el periodista ratifica en cada nota su responsabilidad por la información publicada y la declaración de buena fe de que el trabajo se realizó con la mayor profesionalidad y transparencia posible. En el medio los apuntados, si los hay, pueden sentirse ofuscados y ahí es donde aparece el derecho a réplica. Esta vez no fue la excepción, el espacio existió. Sin embargo, la réplica de la otra parte se basó en insultos, amenazas y acoso interminable por redes sociales. En este caso y en muchos otros, ¿es justo 'sacrificar' al mensajero?

Para reflexionar, en la sala de espera de la veterinaria.

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