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"Charly García y el cine": un recorrido por su obra desde una perspectiva audiovisual

Escrito por Sergio Luis Fuster y editado por Ciudad Gótica, la publicación constituye una orientación para atravesar la carrera de Charly García cimentada creativamente desde el cine.

Es 7 de Julio del año 1999. Hace frío. A las 19 en FM Latina Sergio Luis Fuster comienza a conducir un programa de radio que lo llama “Estación Cine”, donde la idea es dialogar sobre films y su fusión con diferentes artes. Hablan de Fellini. Pero dos de las primeras palabras que se mencionan al aire son “Charly García”. Pasan los días y Sergio nunca está solo en el aire. Siempre lo acompañan invitados que hacen sus aportes a la causa. La ancianidad y el cine. Cine y derechos humanos. Justicia penal y cine. Historietas y películas. Tantos aportes “no tenían que quedar solamente como parte del aire”, apunta hoy Sergio Luis Fuster.

Entonces ahí aparece la editorial rosarina Ciudad Gótica para concretar que esas palabras del éter queden plasmadas en papel. Así nace la colección de libros Estación Cine, declarada de interés municipal por el Consejo Municipal de Rosario. En 2010 se publica “García de Celuloide”, un libro que sirve como precuela del reciente “Charly García y el cine” –número 24 de la colección-, pero que es otro libro. “Analiza el mismo contexto y se podría considerar el actual como ampliado. Pero se nos fue de las manos la ampliación como para considerarlo una reedición. Tiene capítulos nuevos, fotos en todos los capítulos y otra tapa. Es un pariente lejano, pero es otro libro”, apunta Fuster. De todos modos, hay algo que sí se repite y el autor se encarga de enfatizar: “el cimiento creativo de Charly es el cine”, afirma.

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“Charly García y el cine” es una guía certera sobre el universo musical de García y su evidente -y sobre todo no tan evidente- inspiración con el séptimo arte. “En definitiva, es una orientación de muchas personas que son biógrafos de García y que le rinden homenaje todo el tiempo hacia el ala cinéfila. Gente muy respetada que es la que mantiene vivo el arte de Charly”, dice el autor. De este modo, atraviesa desde los primeros días en Sui Generis, hasta el espectáculo La Torre de Tesla, que funciona explícito en relación a imágenes de grandes clásicos de la historia del cine. “Es docente. Es un gran formador ‘el artista’”, dice Fuster al respecto. “Vos fíjate que hay imágenes que generan inquietud en su multitudinario público, especialmente en los jóvenes. Viendo el ojo rasgado de la película de Luis Buñuel; están viendo imágenes de Stanley Kubrick, ‘Sueños’ de Akira Kurosawa. Decenas de imágenes. Es una exhortación a bucear en el cine de culto. Está haciendo escuela y también admitiendo que de ahí saca su poder de creación, o la extiende de alguna manera”.

Sergio Luis Fuster tiene cincuenta y cuatros años. Es abogado, poeta, escritor y crítico cinematográfico. Nació en Rosario. Todavía conserva los vinilos de Sui Generis que su hermano hacía girar en el viejo Winco familiar. Es con el disco “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones” que descubre el fuerte lazo entre la obra de García y el cine. “Siempre percibí su vínculo con el cine. Su arte sabía a celuloide. Lo descubro en Instituciones y se acentúa en el segundo disco de La máquina de hacer pájaros. Inclusive en cada recital que lo iba a ver, encontraba una atmósfera cinéfila”, dice.

Es recurrente que periodistas, escritores o ensayistas cuenten cuánto tiempo les dedicaron a sus trabajos. En “Charly García y el cine” la sensación es que es un libro que le llevó toda la vida. “Es absolutamente cierto”, afirma, “nunca dejé de escribir. Nunca dejé de pensar. Y fundamentalmente, con mucha satisfacción. Charly García es una persona que a mí me hizo muy, muy feliz. Entonces para mí, esto es el camino de mi vida”.

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En el capítulo del libro dedicado a Pubis Angelical, afirmás que hasta el momento era la banda de sonido mejor compuesta en nuestro país. ¿Todavía pensás eso?

Absolutamente. Y me animo a adivinar de que va a ser muy difícil que sea superada. Es bellísima, en un momento de enorme lucidez y creatividad de Charly. Un momento donde en paralelo saca “Yendo de la cama al living”. Él mismo admite que se sintió muy feliz por las libertades que le dio Raúl de la Torre –el director- para crear. Y que pudo poner mucha música.

A medida que se van citando directores de cine en el libro, se van revelando los diferentes Garcías. El Charly de Fantasía (Disney), el de Tarantino, el de Kubric. ¿Te parece que ese cine influyó no solo en su obra, sino también en su vida?

Jaja… muy interesante. Sí. Cuando algunas calles se iban entrecortando y no le permitían llevar su vida al extremo, ahí aparecían conflictos. El de Kill Gil es un García muy enojado. La primera canción, “No importa”, es terrible. Sus directores predilectos o son obsesivos o son gente que peleó mucho por la libertad. De alguna manera Charly se emparenta con las cosas que han sufrido los grandes directores. Por ejemplo, tomemos a Fellini. Le costó filmar desde la primera hasta la última película. Cuando hablamos de un artista en serio no pueden ser encasilladas o monitoreadas por productores o algo que tenga que ver con los capitales. Eso genera conflicto con la libertad del artista. Y García en ese sentido nunca se conformó con ser alguien monitoreado. Nunca fue domesticado. Siempre fue un rebelde. A su vez supo ser inteligente y evadirse de la zona de confort.

Las fotos que ilustran este texto están incluidas en el libro. Fueron tomadas por el fotógrafo Adrián Lamperti, en el Teatro Fundación Astengo, durante la presentación de Sui Generis en setiembre de 1975.

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