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Catarata de palabras claves en formato de hit

El presidente Mauricio Macri empezó a cerrar su campaña con un acto en el club Banco Nación de Rosario. Versión Rosario estuvo allí para contarte lo que no se vio.

“Para el siguiente número, vamos a necesitar su ayuda. Los del gallinero pueden aplaudir, el resto pueden hacer sonar sus joyas”. Fue la oración que manifestó John Lennon durante la actuación de The Beatles, en la que estaba presente la reina de Inglaterra. En el video de ese día, ante la original frase, se nota claramente como la frase desató aplausos y risas. Lo que no se sabe, porque no se llega a ver, es de qué parte del teatro venían esas palmas y esas carcajadas. Porque el mismo discurso puede surtir efecto divertido en algún sector, y triste en otro. Hay un enorme chiste del humorista gráfico Quino que manifiesta esto mismo majestuosamente, e invita a reflexionar. Está el famoso personaje Vagabundo de Charles Chaplin comiéndose los cordones de los zapatos como si fueran fideos. Y se ven los precios de las entradas que el público pagó para presenciar ese número. Quienes gastaron más ríen a carcajadas. Quienes pagaron un poco menos se sorprenden. Quienes tienen la ubicación de las entradas baratas, lloran.

quino

El operativo ante la llegada del presidente Macri a la zona norte de Rosario, más precisamente en el Club Banco Nación, fue contundente. Varias cuadras cortadas, la presencia de Gendarmería, y personas haciendo cola varias horas para entrar al recinto. Un pibe contra las vallas pregunta dónde queda el Vip. Una señora intenta colarse por donde ingresa la prensa, y su nieto le dice que no, que no quiere preguntar si la dejan pasar por ahí. A lo lejos se escuchan unas trompetas, pero básicamente, reina el silencio. Pasamos los controles e ingresamos. El espacio es una típica cancha de básquet de barrio. Una hora antes del comienzo del acto, ya hay varias personas ocupando sus lugares.

La arquitectura de la propuesta es horizontal. En las puntas del estadio, donde van los aros de básquet, hay dos pantallas que repiten constantemente los spots audiovisuales de la campaña. En el centro hay una tarima cuadrada, símil cuadrilátero, pero sin sogas. Alrededor hay sillas. De un lado de la línea paralela está la platea baja, y arriba de esa misma platea, la popular. Frente a la platea y la popular, en la otra línea paralela, los medios de comunicación, observando toda la escenografía, que de lejos parece horizontal, pero de cerca se desnuda vertical. Llama la atención la primera analogía que se puede hacer con un espectáculo: entradas caras abajo, entradas baratas arriba. Hay música, básicamente hits masticables. Algunas se cantan, otras no. De a poco se va llenando, hasta colmar la capacidad con unas tres mil personas. Comienzan a llegar figuras políticas de Cambiemos, tal el caso de Anita Martínez, o José Corral. Desde la platea baja, por primera vez, cantan ‘Sí se puede’, cuando entra Roy López Molina tirando besos. Los y las septuagenarias se paran, sacan sus celulares, le gritan, lo quieren saludar. Es el ídolo de la tercera edad. El candidato ideal para la heteronormatividad, política y social. Se hace cargo, claro. Le cae perfecto.

Apenas pasada las 18 entran a la popular los vientos. Tocan canciones de manual, sin letra, intentando popularizar todo el ambiente. ‘El negro José’ es la segunda, casi interponiéndose a la primera, que no surte efecto dominó. También dura poco. Cuando se hace silencio, desde la platea baja otra vez arranca el ‘Sí se puede’. Esa letra es fácil, y repite siempre lo mismo. Sobre el cántico de la platea baja, los vientos desde arriba arranca con ‘Olé olé olé’, y nadie de abajo los sigue. Fue el "Olé olé olé" más corto de la historia, y sin protagonistas, sin texto. Sólo las trompetas. Ningún apellido, o nombre se coló en ese "olé". Entonces los vientos enganchan con ‘La bicicleta’. También dura poco, y no tiene efecto, pero el DJ se aviva y superpone la original, la que sí cantan Carlos Vives y Shakira. Y así parecía una metáfora de los últimos años: probemos con algo, si no sale, vamos con otra cosa. Resultó medio fallido el karaoke. No funcionó. Los vientos se callan. Y por los parlantes se escucha ‘Contrabando de amor’, de Los Fabulosos Cadillacs. Esta vez el musicalizador no se avivó, o sí. “Ya te queda poco tiempo, muy poco tiempo dios, muy poco tiempo” reza la letra. Pero tampoco nadie sigue a la canción. Es como si se pretendiera un teatro solemne. Ese que nos hicieron creer que es aburrido, pulcro, casi inhumano. Lleno de pantomimas, pero que no entretiene. Sólo distrae. En contraposición del otro, el visceral, el popular.

Va llegando la hora pautada para el comienzo, y de un momento a otro aparecen en escena y suben al cuadrilátero sin sogas, Ximena García y Federico Angelini. El número preliminar, la banda soporte. Casi repiten oratoria. La canción sigue siendo la misma, con alguna que otra intervención personal. El discurso es repetitivo, como un hit. Hablan del pasado, al que no quieren volver. La platea baja repite fuerte "nooooo". Dicen que el pasado es el camino del falso progresismo, los bolsos del convento, la plata en la rosadita. Califican a las elecciones del domingo 11 como definitivas hacia el futuro. Desde la tribuna baja, la gente acota algunas cosas. Angelini recoge el guante cuando alguien grita "escondían a los pobres", y en tono medio, pausado e incrédulo, como si fuera el "tres empanadas" de Brandoni en Esperando la Carroza, repite "escondían a los pobres". Y nuevamente el convento, la rosadita, el narcotráfico. Y agrega algo más: que fuimos cómplices de Venezuela y Bolivia, y que hicimos negocios con Angola, vendiéndole productos de La Saladita. Pero ahora, si se sigue por este camino, los negocios van a ser con la Unión Europea. "Siiiiiiiiii", se escucha desde la platea. En la popular, no hay reacción, como en aquella imagen de Quino.

El feedback transforma a los oradores a través del ida y vuelta con los plateístas en algo similar a la evangelización. Desde el cuadrilátero se enuncia, desde el público se afirma. Pastores y fieles. Anuncian al presidente. Los hits duran lo que dura un verano. Y en un intento de sostenerse en la cima de los charts, aparecen los remixes. En algunas ocasiones, estos remixes se soportan a base de repeticiones constantes de términos efectivos y palabras claves. Por ejemplo: dinero, bolsos, corrupción, narcotráfico, Europa.

Macri siguió en sintonía, enumerando las mismas cosas que sus compañeros. Los bolsos en el convento, la rosadita, el narcotráfico. Por repetición a veces convencen los artistas y los pastores. El machaque constante de algo y su réplica sostenida desde los medios puede hacer creer en la calidad de lo que se escucha. Ese tema debe ser bueno, porque se repite mucho en la radio. Entre bolsos, narcos y otras palabras claves, uno de abajo grita "el campo". La personificación de lo abstracto también resulta maravillosa. Otro hit. Dura poco también la exposición del presidente. En menos de media hora, metió todas las canciones conocidas. Y a otra cosa mariposa. Casi al final, cuando el pastor mayor remató con un "que dios me ilumine", arriba, en la popular, ya quedaban pocas personas. Pero abajo, los de las entradas caras, seguían contestando.

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