Entretenimiento | Maia Basso | José Pedroni | folclore

Bebe tu mal, sencillo doble de Maia Basso que resignifica la estética del folclore argentino

"Mamá angustia" y "Cajita de música" son dos canciones nacidas de poesías del escritor santafesino José Pedroni. Más de cuarenta años después, la artista local Maia Basso configura una resignificación acompañada de una propuesta audiovisual impactante.

Suenan “Mamá angustia” y “Cajita de música”. No solo suenan, también se ven las imágenes que conforman el clip de casi diez minutos que une las dos canciones. Ingeniosa manera de presentar un sencillo. Las imágenes son simples pero tienen un cuidado estético extraordinario. En el combo que forma con las canciones, el resultado es hipnótico. Letra y melodía tienden una trampa. Te atrapan. Pero no en formato de hit. No son las típicas canciones que se te pegan y no podés parar tararearlas. No. En ese caso, lo digerible pasa por lo misterioso. Aunque explícita, hay algo oculto en la poesía; la voz de Maia y la musicalidad que ella le presta, potencian la oscuridad. Y hacen amable algo que no lo es.

A priori, esos mundos estéticos que une Maia Basso en estas canciones con su música y las imágenes, son polos separados. Aunque se descubren no necesariamente opuestos. Porque acá están, engalanando la cultura. Sin embargo, “no tiene nada que ver con nada”, dice Maia. “Podría haber sido más fácil recurrir a una estética más telúrica, pero para mí era necesario generar algún recurso que lo saque de ese lugar”, refuerza.

Maia conocía la obra de José Pedroni, aunque no lo hubiera leído demasiado porque, en su casa, la poesía que más encontró de niña fue la de Juan L. Ortiz. También allí se escuchaba a Jorge Cafrune, Mercedes Sosa y Los Olimareños. Entonces, cuando Valentín Prieto del sello Polvo Bureau llegó con la propuesta de asociación, más allá de su formación inicial en la música de la mano del rock y de navegar hace tiempo en el pop, no le resultó del todo ajeno el mundo en el que tenía que inmiscuirse. Motivados por la edición de un libro que recopila poetas santafesinos y lo toma a Pedroni como el padre de esa poesía contemporánea de la región, fue que Prieto y Basso comenzaron a investigar sobre la relación de este con la música. Y dieron con, precisamente, Cafrune y Sosa. El primero grabó “Mamá Angustia” en 1973 y Mercedes Sosa “Cajita de música (Cuando estoy triste)” en 1975. Ambas canciones basadas en poemas de Pedroni. Y esas músicas estaban en la infancia de la artista que hoy las reinterpreta.

“Estas dos canciones me llevan al contexto de mi casa, en la infancia. Y particularmente a mi vieja que estaba más relacionada a la música y a lo folclórico porque le gustaba mucho cantar”, revela. Los padres de Maia militaban en Montoneros. Se conocieron en la Rosario post dictadura. Ella venía de estar seis años presa en Devoto. Él estuvo detenido en La Perla y luego se exilió en Brasil, Italia, México y volvió al país cuando agonizaba el gobierno militar y era posible el regreso. Se conocieron trabajando en el diario Democracia, “un diario que armaron los monto cuando vuelve la democracia”, refuerza Maia. Después de un tiempo se casaron y se fueron a vivir a Rufino, de donde era el padre. “Allí eran dos bichos raros”, describe Basso.

¿Porqué?

Mi mamá era una persona muy especial, muy amorosa, entonces hizo muchos vínculos. Pero le costó mucho, porque fue como otro exilio para ellos volver a Rufino. Para mi papá volver, y para mi vieja irse a un pueblo. Ella era de Rosario. Pero estaba complicada la cuestión, mi viejo estaba bastante relacionado con el caso Cambiaso y Pereyra Rossi. Entonces decidieron irse a Rufino, porque mi vieja estaba embarazada de uno de mis hermanos.

¿Y vos qué recuerdos tenés de Rufino?

A mí en Rufino me pasaba que en ningún lado estaba tan cómoda como en mi casa. No me sentía muy comprendida. Y más de adolescente, cuando empezaba a pensar políticamente. Siempre encontraba muchas diferencias, sobre todo en la idiosincrasia del pueblo alrededor de la cuestión política. En el colegio, con las profesoras. Había discusiones que siempre terminaban en “claro, porque Basso es hija de los subversivos” y cosas por el estilo. Era bravo, imagínate que las maestras eran maestras que le habían dado clases a mi papá y lo conocían. Era todo el tiempo estar defendiendo lo que pensaba, pero también disimulando un poco. Entonces, en ese sentido, mi casa para mí siempre fue un refugio regroso.

LINK VIDEO: Maia Basso - Bebe Tu Mal (Video Oficial)

Luego puntualiza que su casa siempre fue su mejor escuela, sus mejores amigos, donde podía desarrollar la pasión. “De hecho, mi relación con la música tiene que ver con eso. De chica me mandaron a piano, ni siquiera creo que lo elegí, pero me gustaba, me encantaba”. Así fue que entre poesía, folclore y política, fue concibiendo su investidura en la vida y, en paralelo, en el arte. Al punto de que exterioriza que, habiendo fallecido su madre cuando ella era chica, nunca tuvo que revelarse contra su viejo.

La fusión de estilos que a priori se podría imaginar entre lo electro pop y el folclore, no es evidente ni rotunda. Directamente no está manifiesta. Y hay una explicación. Maia Basso no se siente identificada con el folclore electrónico. “No partí desde querer transformar un género. Yo hice lo que hago siempre: tomé la melodía, tomé la letra. Y lo que estaba lo hice mierda porque son mis temas, no podía hacer otra cosa”, explica.

¿Cómo pensaste el concepto total, canciones y video?

El folclore para mi es re oscuro. Ya de movida hay algo que estéticamente me parece oscuro en un gran sentido. Y esa oscuridad me revelaba esos personajes –que aparecen en el clip-. Me pasó que necesitaba ponerle ese halo oscuro pero con algo más nuevo, mas mío. Por eso esa historia extraña que sucede entre los dos personajes del video donde hilé la historia de los temas. Dos mujeres que están en una contradicción gigante, que para mí esas historias son re contradictorias. Lo podés entender y mantener las cosas en contexto, como dos poesías de hace cincuenta años. Pero si las estoy cantando hoy, necesito resignificar algo de eso. De esa mina que está amamantando y está llorando detrás del tipo que se gasta la plata escabiando. Nadie quiere eso para su vida.

Maia en paralelo está grabando su disco solista, por ende, le parecía raro cantar canciones con letra de otra persona. “Siempre canté lo que yo escribía, para mí siempre fue primero la poesía y luego la música. Entonces fue extraño. Se me presentó otro mundo en el que yo no me había metido”. Para ingresar, la convenció Valentín Prieto, apunta. Y se nota que a pesar de tener muy claro lo que quiere, son importantes las personas que la rodean. Cuenta que a Diego Costa, el productor de Buenos Aires con el que coprodujo, no lo conocía y trabajó muy bien. Habla de Francisco Holzmann que masterizó las canciones en Estudios Clio Mastering (Santiago de Chile). También menciona que siempre trabajó con Ignacio Espumado y lo sigue haciendo porque le encanta, y que para este proyecto salió de esa zona de confort. Y también habla de Clarita, “que es mi socia de la vida”, dice. Se refiere a Clara Sabetta, su compañera de la banda Agua Viva, que se encargó del arte y diseño en el clip. Además, también, de la locación. “En una casa donde abajo estaba la panadería de su abuela, una casa bien antigua, grabamos todo, en dos semanas”, detalla.

Confiesa que no tenía ninguna pretensión, y “cero expectativas” con este proyecto. Y que además de descubrir algo nuevo que le gusta hacer (interpretar canciones de otros), le llegaron un montón de buenas devoluciones que, resulta, la sorprendieron un montón. Pero no descubrió sólo eso. Maia recién ahora se acordó que su padre tenía una banda de rock entre 1976 y 1977, “cuando se fue a estudiar a Córdoba, y le duró muy poco porque al toque lo chuparon, pero también fue músico”, recuerda. Y al escuchar el material su hermano Juane le contó que su madre tuvo un grupo con el que cantaba en algunas peñas en la Rosario postdictadura, luego de salir de la cárcel. Y, vaya genialidad de la línea temporal, “Cajita de música” estaba dentro del repertorio. Tal vez lo cierto es que “Bebe tu mal” es una obra que programó el destino.

Dejá tu comentario