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"Basta de matar a nuestros alumnos", una súplica repetida y no escuchada

En 2015, un grupo de docentes alertó que estaban matando a sus alumnos. Crearon una comisión para poder recuperar las historias de los chicos. Cuatro años más tarde, los casos se siguen repitiendo. Hoy la catarsis la hace Pablo Rid, docente de Luca Radimak, asesinado este lunes.

Un flagelo silencioso empezó desde el 2013 a alertar a los docentes de las escuelas rosarinas. Veían cómo sus alumnos empezaban a aparecer en las crónicas policiales. Muchos pupitres quedaban vacíos producto de una violencia sin control en las calles periféricas de la ciudad. "Nunca nos había pasado esto", reconocían, angustiados, los profesores con más años dentro de las aulas.

La preocupación se transformó en acción en 2015 cuando un grupo de docentes de Amsafe Rosario decidió crear una comisión de trabajo bajo el lema “basta de matar a nuestros alumnos”. El disparador fue un relevamiento estadístico en el que se detallaban los casos de menores de edad asesinados en las calles de la ciudad. “Advertimos que muchos de los pibes que mueren en los barrios vulnerables de la ciudad son alumnos de nuestras escuelas. De ahí que empezamos una investigación de campo para saber quiénes eran esos chicos y cuáles eran sus historias”, explicaba por aquel entonces Claudia Rivas, integrante de la comisión directiva de Amsafe Rosario y de este grupo de trabajo.

Los objetivos, contaba Rivas, era el de “poder historizar sobre estos pibes para que no queden como un número estadístico más”. “Hay que armarle la historia a este chico, de dónde viene, cuál era su familia, hablar con sus maestros de escuela”. El denominador común en todos los casos era la procedencia geográfica: las precoces víctimas vivían en barrios periféricos.

Rivas admitía la “desgarradora” sensación de saber que “en cualquier momento" algún alumno no iba a volver al otro día”. “Nos sentimos solos y muy demandados. Estamos hablando de nuestros alumnos, de pibes que son parte de nuestras vidas. La realidad nos sobrepasa", pedía ayuda a los gritos.

Algunos casos se visibilizaron en los medios de comunicación. Lisandro Rodríguez Rossi, docente y pedagogo social, ayudó a un grupo de chicos de una escuela de Empalme Graneros a formar una banda de hip hop. La muerte se ensañó con su mejor alumno. Ariel Ávila (15 años) fue acribillado por soldaditos de un búnker en febrero de 2014. “Estos chicos se criaron en barrios en riesgo, tuvieron una infancia terrible. Ariel encontró la música, era su forma de desahogarse. Él explicaba que le cantaba a sus amigos que estaban perdidos por la droga. Pero así y todo lo mataron”, maldecía el docente.

Adrián Gómez trabaja desde hace quince años en la Escuela N° 456 de Empalme Graneros, establecimiento primario al que asistió David Moreira, el joven linchado en marzo del 2014 en barrio Azcuénaga. “Cuando ocurrió el crimen y me enteré de que había pasado por este establecimiento empecé a buscar información para poder reconstruir su historia. Me puse en contacto con todas sus maestras y empecé a indagar. El resultado fue muy gratificante. Me encontré con relatos maravillosos sobre David. Las voces hablaban de un chico alegre y siempre predispuesto a cumplir con sus obligaciones”, contó en contacto con algunos medios.

Un nuevo caso

Luca Radimak tenía 19 años y fue asesinado este lunes por la noche en el llamado Cordón Ayacucho de barrio Tablada. Lo ejecutaron con saña de varios disparos. Poco se sabe por el momento del crimen. Pero gracias a Pablo Rid, uno de sus docentes, hoy se conoce algunos retazos de la historia de Luca. El profesor publicó una emotiva despedida en su cuenta de Facebook. "Yo soy docente. Su docente. No pudimos. Se nos escapó. Fallamos" se lamentó.

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