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Anthony Burgess, La naranja mecánica (1962)

Escritor y compositor inglés, quién realizó una prolífica obra literaria y musical, siendo generalmente conocido por la novela A Clockwork Orange, la cual se hizo famosa por la película homónima de Stanley Kubrick en 1971.

Imagine, estimado y desconocido lector, que un día un matasanos agarra y le dice: Antonio (supongamos también que usted se llama Antonio): le quedan seis meses de vida.

Eso, así tal cual, le pasó a Anthony Burgess, cuarenta años antes de morir.

De familia de músicos y artistas, Anthony desde pequeño tenía vocación y talento hacia las expresiones artísticas. A sus 18 años compone su primera sinfonía.

Transcurre sus primeros años dedicándose a la docencia, en universidades y en el cuerpo del ejército británico. Su actividad universitaria era su principal interés e ingreso económico. En sus ratos libres tenía como hobby, la escritura y la composición musical.

En el año 1959 sufre un desmayo en una clase que estaba dictando en Malasia. Le diagnostican un tumor cerebral inoperable, con un pronóstico contundente: seis meses de vida.

El tipo tenía 42 años, y era un bohemio. Vivía austeramente con su sueldo de profesor universitario. Entonces toma una decisión: comenzar a escribir novelas para dejarle como herencia a su mujer los derechos de autoría de los dos o tres libros que fuera editando antes de morir. Claro que el pronóstico no fue totalmente preciso: murió en el año 1993, 34 años y 50 libros después. Qué gran cosa la medicina! Algunos dicen: Lo curó la expresión artística, la creación, la producción literaria. Yo diría: lo que lo curó fue que no tenía ningún tumor! Quizás sufrió un desmayo porque le bajó la presión, porque estaba deshidratado, o a lo sumo tuvo una crisis histérica…

Su libro más conocido, el que virtualmente nos reúne hoy, fue escrito basándose en un incidente de su vida personal: en el año 1944, cuatro marines desertores estadounidenses golpean, roban y abusan de su mujer, quien estaba embarazada. La violencia del hecho le provoca un aborto, y una serie de secuelas psicológicas difíciles de sobrellevar.

Unos años después, comienza a escribir esta novela que habla sobre el libre albedrio, la maldad, los valores, pero también sobre el poder y las manipulaciones de las que somos víctimas, siempre por nuestro bien y el bien del cuerpo social.

En manuscritos encontrados recientemente (ver +1) se encuentran algunas reflexiones sobre el título del libro. Burgess dice haberlo escuchado por primera vez en un pub, de parte de un anciano, quién refiriéndose a alguien decía: “Es más raro que una naranja mecánica”. Luego de eso el escritor comienza a escuchar varias veces la misma frase, siempre de parte de personas mayores, y se obsesiona con utilizarlo como título de algo, pero sin saber exactamente de qué. Siempre que lo escuchaba sabía que se referían de alguna forma a la locura, quizás utilizando la imagen de una naranja mecánica en referencia al cerebro. Por otra parte, otra referencia (probablemente más oficial) nos habla de esta especie de mutación que intentan hacer con Alex: mediante un tratamiento, un ser vivo (la naranja) responde mecánicamente a un estímulo (el mecanismo de relojería, o clockwork).

Además de profesor de literatura inglesa, tenía profundos conocimientos de lingüística y filología. Hablaba de corrido malayo, ruso, francés, alemán, español, italiano y japonés, además de inglés, obviamente. Comprendía y leía hebreo, chino, sueco y persa.

En el año 1993 murió de cáncer de pulmón.

Algunos de sus libros editados en español, que son relativamente fáciles de conseguir, y altamente recomendables, son: El doctor está enfermo, Poderes terrenales, Sinfonía napoleónica, Trémula intención, Las mujeres romanas de Beard, Hemingway, entre otros.

Algunos fragmentos:“Sí, sí, sí, eso era. La juventud tiene que pasar. Ah sí. Pero en cierto modo es como ser un animal. No, no es tanto ser un animal sino ser uno de esos muñecos malencos que venden en las calles, pequeños chelovecos de hojalata con un resorte dentro y una llave para darles cuerda grr grr grr y ellos itean como si caminaran, oh hermanos míos. Pero itean en línea recta y tropiezan contra las bolsas, bang bang, y no pueden evitar hacer lo que hacen. Ser joven es como una de esas malencas máquinas”.

“Y yo pensé, infierno y basura, si ustedes bastardos están del lado del bien, me alegro de pertenecer al otro club”.

“Te han convertido en algo que ya no es una criatura humana. Ya no estás en condiciones de elegir. Estás obligado a tener una conducta que la sociedad considera aceptable, y eres una maquinita que sólo puede hacer el bien. Comprendo claramente el asunto… todo ese juego de los condicionamientos marginales. La música y el acto sexual, la literatura y el arte, ahora ya no son fuente de placer sino de dolor”.

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Para meter en una charla: ¿Cuántas veces pensamos que los humanos somos adiestrables, como animales, y pretendemos programarlos y educarlos para que sean como nosotros, los bienpensantes? De ahí al pedido de mano dura hay dos cuadras.

Dato curioso: En el mundial de 1974, la selección de Holanda tenía un juego tan revolucionario tácticamente y de tanta belleza que se la conoce históricamente como “La naranja mecánica”. Ese mundial, por supuesto, lo ganó Alemania.

+1: Luego de renegar del éxito de la película de Kubrick, y teniendo que pasar gran parte de su tiempo dando entrevistas y aclarando que era un pacifista y estaba en contra de todo tipo de violencia, entre los años 1972 y 1973 escribe un libro (que lamentablemente queda inconcluso) titulado “The clockwork condition” (El estado o condición del mecanismo). Según sus editores, su publicación dará una nueva luz a la controversia entre Burgess y Kubrick.

Texto original: La naranja mecánica.

Música: Aprovechemos este tema antes de que lo terminen de censurar: 1, 2, Ultraviolento, de Los violadores. Todo muy deconstruido. Corría el año 1985 y estos verdaderos punks, en todo el sentido de la palabra, sacaban este hitazo, basado en la película La naranja mecánica, que reseñamos hoy día. Un fragmento de la letra reza “¿Y ahora qué pasa, eh?” que es una frase que Alex (protagonista de la historia) en repite en distintas escenas. “Nos quieren transformar, no lo lograrán”. Es un himno.

Cine: La naranja mecánica, dirigida por Stanley Kubrick en el año 1971 y protagonizada por Malcolm McDowell. A esta altura un clásico, inútil reseñarla. Pero para algún caído del catre: No podés seguir viviendo sin ver esta película. El dato que quizás no todos conocen es que Kubrick al leer el libro original queda muy conmovido y decide hacer una película, pero con un toque que le haría ganar el enojo de Burgess: decide no incluir en la película el capítulo final del libro, en el cual el cierre de la historia es un poco más optimista, y hasta casi moralizante. Cuenta la historia que en realidad el primero en hacer tal recorte del último capítulo fue un editor de la ciudad de Nueva York, y en esa edición se basó el Director. Dicho capítulo omitido, el número 21, contaba la transformación hacia la adultez del joven Alex, quien aburrido de la violencia comienza a emplear su energía e inteligencia para la creación, y no ya para la destrucción. Burgess cuando recordaba la importancia que tuvo esa película, opacando el resto de su obra, al mismo tiempo que dejaba de lado el mensaje que él pensaba transmitir, utilizaba una frase sugerente: “La vida, por supuesto, es terrible”.

Wikipedia: Anthony Burgess

Documental: La historia detrás de La naranja mecánica. Documental sobre la producción de la película, los actores, los caprichos de Kubrick y su relación con el libro original.

La Historia detrás de... "La Naranja Mecánica"

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