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A los tiros, como el mercado manda

En Estados Unidos (¿dónde sino?) hubo dos tiroteos en menos de 24 horas el mes pasado y un hecho similar ayer. Estas noticias conmocionan siempre, pero a esta altura, a nadie le sorprenden.

¿A quién puede sorprender este nuevo hecho en Texas? En el país de la guerra permanente, de la fomentación del individualismo a ultranza, del mercado como único garante de sociabilidad, de la exclusión, de la sobreadaptación por vía del consumo, pasan estas cosas.

En el año 2016, en plena campaña electoral, el actual presidente de los Estados Unidos tuvo una declaración más que pertinente: “Podría disparar a la gente en la quinta avenida y no perdería votos”. La maquinaria en su máxima expresión: donde hay fuego, arrojar nafta.

Las compañías de fabricación de armamentos (principalmente formadas por capitales yanquis, ingleses e israelíes) conforman un conglomerado que genera ganancias que ascienden a billones de dólares por año. Se cuenta entre las industrias “legales” de mayor envergadura a nivel mundial, junto a las farmacéuticas, las petroleras, los medios de comunicación y las entidades financieras. Se suman a estas las economías ilegales (que conforman un conglomerado con sus zonas grises en el medio) donde se cuentan principalmente la producción y venta de drogas ilegales y la trata de personas.

La ecuación es de una complejidad absoluta, y sin embargo es fácil entrever los resultados. Vivimos en un sistema global dominado por las corporaciones, dentro de las cuales una de las tiene que mayor peso es la armamentística.

Vivimos en un sistema global dominado por las corporaciones, dentro de las cuales una de las tiene que mayor peso es la armamentística

En Estados Unidos por un lado se intenta mantener una guerra permanente, interna y externa, para aumentar exponencialmente los presupuestos de defensa, al mismo tiempo que se procura lograr que cada persona tenga en su casa al menos un arma. Todo esto fogoneado permanente e incesantemente por los medios de comunicación, logrando niveles de paranoia y odio cada vez mayores, teniendo siempre a mano un enemigo muy bien constituido, el malo de la película. Fueron los rusos, los chinos, los musulmanes, los mexicanos.

En esta sociedad de odio y exclusión, periódicamente aparece un inadaptado que, con armas de guerra en su poder, dispara, hiere y mata a los ciudadanos de a pie en la vía pública: supermercados, cines, bares, escuelas. ¿Inadaptado? Quizás sea la muestra la producción de subjetividad de la época en su máxima expresión: aquel que encarnizó todos los valores que le transmitieron, sin la posibilidad de establecer una barrera para encausar las emociones agresivas de otro modo. Aquel que visualiza la peligrosa imposibilidad de establecer relaciones basadas en la ternura, que es el fundamento básico de nuestras relaciones interhumanas, ineludible para la vida en sociedad.

Individualismo y consumo como pilares de la vida, armas sin restricciones, discursos del odio a la orden del día. Pasen y vean: This is América.

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